Cáncer de próstata: Prevención o secuelas
Francisco Javier Reula Vargas
4 de febrero de 2026
Uno de cada dos hombres escuchará la palabra “cáncer” como diagnóstico a lo largo de su vida.
Yo soy uno de esos.
Cuando te diagnostican la enfermedad, entras en «shock». Lo poco que sabes es que tendrás que pelear mucho y que los tratamientos que recibirás tendrán serias consecuencias para tu cuerpo y mente. Tomas conciencia de que el tiempo ya corre en tu contra.
En marzo de 2023, me intervinieron quirúrgicamente para la extirpación total de la próstata mediante laparotomía, una incisión que va desde el pene hasta el ombligo. Al despertar, vi que salían tres sondas de mi cuerpo hacia bolsas diferentes. Dos de ellas las retiran en el hospital, pero la tercera, la que va desde la vejiga hasta una bolsa donde alojas la orina, la anudas al gemelo de tu pierna y te la llevas puesta a casa por unas semanas. Ahí entendí que la que era mi vida de siempre había dado un giro importante.
Al retirarme la sonda, era incapaz de retener la orina y empecé a necesitar el uso de pañales durante muchos meses, con la esperanza de poder recuperar en algún momento la musculatura del suelo pélvico. Ni qué decir que durante este tiempo (si no más), se sufre disfunción eréctil y compruebas que tu pene ha disminuido de tamaño tras la cirugía.
Pocos meses después de la intervención, comencé mi tratamiento con quimioterapia. En mi caso, fueron 6 sesiones espaciadas cada 3 semanas, acompañadas de otros fármacos como la cortisona e inhibidores de testosterona.
Mi cuerpo se hinchó hasta el punto de no querer mirarme en el espejo, pues no me reconocía. Engordé 16 kilos. Perdí todo el pelo y mis venas se endurecieron tanto que tenían que colocarme las vías para la medicación cada vez en un punto diferente. El dolor en las articulaciones era difícil de soportar. Tuve vómitos, diarreas y náuseas. No era capaz de distinguir los alimentos pues todo tenía sabor a metal. Me fatigaba enormemente con el esfuerzo más liviano y sufrí además un infarto pulmonar. Durante meses, sientes que tu vida se paraliza sin previo aviso y no sabes siquiera si podrás reanudarla.
Realmente duro.
Dicen que la actitud es muy importante, y aunque la actitud no te va a curar, te ayudará siempre a llevar con entereza y dignidad la lucha que has de afrontar.
De momento he frenado el avance del cáncer y toca seguir sin rendición.
Vayan por delante mi respeto y cariño a todos los pacientes oncológicos que estén en estos momentos librando su batalla personal. Cada caso es un mundo. Mucha suerte y mucho ánimo, de corazón.
Recordad que una simple analítica en sangre del PSA y una visita a tiempo al urólogo ayudan a un diagnóstico precoz en el cáncer de próstata evitando muchos problemas.
Mi agradecimiento a los equipos de Urología y de Oncología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, por el exquisito trato médico y humano recibido. Gracias por regalarme VIDA.
Gracias a TheMoveMen.org por vuestro esfuerzo y dedicación, dando visibilidad al cáncer masculino.
También mi agradecimiento a la Asociación Española Contra el Cancer por su trabajo y acompañamiento en todo este proceso.
This work is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

Última entrada
¿Quieres colaborar con nosotros en la creación de artículos para la web?
Descarga aquí las normas de colaboración con OCODES para autores/as.

