Cannabis sativa: Remedio natural o puerta de entrada a la adicción
Juan José Aguilón Leiva y Antonio Manuel Torres Pérez
20 de abril de 2025
El año 1995 tocaba a su fin cuando en Boston, Massachusetts, EE. UU., se inauguró la primera tienda especializada en productos de cannabidiol (CBD), bajo el nombre de The Hempest. Aunque inicialmente centrada en ropa y otros productos de cáñamo, en poco tiempo se convirtió en pionera en el mercado estadounidense, ofreciendo productos de CBD con fines terapéuticos.
En la actualidad, el mercado global del CBD ha experimentado un crecimiento enorme. Por ejemplo, en España, la empresa Greenery 420, fundada hace tan solo 6 años, cuenta ya con más de 35 tiendas especializadas en CBD distribuidas por todo el territorio nacional. Además, marcas como ProfesorCBD han establecido redes de distribución que incluyen 247 puntos de venta en Europa, abarcando farmacias, herboristerías, estancos y gasolineras. Aunque no se disponen de cifras exactas acerca del número total de tiendas de CBD en el mundo, su expansión y crecimiento a nivel global ha sido francamente significativo y veloz.
Cada día aparecen más terapias con cannabis medicinal y otros productos derivados como el CBD. La artrosis, lesiones deportivas, la depresión o el insomnio son algunas de las enfermedades comunes que pueden tratarse con CBD. Ciertamente, cuesta creer cómo este componente del cannabis puede evitar la colocación de una prótesis de rodilla en una persona anciana, sea el sustituto a repetidas sesiones de fisioterapia o la solución a patologías mentales tan complejas de abordar como la depresión. A pesar de ello y, de forma paralela, la despenalización del consumo de cannabis progresa en países de todo el mundo, favoreciendo la idea de aquellos que afirman que el consumo de cannabis no conlleva riesgos para la salud.
El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), en su último informe 2024, indica que el cannabis es la droga ilegal más consumida entre los adolescentes de 14 a 18 años en España. Este dato resulta realmente preocupante atendiendo a la teoría del “efecto de puerta de entrada”, dado que el cannabis puede favorecer la progresión hacia el consumo de otras sustancias ilícitas. De igual modo, también es importante destacar dos falsas creencias entre la población joven. La primera de ellas es que la marihuana es menos peligrosa que el tabaco o el alcohol. A esa afirmación, es posible sumar otra más, igualmente falsa, al referirse al “consumo seguro”. El consumo, por definición, es inseguro y siempre representa riesgos.
A nivel mundial, el cannabis es la sustancia psicoactiva con mayor cantidad de consumidores, situándose tan solo por detrás del alcohol etílico. Por tanto, no puede extrañar un elevado número de asistencias urgentes tras el consumo de esta sustancia, principalmente por manifestaciones psiquiátricas como la ansiedad, agresividad, alucinaciones o psicosis aguda. Numerosos estudios afirman que, el cannabis, es la droga que se relaciona en mayor medida con los casos de psicosis atendidos en los Servicios de Urgencias hospitalarios. Por todas estas razones, el caso de la legalización de la marihuana resulta tan chocante como sorprendente, máxime cuando en aquellos países donde se ha permitido su libre reparto, también han aumentado otras adicciones, los accidentes de tráfico y los problemas médicos y sociales derivados de su consumo.
Pese a ello, la legalización de esta droga avanza en todo el mundo y cabe preguntarse qué oscuros intereses lo motivan. Es posible creer que, el avance de las posiciones favorables a la Agenda Globalista –centrada desde hace años en desarrollar políticas en ideología de género y cambio climático, entre otras– también lo hacen en el camino hacia la tolerancia a un mayor consumo de drogas. La expansión de los comercios especializados en CBD y las terapias farmacológicas con cannabis medicinal son el preámbulo de otros enormes negocios personales más codiciosos.
Por otra parte, también es plausible que, políticos y oligarcas sometidos a la Agenda 2030, aprueben el libre reparto de drogas en favor de la posibilidad de un mayor control social. Una sociedad más adicta se traduce en una población adoctrinada desde la infancia, sometida al suministro de droga, adormecida y con una falsa creencia de felicidad. En palabras del fallecido Jesús Quintero, al referirse a una sociedad cada vez más analfabeta y, por tanto, que también podría emplearse en este contexto, “son la nueva clase dominante, aunque siempre serán la clase dominada”.
This work is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

Última entrada
¿Quieres colaborar con nosotros en la creación de artículos para la web?
Descarga aquí las normas de colaboración con OCODES para autores/as.

