¿Malestar emocional o enfermedad mental?
José Manuel Granada
24 Julio 2024
¿Y si no es tal la controversia?, si se plantea esta dicotomía se persiste en categorías excluyentes y no en un continuum, que la experiencia nos muestra, de síntomas y emociones que manifestamos las personas, en función de múltiples determinantes, tanto externos como internos, tanto de nuestra psique como de nuestra biología.
El crear y nombrar categorías obedece más al positivismo, al tratar la enfermedad mental como otras patologías orgánicas, que aparecen bien definidas y a las que corresponde un tratamiento, farmacológico las más de las veces, que no da pie a discusión alguna.
El gran esfuerzo investigador que ha hecho en las últimas décadas la industria farmacéutica ha sido monetizado extendiendo sus indicaciones más allá de la evidencia, con una inflación de tratamientos con psicofármacos de circunstancias asimiladas al malestar emocional y las que no se les busca otras estrategias terapéuticas.
También las administraciones sanitarias han invertido en salud mental, aunque más bien debería decirse en enfermedad mental, ya que el esfuerzo económico persiste en reforzar profesionales y recursos para ingresos y tratamientos, es decir, un discurso único de que faltan profesionales de la psiquiatría, de la psicología clínica, de la enfermería especialista en salud mental y, en menor medida, del trabajo social y de la terapia ocupacional, por este orden y sin nombrar otras categorías profesionales que tienen mucho que decir en diferentes abordajes de los malestares y enfermedades mentales.
Es decir, seguimos tozudamente optando por desarrollos que se han visto ineficaces, cuando no iatrogénicos, y son anecdóticas las experiencias que planifican pensando en la prevención, en la búsqueda del bienestar emocional a partir de trabajar sobre los determinantes sociales y políticas de reducción de la desigualdad.
La salud mental y el bienestar emocional, se juega mucho antes de que se precise un diagnóstico y un tratamiento, ahí es donde se deben hacer intervenciones importantes. Por supuesto que hay patologías graves, y que son mejoradas con tratamientos farmacológicos, pero estos no se benefician de una hiper utilización de los mismos, y por supuesto no excluyen otros abordajes ni a otros profesionales no prescriptores.
Mantenerse en políticas de consulta externa y camas de hospitalización es anacrónico e ineficaz, a la vez que quita el foco de la intervención preventiva, lo cual es muy grave, cuando la evidencia (esa a la que tanto hacen referencia los profesionales más biologicistas) nos dice de la importancia de la actividad física y el deporte, de las redes de apoyo, de políticas de integración social, entre otras estrategias, para conseguir una sociedad con mayor bienestar emocional y que acompañe y acoja mejor a personas con enfermedad mental.
Este cuestionamiento deja entrever que se deben realizar múltiples debates en este momento histórico, en el que tenemos la mayor inversión en salud mental, el mayor número de profesionales trabajando en recursos y, según parece, la peor salud mental en nuestra sociedad. Esta paradoja, nos debería lanzar de manera inexcusable hacia ese debate, pero curiosamente, apenas se habla de esto y se persiste en lo que no ha dado resultado.
Hay que debatir sobre el modelo asistencial, cómo se diseñan y dotan los recursos que tenemos, ¿son adecuados los lugares de ingreso en los hospitales generales?, ¿cómo es el paso por urgencias de personas en crisis?, ¿hay una atención comunitaria?, ¿cómo se conectan los diferentes ámbitos asistenciales?, ¿y cómo se conecta lo sanitario, con lo social, lo educativo, lo judicial, etc.?, ¿hay un trabajo en red?, ¿se interviene sobre desigualdades, sobre determinantes sociales?, ¿se facilita el ejercicio físico y el deporte?, ¿se promociona el mismo como respuesta a malestares emocionales?, ¿se promueven las redes de apoyo mutuo?, ¿se contempla la participación del usuario en sus procesos asistenciales?
Si en lugar de estas preguntas seguimos enredados en la falta de profesionales para intentar hacer más de lo mismo… perderemos oportunidades históricas de aprovechar la preocupación que hay por el asunto de la salud mental en la sociedad y en sus mandatarios.
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