Calostro: el oro líquido que no siempre fue tan preciado

María García-Magán

16 diciembre 2024

El calostro —conocido popularmente como oro líquido por sus magníficas propiedades— es un fluido denso, de color amarillento, que la madre produce los siguientes tres o cuatro días tras el parto, antes de la llamada “subida de la leche”. A pesar de que su composición es diferente a la leche materna madura, la evidencia científica destaca sus incuestionables beneficios tanto para la salud del recién nacido como de la madre. Es por ello que organizaciones como la OMS y UNICEF recomiendan encarecidamente que la lactancia materna se inicie desde la primera hora de vida (incluyendo, por tanto, el calostro) y se continúe a demanda, al menos, durante los seis primeros meses del bebé.

Sorprendentemente, y a pesar de sus indiscutibles beneficios —especialmente, a nivel inmunitario—, el calostro no siempre ha sido tan apreciado. Incluso en la actualidad, en países como Pakistán o la India, sigue existiendo una evidente desinformación a nivel popular, por lo que muchas de las nuevas madres (hasta el 66,4% en las zonas rurales de Bihar, en la India) desechan este preciado líquido, debido a diversas creencias populares, supersticiones y dogmas religiosos. Curiosamente, esta práctica también se llevó a cabo en nuestro pasado, tal y como nos informan algunas de las fuentes históricas que han sido conservadas hasta nuestros días.

El tratado Ginecología, del médico griego Sorano, resulta la mejor fuente literaria para el estudio de la lactancia materna durante la Antigüedad. Sorano, que vivió a caballo entre los siglos I y II d.C. —durante el periodo de dominación romana del Mediterráneo oriental—, escribió su obra con el objetivo de recoger las funciones de las matronas e incluir toda una serie de recomendaciones para su ejercicio en la atención a las embarazadas, parturientas y puérperas. La importancia de este tratado es indiscutible, ya que constituyó el manual de referencia en relación con la Obstetricia y la Ginecología hasta la Edad Moderna (razón por la que, al contrario que otros muchos tratados médicos del pasado, se ha conservado hasta nuestros días).

En cualquier caso, a pesar de que podamos apreciar los beneficios para la salud de algunos de los consejos que Sorano expone en su obra —como, por ejemplo, la realización por parte de la matrona de un primitivo “test de Apgar” tras el nacimiento del niño (Sor.Gyn.2.10)—, lo cierto es que muchas otras de sus recomendaciones carecen de evidencia científica en la actualidad e incluso se puede intuir su potencial nocivo para la salud. Este es el caso de algunos de sus consejos en torno a la lactancia materna, pues el griego recomienda que a los recién nacidos se les deje en ayunas durante los dos primeros días (Sora.Gyn.2.17) y que se les evite administrar lo que el médico califica como “la primera porción de la leche materna” (Sor.Gyn.2.18) —es decir, el calostro. Tras este ayuno, el médico también aconseja que, durante los primeros veinte días de vida del recién nacido, se cuente con los servicios de una nodriza, argumentando que, durante este periodo de tiempo, la leche de la madre “es insalubre, por ser demasiado espesa, caseosa y, por tanto, difícil de digerir” (Sora.Gyn.2.18). En caso de que no se pudiera disponer de una nodriza, Sorano recomienda alimentar al recién nacido con miel o una mezcla de esta sustancia con leche de cabra.

Sea como fuere lo cierto es que, en la actualidad, los investigadores se preguntan hasta qué punto estuvieron arraigadas estas prácticas y en qué medida pudieron influir en la tasa de mortalidad infantil de las sociedades del pasado, ya de por sí muy elevada por muy diversos motivos. En cualquier caso, si bien ya no podemos intervenir en las decisiones de los sujetos del pasado que, como hemos visto, pudieron estar fundamentadas en los consejos de las autoridades médicas de su época, resulta imprescindible que actuemos en aquellas zonas de nuestro planeta en las que, en la actualidad —como ya hemos comentado— se siguen perpetuando patrones de conducta basados en la desinformación, que pueden acarrear funestas consecuencias en la salud de los individuos y sus comunidades.