Salud mental y bifobia: una brecha invisible dentro del colectivo LGTBI+
Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Bisexualidad, una fecha instaurada en 1999 para visibilizar una orientación sexual que, pese a representar una parte muy importante de la diversidad sexual, continúa rodeada de estereotipos, dudas e incomprensión.
Según datos del Barómetro del CIS de enero de 2025 recogidos por la FELGTBI+, el 27,8% de las personas de entre 18 y 24 años se identifica como LGTBI+ y, dentro de este grupo, el 51,5% se identifica como bisexual. En el conjunto de la población LGTBI+, las personas bisexuales representan el 55%. A pesar de que estas cifras desmontan la idea de que la bisexualidad es una realidad marginal dentro de la diversidad sexual humana, continúa siendo una de las orientaciones más cuestionadas e invisibilizadas. Y esto importa directamente cuando hablamos de salud mental.
Cuando la identidad se convierte en algo que hay que demostrar
La bifobia no siempre adopta la forma evidente de un insulto o una agresión. También aparece en comentarios aparentemente inocentes: «¿Pero entonces eres hetero o gay?», «Eso es una fase», «En realidad eres heterocuriosa» o «Ya se te pasará». Estas afirmaciones transmiten el mensaje de que la bisexualidad necesita ser explicada, demostrada o confirmada constantemente.
Una persona bisexual puede experimentar rechazo tanto desde contextos heterosexuales como desde algunos espacios LGTBI+, donde también puede encontrarse con la idea de que la atracción hacia más de un género constituye una identidad menos legítima o provisional. La investigación ha identificado precisamente estos factores —discriminación, invisibilidad, ocultación de la orientación y falta de apoyo afirmativo— como estresores específicos de la población bisexual. Esto no significa que ser bisexual provoque problemas de salud mental. Significa algo diferente: las condiciones sociales en las que muchas personas bisexuales viven su orientación pueden generar un estrés de minoría añadido.
Una de las señales más preocupantes: la conducta suicida
La situación resulta especialmente preocupante cuando hablamos de conducta suicida. Una revisión sistemática y metaanálisis de 46 estudios encontró que las personas bisexuales presentaban las mayores proporciones de ideación e intento de suicidio entre los grupos de orientación sexual analizados. Concretamente, hasta un 45% de las mujeres bisexuales y un 35% de los hombres bisexuales han considerado el suicidio a lo largo de su vida, superando las tasas registradas en personas lesbianas, gays y heterosexuales. La investigación apunta hacia el peso de factores sociales y relacionales como la discriminación, la victimización, el aislamiento, la ocultación y la falta de apoyo.
Por eso, ante estos datos, quizá la pregunta no debería ser «¿qué les ocurre a las personas bisexuales?», sino también “¿qué estamos haciendo como sociedad para que una persona tenga que ocultar, justificar o defender quién es?”.
La consulta sanitaria también puede convertirse en un espacio de invisibilidad
El ámbito sanitario tampoco está al margen de esta realidad. La encuesta europea de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea mostró que el 16% de las personas LGTBI encuestadas había experimentado discriminación al entrar en contacto con personal sanitario o de servicios sociales. Aunque estos datos corresponden al conjunto de la población LGTBI+ y no específicamente a las personas bisexuales, ayudan a comprender la importancia de construir espacios asistenciales seguros.
Para una persona bisexual, esto puede implicar algo tan sencillo, y tan importante, como que su orientación no sea interpretada automáticamente a partir de la persona con la que mantiene una relación. Una mujer que tiene pareja masculina no deja de ser bisexual. Un hombre que mantiene una relación con otro hombre tampoco deja de serlo. La orientación sexual no cambia porque cambie la pareja. Parece obvio; sin embargo, precisamente esa obviedad continúa siendo necesaria.
El problema de los datos que no vemos
También necesitamos mejorar la investigación. Durante años, muchos estudios han agrupado bajo la categoría «LGTBI+» realidades diferentes, dificultando la identificación de necesidades específicas. Si los datos no se desagregan, determinadas desigualdades pueden quedar ocultas y resultar más difícil diseñar intervenciones adecuadas.
Hablar de salud mental y bisexualidad exige, por tanto, mirar más allá del diagnóstico individual. Necesitamos profesionales sanitarios formados para trabajar desde una perspectiva afirmativa y libre de presupuestos monosexistas. Necesitamos investigaciones que permitan conocer mejor estas desigualdades y necesitamos espacios familiares, educativos, comunitarios y sanitarios donde una persona no tenga que demostrar quién es. La respuesta no pasa por patologizar la bisexualidad, sino por reducir las condiciones que generan sufrimiento y aumentar los factores que protegen la salud mental.
Visibilizar también es cuidar
Visibilizar no significa simplemente añadir una letra a unas siglas. Significa reconocer que cada orientación sexual puede estar atravesada por experiencias específicas de discriminación y que esas experiencias importan cuando hablamos de salud. Porque quizá el primer paso sea dejar de preguntar a las personas bisexuales cuándo van a decidirse y empezar a preguntarnos qué ocurre cuando una persona pasa demasiado tiempo intentando convencer a los demás de que su identidad es real. Ser visto, escuchado y reconocido no es un privilegio: también forma parte de cuidar la salud mental.

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