Las experiencias de la adopción: Caminos de encuentros y sueños compartidos
Ángel Gasch Gallén
9 de noviembre de 2025
Desde 2014 el 9 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Adopción. Aunque no existe una convención desde organismos internacionales, Naciones Unidas impulsó el mismo mes el Día Mundial de la Infancia, día destacado para defender y promover los derechos de todos los niños y niñas del mundo, incluido el derecho a crecer en un entorno familiar saludable. También es conocida la Convención sobre los Derechos del Niño del año 1989.
Pero el porqué de la falta de esta convención internacional específica sobre adopción podemos encontrarlo en las grandes diferencias que, sobre estos procesos, se dan entre los países. De hecho, esta es una de las primeras barreras que podemos encontrar a la hora de hablar y comprender qué significan los procesos de adopción.
En nuestro contexto, se trata de un proceso que se corresponde con una medida muy excepcional, que se da en el caso en el que la niña/o o adolescente ya no pueda permanecer con su familia. En este sentido, hay que destacar el derecho de las niñas y niños a tener una familia y evitar otro tipo de preconcepciones sobre el desarrollo personal, el derecho a la crianza u otros mitos de las personas adultas cuando buscan construir una familia.
El interés superior del/la menor es el primer punto que se destaca desde que cualquier familia desea iniciar el proceso de acogimiento preadoptivo con fines de adopción, por lo que la frase “es posible que nunca llegue tu hijo/a”, está presente desde el comienzo, lo que no tiene porqué restarle ni una pizca de ilusión. También durante el proceso se disipan dudas en cuanto a la terminología (adopción, acogimiento, guarda con fines de adopción, entre otros conceptos) y también otros mitos sobre el tipo de adopción. Un ejemplo es la diferencia entre la adopción nacional y la internacional y ciertas leyendas sobre la comercialización. No se puede pagar por tener un hijo/a en este tipo de proceso, pero hay ocasiones en la adopción internacional en las que los acuerdos con las entidades intermediarias, los viajes requieren desembolsos económicos para este tipo de gastos. Es importante conocer claramente como es cada proceso, porque el desconocimiento produce un impacto social importante, nutrido a base de leyendas o suposiciones, que pueden generar malestar en las criaturas adoptadas y sus familias.
La adopción nacional es un proceso que se inicia con la documentación y solicitud, continuado por la realización de un curso vivencial y su seguimiento por parte de un equipo de profesionales de la administración, que tiene como fin otorgar, si se da el caso, lo que se conoce como el certificado de idoneidad.
Y lo más importante: mientras tanto, ¿dónde están los niños y las niñas? Esta pregunta debería estar siempre presente porque es clave ya que corresponde a veces con los primeros momentos de vida del/la hijo/a o con momentos de cambio decisivos en el futuro desarrollo. El trabajo de las familias de acogida es ingente e incalculable y los entornos que se crean, llenos de cariño y seguridad, son la base para el desarrollo del niño o la niña. Por eso estas experiencias deben ser visibilizadas en la medida de las necesidades y decisiones que poco a poco tomará el niño o la niña. Es imprescindible que se escuchen las voces de las niñas/os y adolescentes adoptados/as, por lo que toda persona que pueda tener relación con el acompañamiento a familias en los procesos de adopción debería estar informada sobre las demandas y actuaciones de entidades y asociaciones de personas adoptadas y de familias adoptivas. El derecho al respeto y conocimiento de la historia de vida y el acompañamiento en el impacto que esta historia puede tener en la construcción del proyecto vital del/la menor, es clave, pero en algunas ocasiones, quizás por desconocimiento, miedo o incomodidad, se tiende a construir una brecha con relación a “lo que pasó antes de la adopción”. Desde los acompañamientos a las familias se insiste en este derecho y se asesora sobre las mejores maneras de manejarlo en cada caso.
Otro de los mitos que existen sobre la adopción hace referencia a la naturaleza del vínculo en las relaciones de adopción. Aunque lógicamente las experiencias personales son diversas, la manifestación del vínculo en estas relaciones también surge desde la entraña. Es algo que sin saber cómo, va apareciendo en muy pocos días tras el inicio de la convivencia, resulta tan fácil quererse, cuidarse y preocuparse, que es casi imposible no incorporar estas experiencias. Hay que tener presente lógicamente que no todo es un campo de lavandas y hay momentos muy difíciles, con mochilas complicadísimas con las que hay que hacerse fuerte o, en los momentos necesarios, pedir ayuda.
Como puede observarse, los procesos de adopción, por su excepcionalidad entre todas las medidas de protección de la infancia que existen en nuestro país, son altamente controlados y los equipos de profesionales tienen competencias muy específicas y gran capacidad de manejo de la diversidad de casos. Otra cuestión son las lagunas que existen en la sociedad en general. Aparte de las ideas preconcebidas que se han comentado, es imprescindible que las y los profesionales de salud tengan una mirada activa de respeto y conocimiento, por lo que actuaciones como la formación intersectorial, que faciliten momentos de convivencia entre profesionales que trabajan con la infancia (protección de menores, educación y salud) se vuelve imprescindible.
Hay que tener muy presente que cada proceso de adopción y cada vida de un/a menor o adolescente adoptado/a es diferente y como sociedad tenemos el deber de acoger y acompañar, buscando romper con estereotipos que todavía existen sobre las familias. Estos estereotipos crean situaciones difíciles que pueden afectar negativamente a familias que pueden encontrarse en determinados momentos, en posiciones de mayor vulnerabilidad. Por ello, las familias adoptantes también son familias de madres solas, familias homoparentales, familias para las que los significados y vivencias de la adopción pueden ser muy diferentes.
Lo que está claro es que los procesos de adopción, como pasa en los procesos de crianza, son muy diversos y las experiencias de las personas implicadas son únicas. Como sociedad también tenemos el reto pendiente de escuchar y legitimar las voces de la infancia, saber acompañar, aprender a criar y cuidar es algo que se produce a lo largo de toda la vida y las experiencias de las niñas, niños y adolescentes adoptados/as, nos ofrecen enseñanzas que tenemos que aprender a descodificar, para conseguir construir una sociedad más justa.
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