Para siempre. Día Internacional de la muerte gestacional y perinatal
Amaya, Laura y Pilar. Asociación Red el Hueco de mi Vientre
15 de octubre de 2025
Durante el mes de octubre, en todo el mundo, se busca dar visibilidad a una realidad silenciada durante mucho tiempo: la muerte gestacional y perinatal. El 15 de octubre se conmemora el Día Internacional del Recuerdo de los bebés que mueren en el vientre materno o poco después de nacer. Ese día, miles de familias encienden una vela en distintos lugares del planeta, creando la llamada Ola de Luz, un gesto simbólico que une corazones en el dolor y en el amor, y que recuerda a la sociedad que estas vidas, aunque breves, dejaron huella.
Hablar de la muerte perinatal es hablar de un duelo único y profundo, muchas veces incomprendido. La llegada de un hijo suele imaginarse llena de esperanza, de proyectos y de futuro. Cuando ese futuro se interrumpe de manera abrupta, las familias no solo enfrentan la pérdida de un ser amado, sino también la ruptura de sueños, de expectativas y de la identidad que estaban construyendo como madres y padres. El silencio social, la falta de comprensión y la invisibilización del dolor pueden hacer aún más difícil transitar este duelo.
Por eso es fundamental dar espacio al recuerdo y a la palabra. Nombrar a nuestros hijos, aunque no estén físicamente, es una forma de reconocer su existencia, de darles un lugar en nuestra historia y en nuestra familia. Decir sus nombres en voz alta no solo honra sus vidas, también ayuda a sanar y a integrar la pérdida en nuestra biografía sin negarla ni ocultarla.
Un duelo sano necesita tiempo, respeto y acompañamiento. Requiere que la sociedad en su conjunto entienda que la muerte perinatal no es una pérdida menor, sino la pérdida de un hijo, con todo lo que ello significa. Es vital contar con redes de apoyo; familiares, amigos, profesionales y asociaciones, que sostengan en los momentos de mayor fragilidad, y que validen el dolor sin juzgarlo ni apresurarlo.
Desde la Red el Hueco de mi Vientre unimos nuestras voces de madres y padres que hemos vivido la muerte de un hijo para acompañar a otras familias en este camino. Sabemos, porque lo hemos sentido en nuestra propia piel, que el duelo duele menos cuando no se vive en soledad. Creemos firmemente en la importancia de hablar, de recordar, de iluminar con amor esos huecos que dejan nuestros hijos, y de transformar el dolor en un motor de sensibilización y apoyo para otros.
La muerte perinatal nos recuerda la fragilidad de la vida, pero también la fuerza del amor. Un amor que no desaparece con la muerte, sino que permanece, se transforma y nos invita a dar un lugar eterno a quienes llegaron para cambiarnos para siempre.
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