Comunicación afectiva y sexual desde la infancia: El papel de Atención Primaria

Laura Frac Losantos

4 de marzo de 2026

La educación afectiva y sexual forma parte del crecimiento de niños y adolescentes. No se trata solo de hablar de sexualidad, sino de aprender a relacionarse, a respetarse a uno mismo y a los demás, y a tomar decisiones saludables a lo largo de la vida. Contar con información clara, veraz y adaptada a cada edad es fundamental para el bienestar emocional y social de los menores.

 

Hoy en día, muchos niños y adolescentes acceden muy pronto a la tecnología. Internet y las redes sociales ofrecen información inmediata, pero no siempre adecuada a la edad del menor e incluso a veces no fiable. Cuando la sexualidad se aprende a través de mensajes confusos o poco realistas, pueden aparecer miedos, dudas, expectativas irreales y problemas emocionales, especialmente durante la adolescencia.

 

Además en las últimas décadas, los sistemas de vigilancia epidemiológica de infecciones de transmisión sexual han detectado un considerable aumento de dichas infecciones, como la infección gonocócica, sífilis, Clamydia trachomatis y otras infecciones de este grupo.

 

Hablar de sexualidad no es algo puntual, sino un proceso que comienza en la infancia y continúa a lo largo de la vida. La familia y la escuela juegan un papel fundamental, pero también el entorno social. Los adultos educamos con nuestras palabras, pero también con nuestros silencios, gestos y actitudes. Incluso cuando evitamos el tema, estamos transmitiendo mensajes que los niños interpretan.

 

Si los menores no cuentan con un acompañamiento adecuado, pueden formarse ideas equivocadas sobre las relaciones y la sexualidad, lo que aumenta el riesgo de conductas poco saludables. Por eso, es importante crear espacios seguros donde puedan preguntar, expresar dudas y recibir respuestas adaptadas a su edad.

 

Para fomentar esa correcta eduación sexual, reforzar el vínculo de comunicación en la familia al respecto o resolver dudas que tanto al menor como a los padres pudieran surgir, el equipo de atención primaria puede ser un buen referente al respecto, ya sea en consulta con el menor y familiar o como actividad comunitaria en la escuela u otros.

 

 

La Atención Primaria como espacio de confianza

 

La consulta de Atención Primaria es un lugar cercano y habitual para las familias, y puede convertirse en un espacio de confianza para abordar la educación afectiva y sexual.

 

Desde el nacimiento hasta la edad de 14 años se desarrolla el programa de revisión del niño sano que incluye revisiones periódicas del correcto desarrollo psicofísico del menor. Esta actividad longitudinal en el tiempo hace que el personal de enfermería y médico responsable de estas revisiones creen un vínculo muy estrecho con el menor y sus familiares, donde la confianza se hace fuerte y esto se puede utilizar para fomentar la enseñanza en educación afectiva y sexual.

 

Durante las revisiones del niño sano, especialmente alrededor de los 12 años, los profesionales sanitarios pueden valorar qué información tiene el menor y ofrecer orientación sencilla y comprensible. Es justo en esta revisión donde a niñas y niños se administra la vacuna frente al Virus del Papiloma Humano (VPH), lo que permite introducir de forma natural la importancia del cuidado del cuerpo y la prevención de enfermedades. La presencia de los padres en estas consultas facilita el diálogo familiar y refuerza su papel como principales referentes.

 

El contacto continuado con el personal de enfermería y el equipo sanitario a lo largo de la infancia ayuda a generar un clima de cercanía y seguridad, donde hablar de estos temas resulta más sencillo y natural.

 

 

Aprender en comunidad

 

Además del ámbito sanitario, muchos centros educativos desarrollan programas de educación afectiva y sexual adaptados a las distintas edades. Estas iniciativas ayudan a los niños y adolescentes a conocerse mejor, a respetar la diversidad y a establecer relaciones basadas en el cuidado y el respeto mutuo.

La colaboración entre centros educativos y equipos de Atención Primaria, a través de charlas o talleres, refuerza los mensajes y contribuye a una educación más completa y coherente.

 

 

Beneficios que van más allá de la información

 

Cuando la educación afectiva y sexual se aborda de forma adecuada, los beneficios son claros. Los niños y adolescentes adquieren herramientas para tomar decisiones responsables, retrasar conductas de riesgo y aprenden a cuidarse física y emocionalmente.

 

Además, una buena educación afectiva y sexual contribuye a prevenir infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados y situaciones de violencia o abuso, favoreciendo un desarrollo más sano y una mayor satisfacción personal y social.