Vacunarse es prevenir. Una responsabilidad individual con impacto colectivo
Ánxela Crestelo Vieitez
12 de noviembre de 2025
En mi día a día como médica internista, veo con frecuencia cómo una decisión tan sencilla como vacunarse puede marcar la diferencia entre una vida saludable y una enfermedad grave. Las vacunas no solo protegen a quien las recibe, sino que también actúan como un escudo colectivo que resguarda a toda la comunidad.
La vacunación es una de las herramientas más eficaces que tenemos para prevenir enfermedades infecciosas. Gracias a ella, hemos logrado erradicar o controlar patologías que en el pasado causaban miles de muertes, como la viruela o la poliomielitis. Pero su valor va mucho más allá de la historia: hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo esencial para frenar enfermedades como la gripe, el COVID-19, el virus respiratorio sincitial (VRS) o la neumonía, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas.
Con motivo del Día Mundial de la Neumonía, que se celebra el 12 de noviembre, es especialmente importante destacar la vacunación frente al neumococo, una de las principales causas de neumonía bacteriana. Esta vacuna es fundamental para prevenir infecciones graves, especialmente en personas mayores, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas o inmunodeprimidos.
La prevención es el pilar de la medicina moderna. No se trata solo de evitar una infección, sino de impedir sus complicaciones: hospitalizaciones, secuelas a largo plazo o incluso la muerte. Las vacunas activan nuestras defensas naturales para que estén preparadas antes de que el virus o la bacteria nos ataque. Es como entrenar al sistema inmunitario para que reaccione con rapidez y eficacia.
Además, vacunarse es un acto de solidaridad. Al protegernos, reducimos la circulación de los patógenos y protegemos a quienes no pueden vacunarse por razones médicas. Es una forma de cuidar a nuestros mayores, a los bebés, a las personas inmunodeprimidas. Es, en definitiva, un compromiso con la salud pública.
Sé que a veces surgen dudas: ¿son seguras?, ¿realmente necesarias? La respuesta es sí. Las vacunas pasan por rigurosos controles científicos y su eficacia está ampliamente demostrada. Los efectos secundarios, cuando aparecen, suelen ser leves y pasajeros, muy inferiores a los riesgos de la enfermedad que previenen.
Por todo ello, mi mensaje es claro: vacúnate. Hazlo por ti, por tu familia, por tu comunidad. Porque prevenir es vivir con responsabilidad, con conciencia y con esperanza.
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