Cuando el monte curaba
Marta Lampérez Bueno
7 de abril de 2026
Hoy asociamos la salud a hospitales, centros de salud y especialidades, tecnología y medicamentos industrializados. Sin embargo, hubo un tiempo en que curar comenzaba saliendo al monte.
En 1800, fray Mateo Suman remitió la descripción de Salvatierra de Escá (Zaragoza) en su Diccionario geográfico-histórico de Aragón, donde se detalla la riqueza botánica del término y se enumeran numerosas plantas medicinales que crecían de forma espontánea y formaban parte activa del cuidado cotidiano (pp. 413–434).
La elección de este ejemplo no es casual. Salvatierra de Escá forma parte de mi investigación doctoral en Ciencias de la Antigüedad y, mi formación como enfermera, me ha llevado a preguntarme también por las formas históricas del cuidado y el bienestar en los territorios rurales.
Suman incorporó el trabajo del médico titular Pascual Mora, cuya actividad fue recogida también por Félix de Latassa en la Biblioteca nueva de los escritores aragoneses (cap. CLXXVII, pp. 316–317), donde se mencionan sus descripciones botánicas vinculadas a Salvatierra. Allí se citan sus trabajos sobre las plantas que se crían en el término, confirmando que su labor trascendía el ámbito estrictamente local.
Entre las especies mencionadas se encontraban la doradilla, la matricaria, el toronjil, la eufrasia, la peonía o la gayuba, empleadas tradicionalmente para afecciones respiratorias, digestivas o urinarias. No se trataba de simples curiosidades botánicas: eran recursos terapéuticos accesibles.
Lo significativo es que Mora clasificó más de doscientas cincuenta especies siguiendo los sistemas botánicos de Tournefort y Linneo. El conocimiento ilustrado convivía así con la experiencia rural. Ciencia académica y saber práctico compartían espacio en las laderas prepirenaicas.
Desde una perspectiva actual, estas líneas permiten interpretar el paisaje de Salvatierra como territorio de cuidado. El monte no era únicamente fuente de leña o pastos: era extensión del botiquín doméstico. La relación entre naturaleza y salud formaba parte del equilibrio comunitario.
Con el avance de la medicina contemporánea, muchos de estos usos quedaron relegados al ámbito doméstico o al recuerdo popular. Sin embargo, la creciente atención a la fitoterapia y a la medicina tradicional, reconocida hoy por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, devuelve actualidad a aquellas descripciones de comienzos del siglo XIX.
Salvatierra de Escá fue, como tantas comunidades rurales, un lugar donde naturaleza y cuidado estaban íntimamente conectados. Mucho antes de que habláramos de prevención o sostenibilidad sanitaria, el monte ya curaba.
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