Cuidando la salud y el medio ambiente
Beatriz Sánchez Hernando
05 de junio de 2025
El cambio climático es un hecho innegable. Dejando de lado fenómenos naturales puntuales, es una evidencia que la temperatura del planeta está en ascenso y que cada vez las olas de calor son más intensas y más cercanas entre sí. El calentamiento global se ha acelerado de manera artificial en los últimos 200 años debido a la emisión de cantidades ingentes de gases de efecto invernadero procedentes de la industrialización y el desarrollo tecnológico humano. Como no podía ser de otra manera, este fenómeno ambiental tiene consecuencias en la salud. Una de esas consecuencias es el aumento o exceso de mortalidad vinculado a múltiples enfermedades, siendo el calor extremo el común denominador.
Aunque el cambio climático es un fenómeno global, no afecta de la misma manera a todas las personas. Además de los ancianos, los niños y las personas que sufren de diversas patologías, los determinantes sociales de la salud ponen en relieve que no todas las personas sufren de la misma forma los efectos de los cambios ambientales.
Para poder construir aspectos positivos que mejoren la salud ambiental del planeta, vinculando los actos individuales y colectivos, debemos observar la salud y el medio ambiente desde un punto de vista positivo, salubrista, salutogénico. De otra manera, centrando la observación en las grandes emisiones, pactos mundiales y demás, podríamos caer en el bloqueo y la ansiedad. En este sentido, una buena opción es adoptar opciones que produzcan cobeneficios, es decir, acciones que repercutan positivamente en nuestra salud y, además, sean sostenibles o, por lo menos, no supongan un perjuicio para el medio ambiente.
Algunas actividades relacionadas con los hábitos diarios, como la alimentación y el ejercicio físico, forman parte de esos cobeneficios. En cuanto al ejercicio físico, la elección de medios de transporte cardiosaludables, como caminar e ir en bicicleta, son beneficiosos para la salud. Con estas opciones se aumenta el tiempo dedicado a realizar ejercicio físico moderado y/o vigoroso, lo cual impacta de manera positiva en diferentes marcadores de salud, como los factores de riesgo cardiovascular, reduciendo la incidencia de otras enfermedades. Además, el hecho de caminar e ir en bicicleta supone un aporte nulo de emisiones al medio ambiente, convirtiéndose, a la vez, en una actividad sostenible.
Con respecto a la alimentación, el consumo de alimentos de temporada y de kilómetro cero suelen ser opciones de alimentación más saludable y sostenibles. Por una parte, se asumiría un aumento del consumo de vegetales, lo cual supone una mejora en los hábitos dietéticos. Por otra parte, este consumo se traduce en una disminución de las emisiones relativas al transporte de mercancías. Pero, además, esta práctica potencia la riqueza de los territorios, ensalzando el valor de lo local y situando a los productores como un activo para la salud a tener en cuenta.
En este sentido, la compra sostenible, procurando un menor desperdicio, supone un beneficio directo para el medio ambiente y un menor gasto para los individuos y las familias que, considerando los determinantes sociales para la salud, tendría un efecto positivo también en la salud.
Para continuar hablando sobre los cobeneficios y las actividades diarias, es importante destacar el valor de los cuidados. En una sociedad de consumo, el volver a lo de siempre, cuidándonos más y cuidando a nuestros allegados, supone un acto sostenible. Convierte a los cuidadores en activos en salud, figuras concretas y explícitas que generan salud. Y, siguiendo esta línea argumental, es beneficioso para el planeta, no solo por la disminución de la producción farmacéutica, sino por la menor utilización de las grandes infraestructuras construidas para tratar la enfermedad que, aunque necesarias, suponen un elevado gasto energético.
Por último y a modo de conclusión, es importante la concienciación sobre las consecuencias positivas de los comportamientos individuales más saludables y más sostenibles. Pero también es necesario que estos valores formen parte de la vida, no solo de los individuos y de las comunidades, sino que sea este el mensaje que podamos transmitir a generaciones futuras, para que en el presente y en el futuro contemos con una cultura sostenible en la que normalicemos las 3R (reducir, reutilizar y reciclar) en toda su esencia, no sólo en lo que respecta al consumo y a la gestión de residuos, sino también a lo que respecta a la salud.
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