El deporte universitario: Una herramienta de salud a nuestro alcance

Alberto Calleja-Romero

18 de septiembre de 2025

El 20 de septiembre se celebra el Día Internacional del Deporte Universitario, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de integrar la actividad física en la vida académica. No se trata solo de competir o mantenerse en forma, sino que hablamos de un recurso de salud pública muy a tener en cuenta, especialmente en un momento en el que la salud mental del estudiantado se encuentra en el punto de mira.

 

La evidencia científica es clara: la Organización Mundial de la Salud, tras revisar la globalidad de estudios publicados en este ámbito recomienda, al menos, 150 minutos semanales de actividad física moderada para las personas adultas. Sin embargo, en el entorno universitario este consejo adquiere un peso mayor, ya que la presión académica, la incertidumbre por el futuro y, en muchos casos, la soledad percibida, generan un caldo de cultivo para la ansiedad y la depresión. De hecho, en un estudio con más de mil estudiantes en Aragón se detectó que un 23,6% sufría síntomas de ansiedad y un 18,4% de depresión. Más aún, otros trabajos muestran que, según la muestra y el contexto, las prevalencias pueden ser incluso más altas. Una revisión sistemática estima que alrededor de un tercio del estudiantado universitario presenta síntomas relevantes de ansiedad.

 

Frente a este panorama, el deporte se revela como una de las intervenciones más accesibles y eficaces. No hablamos únicamente del sistema cardiovascular o de los músculos, el ejercicio regula neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, todos ellos vinculados al bienestar emocional. Además, se ha demostrado que incrementa los niveles de BDNF, una proteína clave en la plasticidad cerebral y la prevención de trastornos depresivos.

 

En el contexto universitario, los datos refuerzan esta relación entre el deporte y la salud mental: un estudio mostró que el estudiantado universitario que participaba de manera activa en actividades deportivas mostró una menor prevalencia de depresión y mejores hábitos de salud que sus compañeros y compañeras no deportistas. Más allá de los números, lo que se observa es un círculo virtuoso: más deporte significa más bienestar, mejor rendimiento académico y mayor cohesión social.

 

La Universidad de Zaragoza constituye un ejemplo cercano y tangible. Su Servicio de Actividades Deportivas no se limita a ofrecer el uso libre de instalaciones deportivas, sino que impulsa programas para toda la comunidad: desde el estudiantado y el personal universitario hasta mayores de 55 años, que encuentran en la práctica física un medio de socialización y salud. Además, la institución ha sido reconocida en varias ocasiones con la medalla de oro de la iniciativa internacional Exercise is Medicine, que distingue a los campus comprometidos en promover la actividad física como herramienta de prevención y tratamiento de enfermedades.

 

No obstante, queda camino por recorrer. No se trata solo de disponer de instalaciones y organizar actividades deportivas, sino también de garantizar la inclusión de todos los colectivos: desde quienes se sienten menos hábiles físicamente hasta quienes, por motivos de identidad o discriminación, encuentran barreras adicionales.

 

En definitiva, el deporte universitario no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad. No solo previene enfermedades cardiovasculares o metabólicas, también se posiciona como una herramienta de prevención real frente a la ansiedad, la depresión y el estrés. Reconocerlo y potenciarlo es apostar por una universidad más saludable, que entienda que la formación integral del estudiantado universitario debe combinar lo académico con el desarrollo de otras competencias y habilidades que se tienen que adquirir fuera del aula.