Prevención del embarazo no planificado en adolescentes: Un reto tan global como local

Cristina Luna Álvarez

26 de septiembre de 2025

El 26 de septiembre se celebra el Día Mundial de la prevención del embarazo no planificado en adolescentes. Es muy probable que, en un entorno privilegiado como en el que estamos, esta no sea una realidad con la que nos encontremos en nuestro día a día, pero que no seamos conscientes de ella no significa que no suponga un problema global con un enorme impacto.

 

En España, en 2023, de cada 1000 mujeres entre 10 y 19 años, 5.4 se quedaron embarazadas. Esta cifra es mucho más alta en otras zonas del mundo, como en África subsahariana, donde alcanza 97.9 embarazos por cada 1000.

 

A nivel global, se calcula que cada año se dan alrededor de 10 millones de embarazos no planificados en mujeres de entre 15 y 19 años. Aproximadamente la mitad de ellos terminan en abortos y, en muchos casos, especialmente en países en vías de desarrollo, este no se realiza de manera segura, lo que pone en riesgo la vida y la salud de millones de jóvenes.

 

Y el riesgo no solo existe en aquellas adolescentes que deciden interrumpir la gestación, sino también en las que continúan adelante. Las madres adolescentes tienen más probabilidades de sufrir hipertensión durante el embarazo, infecciones, partos prematuros o recién nacidos con bajo peso.

 

Pero los efectos van más allá de la salud. Convertirse en madre demasiado pronto limita las oportunidades educativas y laborales, dificulta el desarrollo personal y puede aumentar el riesgo de caer en situaciones de pobreza.

 

¿Cómo podemos reducir el embarazo no deseado en la adolescencia?

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó varias razones por las que muchas mujeres y adolescentes dejan de usar anticonceptivos a pesar de no desear embarazo en el momento actual: temor a los efectos secundarios, problemas de salud, subestimar la probabilidad de quedar embarazada, dificultad en el acceso a los métodos anticonceptivos, coste económico, creencias religiosas o culturales. Actualmente disponemos de una variedad amplísima de anticonceptivos eficaces y seguros, pero la dificultad está en garantizar que todas las mujeres tengan acceso real a ellos.

 

Para lograrlo, es necesario acercar los servicios de salud a las mujeres, escuchar sus necesidades y ofrecer información clara que les permita elegir la opción más adecuada para ellas. Así, aumentarían las posibilidades de conseguir una anticoncepción efectiva, siempre que fuera ese su deseo

 

Esto es especialmente importante en el caso de adolescentes, que, además, obtienen actualmente gran parte de la información sanitaria de las redes sociales y plataformas similares –se calcula que el 80% de los jóvenes entre 15 y 19 años recurren a las redes sociales para obtener información relativa a la salud–.  En ocasiones, toda esta información ofrece datos erróneos o poco eficaces, por lo que es importante reforzar la educación sexual en la escuela, en las familias y en los servicios de salud, ofreciendo información clara, basada en la evidencia y adaptada al lenguaje juvenil. La información fiable y el diálogo abierto son los mejores aliados para que las jóvenes puedan tomar decisiones libres y responsables sobre su sexualidad y su futuro.

 

El objetivo debe ser, pues, garantizar el acceso universal a los servicios de atención de la salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar, la información y la educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y programas nacionales. Y es un reto de tal importancia, que este es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para 2030. Ya no nos queda mucho tiempo.