Las mentiras en el sector de las apuestas

Itxaso Cabrera Gil

28 de mayo de 2025

El bulo o el engaño son innatos al ser humano, mecanismos utilizados en la mayoría de sus trazados para la protección de alguien o algo, un escudo que impide que los privilegios o ventajas que se pueden tener por situarse en determinada posición no caigan. La problemática reside en que la mentira pueda utilizarse con el ánimo del beneficio propio con el descaro de amedrentar, ganar o perjudicar al resto sin ética alguna, y la industria de las apuestas no tiene escrúpulos en usarla y mantenerla para seguir lucrándose a costa de la salud del resto.

 

Apostar no es un juego

 

Partimos de la falacia más básica: apostar es un juego. La palabra juego apela al divertimento o al mero hecho recreativo de entretenerse. Las apuestas nunca dan un beneficio como el juego, siempre se pierde. Y truncan el propio lenguaje, desde la definición hasta la ubicación. Los locales de apuestas son denominados por el sector como casas, casas de apuestas, para demostrar que es un lugar, erróneamente de acogida, un lugar aparentemente cómodo, confortable, que invita a la pertenencia, del que, sin ventanas ni relojes, una vez pérdida la noción del tiempo será difícil salir.

Se celebraba recientemente en Zaragoza la  jornada  estatal  El juego de apuestas, un problema de salud pública, un evento donde profesionales de diferentes sectores debatieron sobre el impacto del juego en la salud mental, con especial atención en la población joven.

La actividad fue organizada por el Grupo de Investigación en Salud Mental del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, la Universidad de Zaragoza y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). Las y los allí presentes coincidían en la peligrosidad de las apuestas como un problema de salud pública, la dimensionalidad de la enfermedad desde diversos aspectos como el social, psicológico, físico o económico. Una preocupación que no pasa desapercibida para ningún estatus social, ningún sexo o ninguna edad pero que acecha con mayor fuerza hacia las gentes más vulnerables:  jóvenes, mujeres, personas con menos recursos, migrantes o aquellas con diagnóstico previo de trastorno mental. En definitiva, trasciende de lo personal a lo colectivo, a lo comunitario, lo cual resuena más en aquella contradicción de llamarle juego a unas apuestas que ponen en riesgo la salud de quien padece la propia adicción conductual y a todo su entorno. La adicción a las apuestas no solo afecta a quien la padece, sino que también impacta negativamente de media en seis personas de su entorno cercano.

 

El juego responsable no existe

La desinformación está presente desde los títulos hasta la última de las triquiñuelas usadas con la finalidad de enganchar hasta el final a quienes consumen apuestas. Aquello del juego responsable, sostenible o seguro es una contradicción que beneficia únicamente a la industria de las apuestas. Se presenta como una estrategia ética, pero en realidad es una coartada perfecta para desplazar la responsabilidad del daño hacia quien invierte su tiempo y dinero en una ruleta o una máquina tragaperras, mientras los locales de apuestas siguen operando. No hay forma responsable de interactuar con un sistema que está diseñado para generar adicción, manipular impulsos y maximizar beneficios a costa de la salud mental y económica de las personas. Al igual que no se habla de fumar responsablemente o beber con salud cada día, hablar de juego responsable solo perpetúa la normalización de una práctica dañina. señalando directamente y declinando la responsabilidad en quien consume apuestas. Sin duda, un discurso útil para que el sector del juego mantenga su imagen mientras continúa captando a los más vulnerables, especialmente a jóvenes, con promesas de control que no existen pudiendo afectar en pilares vitales (sociales, emocionales, laborales, educativos o físicos).

 

Por tanto, el juego responsable no protege a nadie: es un parche ideológico que encubre la verdadera dimensión del problema. Lo que se necesita no es invitar a la moderación en un plano adictivo, sino poner límites claros, prohibiciones firmes y alternativas reales para el ocio y el bienestar desde leyes garantistas que se cumplan. Hablar de juego responsable a nivel de población es, en el fondo, una forma de irresponsabilidad social por parte de una industria que paga al año más de 46 millones de euros solo en la comunidad autónoma de Aragón en tributos, no hace falta ser un erudito en economía para saber que los ingresos del sector serán mucho mayores.

 

 Publicidad engañosa

En 22024, la facturación de las apuestas deportivas online se cuadruplicó, alcanzando cerca de 2.520 millones de euros. Solo en el primer trimestre del año, los ingresos generados por el juego online en España ascendieron a 350,7 millones, un 15,1% más que en los tres primeros meses de 2023. Además, las empresas del sector invirtieron 112,8 millones de euros en publicidad.

Para poder alcanzar estás cifras, de nuevo la distorsión de la verdad se ha puesto en marcha en lo online y presencial para poder aumentar cada vez más lo que algunos llamarán clientes. Se han llegado a utilizan campañas publicitarias agresivas que presentan las apuestas como una forma fácil y rápida de ganar dinero cuya letra pequeña puede estar repleta de medias certezas, basta con un tecleo rápido para comprobar que las palabras apuesta fácil están unidas a ganchos atrayentes destinados al registro web. Ocultar detalles cruciales de las propias promociones en las webs, como los requisitos de apuesta, plazos ajustados, restricciones de uso y límites en las ganancias son recovecos que se han utilizado ante la falta de ética diseñadas para que las y los usuarios no puedan aprovechar las ofertas de forma efectiva, son vías cada vez más perseguidas y reducidas pero que algunos operadores siguen utilizando. Los bonos, por ejemplo, pueden requerir que los jugadores apuesten una cantidad mucho mayor que el bono recibido antes de poder retirar cualquier ganancia, lo que hace que las promociones sean casi imposibles de cumplir. La ocultación de nuevo presente, pudiendo inducir a las y los jugadores a tomar decisiones impulsivas sin conocer las reglas completas de las apuestas. Impulsividad causada de forma intencionada que puede llevar a aumentar el riesgo de adicción al juego y hacer que los usuarios se sientan engañados al descubrir las limitaciones solo después de haber invertido tiempo, dinero y salud. Los términos y condiciones, lejos de ser transparentes y responsables en la presentación de las ofertas, son otro eslabón más de la rastra de embustes utilizados para captar a más y más personas por parte de los empresarios del juego.

 

A todo este combo, solo le es necesario contar con famosos o celebridades que aplaudan y resten complejidad a la apuesta, figuras públicas para generar confianza y atraer a nuevos usuarios, especialmente, de nuevo, a las personas más vulnerables. En los más jóvenes nace y crece cada día de manera más salvaje las promociones a través de los conocidos como hípsters, que no dejan de ser más que influencers en redes sociales comprados por el propio sector cuya finalidad es atraer a la juventud. Pronosticadores que expanden sus supuestos dominios del tema ofreciendo saberes ligados a vida lujosa. Charlatanes y timadores a la carta que obtienen beneficios cuando las y los seguidores pierden su dinero.

 

El cerebro nos engaña

 

Lamentablemente, también hay profesionales de la psicología, a los que suelo llamar del lado oscuro. A través de la estimulación sonora y auditiva las apuestas generan su atractivo, nuestro cerebro late a la búsqueda de nuevas sensaciones, a la idea de ver aumentada su dopamina y al impulso de engañarse, y esto el sector de las apuestas también lo conoce y configura todo su entramado para que, conducido por todo ello, sus cuentas no hagan más que incrementarse.

 

Los engaños de la mente son conocidos como sesgos cognitivos, patrones de pensamiento erróneos o distorsionados que afectan a la forma en que los individuos tomamos decisiones relacionadas con las apuestas impulsando a la toma de decisiones de manera irracional, a menudo basadas en emociones o creencias confusas, en lugar de trazar pensamientos objetivos. Algunos ejemplos podrían ser el caso de una persona apostante enfocada únicamente en las apuestas que le parecen favorables, ignorando las señales que indican lo contrario (sesgo de confirmación), otra persona apostante puede sobrestimar su capacidad para influir en el resultado de la apuesta pudiendo pensar que puede acertar cuestiones aleatorias (sesgo de ilusión de control) o la creencia de considerar que cuando se ha estado cerca de una victoria se ha ganado y continuar por ello apostando, reaccionando nuestro cerebro de la misma manera ante la aparición de dos limones y un diamante que de tres limones que supondrían una victoria y experimentarlo como tal a diferencia de la anterior serie (sesgo de casi ganancia).

 

 

Cierre de cuentas

 

La banca siempre gana, aunque tenga que ir unido a una pataleta. Si la ganancia es una realidad constante las cuentas en ocasiones se han visto limitadas o incluso cerradas salvando así los márgenes de beneficio de nuevo del sector de las apuestas. Si no fuera porque las apuestas no son un juego ni una película, hay a quien le podrían sonar al más puro estilo Corleone, estos datos se cruzan entre las empresas de la industria de las apuestas y es que la familia es lo más importante, nunca vayas en contra de la familia, el sector de las apuestas nunca se traiciona a sí mismo.

 

Tómese está recopilación (parcial) como una llamada a la reflexión, al cuestionamiento de quienes campan a sus anchas, a la atención como una forma de desenmascarar las estrategias de una industria que opera sin escrúpulos y que, con total impunidad, convierte el sufrimiento de miles de personas en una fuente constante de ingresos. No se trata solo de una cuestión individual, sino de un problema estructural que requiere de prevención desde la evidencia científica, acción colectiva, regulación firme y voluntad política. Señalar las trampas del sector de las apuestas no es alarmismo, es responsabilidad. Y cuanto antes se comprenda la magnitud del daño, antes se podrá actuar para poner freno a un negocio que crece a costa de la salud pública.

 

Información y ayuda: www.azajer.com