Y por una sonrisa… un mundo mejor. El emoji Smiley y el humor mediático como motores de la salud
Patricia Gascón Vera
3 de octubre de 2025
El día 3 de octubre se celebra el Día Mundial de la Sonrisa (World Smile Day). Se trata de una iniciativa de Harvey Ball, el creador de la cara sonriente (Smiley) y fundador de la World Smile Foundation, cuyo objetivo es promover una actitud positiva desde la risa, nuestra sonrisa: la felicidad.
Ese emoticono que 😊 usamos como comodín y como código en nuestro WhatsApp, tiene una historia popular que no es tan certera. En la red encontramos cientos de noticias que exponen cómo Ball, en 1963, creó el diseño de la carita feliz para una campaña moral para una compañía y que recibió unos cuarenta dólares por esa creación. No obstante, también se desmitifica este mito con autores y obras anteriores que ya habían representado algo muy parecido a ese concepto de smile.
Un reciente estudio de Elena Bandrés, Ricardo Pérez-Calle y Mariola Conde (2025) analiza el imaginario simbólico de los emojis y su género. En este texto se conoce que, de los diez emojis más usados a nivel mundial, de un total de 3.790 existentes, siete representan caras en las que se expresan emociones y sentimientos. Por tanto, la sonrisa que compartimos en nuestras conversaciones, además de representar un género en nuestra percepción, no es una simple reacción, sino que refleja nuestra risa interior.
Nuestra sonrisa ha sido representada por la cultura visual de forma global y continuada, desde la pintura clásica hasta las imágenes realizadas por inteligencia artificial. Estos últimos son avatares y, en particular, sobre la risa femenina creada por inteligencia artificial, Gascón-Vera, Mattucci y Bonaut-Iriarte (2025) concluyen que son una expresión contemporánea que perpetúa sesgos de género y cuestiones como la locura o la excentricidad. Situaciones que hemos podido ver en, por ejemplo, los ataques a la sonoridad de la risa de la excandidata a la presidencia de Estados Unidos, Kamala Harris. Hechos que han derivado, con cientos de temáticas, en los memes que compartimos y que, en una gran mayoría, se adscriben a la risa política.
En este sentido, es cierto que el humor y la risa no solo permiten canalizar emociones, sino que se constituyen como herramientas críticas con capacidad transformadora. Por ejemplo, estas acciones de transformación se logran desde la memoria afectiva y desde espacios comunes; lo popular permite una comunicación crítica, dado que el humor es un recurso complejo, plural, lúdico y salutífero.
Gloria Steinem, periodista y escritora estadounidense, en su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias, en 2021, enfatizó el hecho de que las figuras autoritarias suelen temer ser objeto de risa y que, al valorar la risa espontánea, se defiende la libertad en general. Por ello, considera que “la risa es una prueba de libertad”, la única emoción espontánea y genuina que no puede ser impuesta o forzada por la autoridad.
Salud y sonrisa, un tándem contra la desinformación
Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo… Estas primeras palabras de un verso muy conocido de Gustavo Adolfo Bécquer nos sirven para revitalizar el poder sanador y social de la sonrisa. Cuando sonríes, te sientes enérgico, vital. Aunque las enfermedades o los problemas mágicamente no pueden desaparecer, sí es cierto que, con el humor, con un buen humor, podemos afrontarlo y/o sobrellevarlo con ventajas.
Hablamos de técnicas como la risoterapia, que ayuda a mejorar la salud como complemento de los tratamientos médicos. Consumir humor es una posibilidad dentro de nuestra dieta mediática. En momentos complicados, solo falta mirar las parrillas de programación; los formatos de humor en televisión son más necesarios que nunca. Primero, para evadirnos desde el infoentretenimiento y, dos, para informarnos desde las cualidades del humor. Porque podemos reírnos de lo que nos daña, reírnos de poderosos/as, buscar el absurdo en aquello que no compartimos, relativizar, luchar…
En estas semanas, el host Jimmy Kimmel, líder de opinión de la comedia estadounidense, ha sido cesado y, después, readmitido junto con su formato, no por la audiencia, que podría ser una decisión, sino por demandas empresariales derivadas de peticiones políticas. La risa no tiene límites o no debería tenerlos; lo que escuece cura, en sanidad; lo que levanta ampollas en la información, seduce y actúa contra la desinformación. Así que también el ámbito de la comunicación tiene como objetivo poder dar un espacio a las sonrisas, a la amabilidad y, cómo no, a abordar problemas complejos. Un ejemplo reciente es la campaña del Gobierno de Aragón: “La cultura del buen trato”, que utiliza la cultura y diferentes referentes de disciplinas artísticas como instrumento para mejorar la convivencia y contribuir a la construcción de nuevas formas de relación desde el respeto y la tolerancia.
Por tanto, desde estas líneas se precisa defender al humor como herramienta de contrapoder y de defensa contra la desinformación gracias a su uso contrainformativo de la sátira o de la retranca, en Aragón. Unas fórmulas desde las que se pueden manejar las complicaciones diarias, también desde la teoría del alivio. Un resorte que, de forma sencilla, se efectúa a través de la liberación de tensión, al entender el chiste de un meme, ante la complicidad con un amigo… Debemos entender el humor como un poder reparador y a la risa como la función principal de aliviarnos de la tensión emocional, descargar la inseguridad, el miedo y las preocupaciones. No en vano, se trata de un instrumento que ha contribuido a la supervivencia y a aminorar el enfrentamiento, ya que la risa también es un acto social. No es solo una reacción a algo gracioso, sino que es un fenómeno completamente social: somos hasta 30 veces más propensos a reír si estamos con otras personas que si estamos solos.
Por tanto, riamos ante lo desconcertante, lo injusto o lo gracioso; la salud está en nuestra sonrisa, perfecta o imperfecta, pero siempre reconfortante y amable, alejada de la crispación. Pese a que es complicado poder actuar sobre muchas injusticias, en el día a día, sobrepasados por el estrés y las citas diarias, siempre reconforta tener un momento de complicidad, una sonrisa amiga, mejor humana que por WhatsApp, mejor la carcajada compartida que en un vídeo solitario de TikTok, mejor sonreír a un mundo mejor.
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