Cuidar al que cuida, ese reto pendiente
Teresa Salamero Rodríguez
12 de mayo de 2026
Este año el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) ha elegido como lema “Nuestras enfermeras. Nuestro futuro. Las enfermeras empoderadas salvan vidas”, un mensaje que reconoce el papel esencial de quienes cuidan, acompañan y sostienen una parte fundamental de nuestro sistema sanitario. Con este lema, el CIE pone el foco en la necesidad de impulsar cambios estructurales que permitan desarrollar plenamente el potencial de las enfermeras y reforzar su liderazgo dentro de los sistemas de salud.
Florence Nightingale revolucionó la atención sanitaria liderando una nueva forma de entender los cuidados. Gracias a medidas tan básicas, y hoy tan evidentes, como la higiene, la ventilación de los espacios o el registro sistemático de datos, logró reducir drásticamente la mortalidad en los hospitales de campaña. Es, por tanto, un claro ejemplo de cómo el liderazgo enfermero en cuidados puede salvar vidas, tal y como subraya el lema antedicho.
Pero el legado de Nightingale fue mucho más allá ya que profesionalizó la enfermería, impulsó su formación y defendió una idea que continúa plenamente vigente, a saber, cuidar también es aplicar conocimiento y ciencia, además de vocación. Fue una enfermera visionaria, adelantada a su tiempo, y dejó reflexiones que siguen definiendo la esencia de nuestra profesión. Una de ellas resume, a mi juicio, el día a día de la enfermería: “La observación indica cómo está el paciente; la reflexión indica qué hay que hacer; la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar”.
Estas palabras reflejan la importancia de una formación continua que permita ofrecer a la ciudadanía unos cuidados de calidad, seguros y basados en la mejor evidencia disponible. También ponen en valor la reflexión y el pensamiento crítico como herramientas imprescindibles para combatir el inmovilismo y seguir avanzando hacia una enfermería más innovadora, eficiente y excelente.
La enfermería no solo cura, sobre todo, cuida. Está presente en todas las etapas de la vida, acompañando a las personas, a las familias y a la comunidad en los momentos más vulnerables, pero también en la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la educación sanitaria. Hoy, las enfermeras somos profesionales con una sólida formación universitaria, competencias avanzadas y una gran responsabilidad en el cuidado de las personas.
Sin embargo, pese a este papel esencial dentro del sistema sanitario, la profesión continúa afrontando importantes desafíos: una mayor necesidad de inversión, mejores condiciones laborales, más reconocimiento y una visibilidad social acorde al impacto real que tiene la enfermería en la vida de las personas y en la sostenibilidad del sistema de salud.
En este contexto, el reconocimiento del nivel A1 no debe entenderse únicamente como una reivindicación corporativa, sino como una cuestión de justicia y reconocimiento profesional acorde a la preparación, las competencias y la responsabilidad que asume la enfermería en la actualidad. La ausencia de este reconocimiento impide además el acceso de las enfermeras a determinados puestos de gestión e investigación, ámbitos en los que la profesión tiene mucho que aportar.
Por otro lado, el pasado mes de abril entró en vigor el nuevo Código Ético y Deontológico de la Enfermera Española, cuyo objetivo es “garantizar una práctica ética enfermera responsable, con eficacia, eficiencia y efectividad, orientada al cuidado digno de las personas con el fin de alcanzar la excelencia en el ejercicio profesional”, tal y como recoge su preámbulo. Este nuevo Código refuerza nuestro compromiso con una práctica basada en la evidencia científica, la ética profesional y la excelencia en los cuidados.
Especial relevancia tiene el artículo 83, incluido en el capítulo “La enfermera y la profesión”, donde se señala que la enfermera debe promover “un entorno de trabajo colaborativo que garantice la calidad de los cuidados y la seguridad de la atención, fomentando un enfoque interprofesional en la planificación y coordinación de estos”. Una reflexión especialmente necesaria puesto que el respeto entre profesionales, el compañerismo y el trabajo en equipo resultan fundamentales para garantizar la mejor atención posible a los pacientes.
Desde el Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza seguiremos trabajando para impulsar proyectos que fortalezcan la profesión, apoyen a las nuevas generaciones y den respuesta a los retos sanitarios y sociales del presente y del futuro, siempre con las personas en el centro de los cuidados. Queremos aprovechar también esta celebración para trasladar un mensaje claro a la sociedad: cuidar de la enfermería es cuidar de toda la comunidad.

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