Viaje a Catarroja: Perspectiva de un bombero voluntario

Aitor Abadías Pelegrín

06 diciembre 2024

He viajado voluntariamente hasta Valencia a través de Bomberos y Ayuntamiento de Huesca. El servicio ha facilitado el transporte  y materiales necesarios, pero no se han eliminado los turnos de trabajo, por lo que hemos tenido que cambiarnos las guardias para poder ir. Como colectivo, desde que se conoció el desastre que había causado la DANA, nos organizamos para ir y se le transmitió a Jefatura, quienes empatizaron con nosotros pero no autorizaban el traslado a la zona porque necesitaban el permiso del Gobierno de Aragón. Finalmente, el 2 de noviembre dieron luz verde y fuimos un grupo de 8 bomberos profesionales del Ayuntamiento de Huesca. Nos dirigimos al puesto de mando avanzado (PMA), quienes nos indicaron que nuestro sector de trabajo era el sector III de Catarroja.

La primera noche trabajamos todo el tiempo. Habían pasado 4 días desde la catástrofe, que unidos a los testimonios de los habitantes y una previsión de más de 1000 desaparecidos, hicieron que nos mentalizáramos que encontraríamos muchos fallecidos. Estuvimos trabajando en los accesos al parking de la Plaza Mayor, los cuales estaban totalmente obstruidos por escombros, coches y lodo. Los testigos afirmaban que esas entradas habían hecho de aspirador, succionando todo lo que estaba flotando alrededor. Gracias a la ayuda de nuestro camión y la coordinación con un grupo de tractores de Aragón, al amanecer, todas esas vías estaban libres tanto para los vecinos como para empezar a achicar el agua.

Posteriormente, el PMA ordenó otras funciones, que consistieron principalmente en sacar agua de garajes y certificar que no había fallecidos, ya que en algunos edificios no estaban seguros si estaban todos los vecinos.

El problema fundamental fue el tiempo, puesto que algunos garajes constaban de dos plantas y eso implicaba una gran cantidad de agua. Las bombas de agua que tenemos se utilizan para eliminar el agua de inundaciones comunes pero no tienen la potencia necesaria para una situación de esta magnitud. A esto se añadía el inconveniente de hacia dónde se achicaba el agua: si se hacía a la calle, provocabas problemas a los vecinos que vivían en la parte baja; si se echaba a las alcantarillas, muchas estaban obstruidas, por lo que aumentabas ese atasco. Esto hizo que elimináramos el agua de tal manera que las alcantarillas pudieran soportarlo, sin saturar más de lo que ya estaba todo.

También dimos asistencia técnica, como la apertura de puertas de locales, las cuales el agua había forzado y aplastado con otros objetos; apertura de puertas de pisos; y ayuda a personas mayores y personas con movilidad reducida a salir de sus casas.

Personalmente, cuando llegamos a Catarroja, me sentí en un escenario de guerra. No había luz en las calles, estaba todo inundado, muchísimo barro, miraras donde miraras había destrucción: locales, calles, mobiliario urbano, miles de coches dañados. Se sentía la soledad y el silencio abrumador.

Durante el día comenzamos a ver a los habitantes salir a la calle, momento en el que nos relataban sus experiencias. Al principio intentas hacerte una coraza para que no te afecten, pero al final van calando. Una historia que me impactó fue cuando vi a una familia entera con sus botas de agua acercarse a puntos de recogida de alimentos, productos de limpieza o ropa. No tenían nada, los centros comerciales estaban destruidos, así que pedían productos como comida o lejía para poder limpiar. Otras personas nos contaban que habían perdido su negocio, algunos iniciados hacía un año, sus casas e incluso algún familiar. Todo esto te ayuda a analizar y valorar todo lo que tienes.

Siento que la vida me ha dado una lección de humildad y humanidad. He visto como personas que no tenían nada nos ofrecían bocadillos, café o lo que necesitáramos; nos hemos sentido muy arropados y muy bien cuidados. Rechazábamos esas ofertas puesto que teníamos claro que íbamos a trabajar, además que en ningún momento nos ha faltado ni comida, ni alojamiento. El Gobierno de Aragón nos facilitó pernoctar en un hotel, pero nos parecía poco operativo ya que estaba a más de una hora en coche. Como alternativa nos ofrecieron descansar en las aulas de un colegio, y como disponíamos de sacos y esterillas, nos encajaba más por ser más operativo y eficaz. Habíamos ido hasta allí para trabajar al máximo nivel durante 4 días, un desplazamiento tan largo nos restaba mucho tiempo.

En ese colegio se recogían alimentos y artículos de limpieza, así que cada vez que íbamos a descansar, que serían aproximadamente 3-4 horas al día, nos proporcionaban cena y productos de aseo ya que tampoco había duchas.

Sabíamos en qué condiciones íbamos a estar y lo aceptábamos. Ahí íbamos a sacar el trabajo adelante, siempre dando lo mejor de nosotros mismos, lo demás era secundario. Este alojamiento lo compartíamos con unos 100 bomberos, entre ellos el ERICAM de Madrid, un servicio especial de emergencias en grandes catástrofes.

Me llamó la atención que los baños y zonas comunes estaban limpios día tras día. Todo gracias a los voluntarios que acudían allí para que tuviéramos un mínimo de comodidad. Clasificaban también todo lo que recibían según las necesidades: utensilios de limpieza de las calles, productos de higiene para mayores y menores, caducidades de los alimentos recibidos, etc. Estaba todo muy organizado. Estas personas que actuaban altruistamente no van a salir en los medios de comunicación, pero su labor es enorme.

Volví con la sensación de que quedaba aún mucho trabajo por hacer. Por eso, en cuanto compensé las horas no trabajadas, sin descansar apenas entre guardias, me ofrecí voluntario para ir de nuevo.

La segunda vez noté mucho cambio. Había voluntarios con tractores y excavadoras, mucho personal del ejército, muchas empresas privadas dedicadas al desatasco del alcantarillado y mucho personal que trabaja en incendios forestales (INFOAR). Todos estos medios sirvieron de gran ayuda y la situación iba mejorando poco a poco y día a día.

Fue increíble la marea de gente, sobre todo personas jóvenes, que venía andando desde Valencia con cepillos, palas y botas de agua. Tenían una distancia de más de 1 hora y, aun así, se ponían a quitar barro. Estaban disponibles para cualquier tarea, preguntaban constantemente si necesitábamos ayuda. Es llamativo la actuación de estas personas altruistas en comparación con la administración, que ha fallado en coordinación de medios y  tiempo de respuesta.

Sigue siendo devastador, pero ya se puede circular por algunas calles y hay algún pequeño comercio abierto. Comienza a haber vida en las ciudades y esto anima. Por contra, cuando te alejas de las urbes, los descampados están llenos de escombros y coches, ya que los sacan de las calles y los desechan a las afueras para una mejor accesibilidad para su eliminación.

Mi sensación es que queda mucho por hacer. Gracias a la gente de a pie esta situación está remitiendo día a día, gracias al altruismo y a la humanidad de las personas que se han desplazado a la zona cero, están saliendo adelante. Es lo mejor que ha sacado esta catástrofe. Me quedo con eso.