Día del niño hospitalizado. Cuando la vida se pone en pausa

Diana Merino Leiva

13 de mayo de 2025

El 13 de mayo se celebra el día del niño hospitalizado con el objetivo de reconocer y sensibilizar a la población en este tema en concreto. Para nosotros, los que trabajamos a su lado, es un recordatorio de que nuestros pequeños siguen siendo eso: pequeños. Aunque se encuentren entre paredes blancas –quizá si hay suerte con algún dibujo de elefantes–, sábanas más frías que las de su cama y rodeados de olores extraños que distan de parecerse a los que desprenden las cazuelas de mamá en la cocina.

 

¿Cómo nos ven ellos?

 

A veces su paso por el hospital es breve y no tienen tiempo de acostumbrarse a la presencia de tanta gente vestida de blanco que entra y sale de la habitación en la que se encuentran. Sin embargo, en otras ocasiones, los de blanco acaban siendo personas como Loli, la que siempre entra cantando; Pilar que le trae natillas de chocolate porque sabe que no le gusta el yogur que le ha tocado; o Miguel, que de vez en cuando le lleva de paseo hasta la máquina de las fotos, esa que hace ruido.

 

¿Cómo lo vemos nosotros?

 

Como profesionales aprendemos a normalizar esta situación, nos acostumbramos a verles con pijamas de hospital y cables que nos preocupa que se quiten, nos resulta habitual ver a mamá o a papá sentado en un sofá sujetando un cuento con aspecto de cansado, enmascarando su inquietud y su miedo con voz de Nuna, la amiga del Monstruo de colores, o cantando como Frozen si el día ha sido difícil.

 

¿Qué podemos mejorar?

 

Hacemos cotidiano lo que para el niño y su familia es un inciso, una interrupción de su actividad habitual: del colegio, del trabajo, de las extraescolares, de las cenas en el salón o de los domingos en casa de la abuela. Y lo hacemos, la mayoría de las veces, dando la mejor de nuestras versiones. Sin embargo, en algunas ocasiones, las menos, nos olvidamos de que hay situaciones en las que es necesario hacer una excepción, dejar la normativa a un lado y mirar para el otro, personalizar y humanizar, porque esto último no siempre consiste en dotar con las últimas tecnologías las estancias clínicas, de disponer de una cama para la pernocta del acompañante o de servir una comida al progenitor.

 

Humanizar puede ser conocer el nombre de la mamá desmaquillada que camina por la habitación de hospital con zapatillas de andar por casa. Puede ser permitirle dormir con la manta de su cama, quizá una visita de su hermano pequeño o, mucho más alcanzable aún, saberse su historia completa, conocer cuántas veces ha sido ingresado, qué ocurre cuando se queda dormido sin la máscara puesta o por qué no podemos hidratarle la piel con la crema del bote verde.

 

Porque humanizar también puede ser hacer ver a esos papás que pueden irse a desayunar tranquilos, es mirar a María, la mamá de Lucas, después de pasar la noche con la cabeza apoyada en la cama de su hijo y susurrarle “buenos días María, ¿Lucas ha dormido bien?” Humanizar está en nuestra mano con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.

 

¿Qué celebramos?

 

La fecha, 13 de mayo, conmemora la publicación, en 1986, de la Carta Europea de los Derechos del niño hospitalizado en la que se proclaman, entre otros, los siguientes:

 

“Derecho a estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria, sin que eso comporte costes adicionales; el ejercicio de este derecho no debe perjudicar en modo alguno ni obstaculizar la aplicación de los tratamientos a los que hay que someter al niño”.

 

“Derecho del niño a una recepción y seguimiento individuales destinándose en la medida de lo posible los mismos enfermeros y auxiliares para dicha recepción y los cuidados necesarios.”

 

Hacemos cumplir estos derechos mucho mejor que hace casi 40 años, cuando fueron plasmados en un papel, cuando los padres venían tan sólo un ratito al día y lejos estaban de involucrarse en los cuidados, y lo haremos mucho mejor dentro de otros 30 cuando, además de nuestra empatía, vayamos acompañados de unas infraestructuras acordes a lo que nuestros pequeños y sus familias necesitan.

 

Mientras tanto, sigamos mejorando, escuchando y cuidando, porque muchos de estos niños nos dejan huellas que no olvidamos a su paso por nuestro hospital, pero nosotros, los profesionales que les acompañamos, también les dejamos la nuestra. Hagamos de este 13 de mayo un día especial a los niños que duermen aquí y recordemos que la infancia no se queda en la puerta al ingresar en un hospital.