A orillas del bienestar: Una reflexión sobre el agua que nos rodea

Carlos Navas-Ferrer y Concha Germán-Bes

22 de abril de 2025

“Aunque en Aragón no tenemos costas, sí se puede navegar a través de nuestro particular mar interior, el río el Ebro”

 

El agua ha sido, desde tiempos remotos, un símbolo universal de vida. Su presencia ha marcado profundamente la historia y las culturas humanas. Desde la Prehistoria, ríos, manantiales y fuentes han estado vinculados a espacios sagrados y rituales dedicados a lo divino. En tradiciones como el cristianismo el agua representa la vida, la purificación y la gracia de Dios. El Bautismo, de hecho, es el sacramento que marca la entrada de una persona en la comunidad cristiana.

 

Más allá de su dimensión religiosa, el agua también ha tenido un papel central en la vida social. Pozos, lavaderos, aljibes y fuentes fueron durante siglos puntos de encuentro en los pueblos y ciudades, especialmente para las mujeres. Por su importancia, estos lugares se cargaron de simbolismo y mitos.

 

Hoy, en un contexto marcado por la urbanización, el cambio climático y la preocupación por la sostenibilidad, conviene recuperar esa mirada integral sobre el agua. Este artículo propone reflexionar sobre nuestra relación con el agua y los ríos que forman parte de nuestro entorno cotidiano. Nos referimos a los baños en el río, los paseos por sus orillas y el uso cotidiano del agua. Buscamos comprender cómo el agua influye en la salud y fomentar el respeto por el ecosistema fluvial.

 

Un poco de historia del río Ebro

 

Durante la época romana, en la ciudad de Caesaraugusta (actual Zaragoza), ya existían infraestructuras para la gestión de aguas residuales, que desembocaban en el río.

 

En 1926 se creó la primera Confederación Hidrográfica de España, precisamente en el río Ebro. Además, durante el siglo XX, el crecimiento urbano provocó un aumento de las aguas residuales. Durante décadas, estas aguas llegaron al río sin una depuración adecuada, lo que provocó contaminación y desconfianza social. Esta situación, junto con el peligro de las crecidas, contribuyó al alejamiento físico y simbólico de la ciudadanía del río.

 

La Exposición Internacional de Zaragoza de 2008, “Agua y desarrollo sostenible”, reabrió el debate público y generó ideas, proyectos y nuevas sensibilidades.

 

El consumo humano cotidiano

 

La cantidad de agua que una persona necesita al día varía según el peso corporal. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es consumir unos 35 mililitros de agua por cada kilo. Por ejemplo, una persona que pesa 70 kilos debería ingerir aproximadamente 2,45 litros diarios.

 

A este consumo directo se suman otros usos: higiene, limpieza o evacuación de residuos. En España, el consumo medio es de unos 128 litros diarios por persona.

 

En cuanto a las infraestructuras, en 2022 se contabilizaron 2.232 Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR), y la normativa europea prevé mejoras significativas para el año 2025. A ello se suman las Estaciones de Tratamiento de Agua Potable (ETAP), encargadas de potabilizar el agua para consumo humano y animal.

 

Aunque en España disponemos de agua potable de buena calidad, diversos estudios han identificado la presencia de contaminantes como compuestos derivados de actividades industriales, subproductos de la desinfección del agua, y restos de fertilizantes. También se han identificado residuos de medicamentos y drogas, como antiinflamatorios, antibióticos, cafeína, cocaína o nicotina.

 

A pesar de encontrarse en concentraciones muy bajas y dentro de los límites legales, son sustancias que requieren vigilancia por sus posibles efectos sobre la salud. Algunos subproductos de la desinfección o los fertilizantes agrícolas se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer de vejiga y colorrectal, mientras que ciertos compuestos industriales y residuos farmacéuticos podrían interferir en el equilibrio hormonal del organismo.

 

Conocimiento y paseos por el entorno de los ríos

 

¿Conocemos el río que atraviesa nuestra ciudad o pueblo? ¿Nos acercamos a él, lo observamos, lo caminamos? ¿Participamos en actividades colectivas que nos conecten con su entorno? ¿Qué opinamos sobre su estado actual? Y, sobre todo, ¿nos sentimos responsables de cuidar tanto la calidad del agua como el entorno natural del que formamos parte?

 

El paseo por la naturaleza de nuestro entorno cotidiano mejora nuestra salud física y mental. Sin embargo, como señalábamos al principio, la contaminación y el aspecto sucio del agua nos hizo dejar de bañarnos en el río y alejarnos de su entorno.

 

En los últimos años hemos colaborado con el colectivo Ebronautas, en una experiencia educativa que consiste en realizar descensos guiados por el río Ebro. Esta actividad, repetida durante más de una década, ha implicado a estudiantes de Enfermería —favoreciendo la conexión entre el conocimiento del entorno y la reflexión sobre salud y autocuidado—, así como de docentes procedentes de distintos contextos.

 

A partir de esta vivencia concreta, proponemos extender la experiencia a cualquier persona interesada en redescubrir su relación con el entorno fluvial. Para ello, planteamos una serie de preguntas que invitan a observar, sentir y reflexionar:

 

  • ¿Reconoces los sonidos, colores y sensaciones agradables que se generan junto al río, como el murmullo del agua, el viento entre los árboles, la luz del sol o el silencio relajante?
  • ¿Identificas algunas de las especies que habitan en estos espacios, como aves, peces o plantas de ribera?
  • ¿Sabías que un río con sedimentos no es necesariamente un río sucio, sino que puede ser un río vivo, en equilibrio con su entorno?
  • Si alguna vez has bajado un tramo del río en piragua, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿La repetirías? ¿La recomendarías a otras personas?
  • ¿Crees que sería útil estudiar los beneficios para la salud de este tipo de actividades en contacto con la naturaleza?
  • ¿Deberíamos ser más conscientes del uso que hacemos del agua en nuestro día a día?

 

De esta experiencia extraemos algunas ideas claras. Primero, comprender el ecosistema fluvial desde “dentro del río” es mucho más eficaz que limitarse a estudiarlo desde fuera. Segundo, comprender la relación entre salud y medio ambiente es una competencia esencial para los futuros profesionales sanitarios, que deben ser capaces de aplicarla, transmitirla y promoverla. Por último, las vivencias positivas junto al río —como la calma, el disfrute o la conexión con el entorno— perduran más en la memoria que las percepciones negativas, como el miedo al agua o la idea de un río contaminado.

 

Al igual que cuidamos lo que comemos o hacemos ejercicio para sentirnos mejor, pasear junto a un río o recorrer sus orillas puede mejorar nuestro bienestar físico, mental y emocional. Estar en contacto con un entorno limpio y natural no solo fortalece nuestra salud, sino que también nos recuerda que cuidar el agua y la naturaleza es una forma concreta de cuidarnos a nosotros mismos.

 

Reflexiones y acciones

 

  1. ¿Conoces tu entorno natural y lo disfrutas?
  2. ¿Bebes suficiente agua? ¿Sabes cuánta consumes al día? ¿Consideras que debes reducir el consumo?
  3. Lecturas recomendadas: