La infertilidad; Una epidemia silenciosa y silenciada

Laura Lasso-Olayo
4 de junio de 2025

Cada año, el día 4 de junio, se celebra el Día Mundial de la Fertilidad. Algunos objetivos de esta celebración son generar conciencia sobre los problemas de infertilidad, reducir el estigma que existe y visibilizar la infertilidad como un problema de Salud Pública que afecta tanto a hombres como a mujeres.

 

Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 17,5% de la población adulta mundial, es decir, una de cada seis personas, padece infertilidad en algún momento de su vida. A pesar de ser un problema muy frecuente, muchas personas viven este problema en silencio, debido a la vergüenza que sienten y al estigma social que existe.

 

Son muchas las causas que pueden generar infertilidad. En las mujeres, entre las causas más comunes se encuentran los problemas en la ovulación que se pueden dar, por ejemplo, en el síndrome de ovario poliquístico (SOP) o en la insuficiencia ovárica prematura. Además, existen otras causas como la endometriosis, obstrucciones en las trompas de Falopio o condiciones uterinas como malformaciones que pueden llevar a infertilidad. En los hombres, los problemas de infertilidad se suelen relacionar con la calidad y la producción del esperma. De este modo, la astenozoospermia (movilidad deficiente de los espermatozoides) y la oligospermia (cantidad deficiente de espermatozoides) se presentan como fenómenos comunes. Otros factores como problemas hormonales, infecciones o varicocele pueden también influir.

 

Además, factores como la alimentación, la edad y el estilo de vida pueden afectar en ambos sexos a la fertilidad. Llevar a cabo una alimentación saludable,  realizar ejercicio físico, reducir el estrés, mantener un peso saludable y evitar sustancias nocivas como el alcohol y el tabaco, puede aumentar las probabilidades de concepción de manera natural y mejorar los resultados de los tratamientos de fertilidad.

 

Socialmente, existen muchos mitos en torno a la infertilidad, que se van transmitiendo de generación en generación y pueden afectar a nuestro imaginario colectivo. Uno de ellos, es pensar que nuestra fertilidad es infinita, o dicho de otro modo “que los 40 son los nuevos 30”. Biológicamente hablando, en muchas ocasiones las dificultades para concebir a esta edad se vuelven patentes. Más allá de los 35 años las posibilidades de embarazo disminuyen drásticamente y muchas mujeres, a partir de cierta edad tienen que recurrir a técnicas de reproducción asistida, pudiendo, en ocasiones, ser necesarios los óvulos de una donante, técnica conocida como ovodonación. Aunque en menor medida que la edad materna, la edad de los hombres también va a influir en la fertilidad.

 

Otro mito muy extendido es que la infertilidad es únicamente cosa de mujeres, sin embargo, el porcentaje de infertilidad por factor masculino y factor femenino se encuentran equiparados en torno a un 30-35%. Entre el 20-30% correspondería a factores que conciernen a ambos y el 10% restante representa los casos de infertilidad de origen desconocido.

 

Una creencia bastante habitual es que si ya tienes hijos no puedes ser infértil, sin embargo, se da en muchas ocasiones una condición conocida como infertilidad secundaria que consiste en la aparición de infertilidad cuando se tienen hijos previos. Es muy frecuente que una mujer haya tenido hijos, por ejemplo, antes de los 30, habiendo conseguido relativamente pronto el embarazo, y al volver a querer ser madre a los cuarenta, encontrar muchas dificultades para concebir. Aunque la edad tiene un peso importante en muchos casos de infertilidad secundaria, no es la única causa y es importante destacar que existen otras causas como por ejemplo las infecciones de transmisión sexual (ITS) que se hayan podido contraer tras la última gestación.

 

Otro mito que es necesario desterrar es que conseguir el embarazo es un proceso fácil ya que no siempre es así. En cada ciclo menstrual, en una mujer joven y sin problemas de fertilidad, que tiene relaciones en el período ovulatorio, la posibilidad de conseguir una gestación es aproximadamente del 20 al 25%. Este porcentaje disminuye al 15% a partir de los 30 años y se reduce al 3% en mujeres mayores de 38 años.

 

Se recomienda consultar con especialistas si se lleva más de un año intentando concebir sin conseguir embarazo o más de seis meses si se tienen más de 35 años, esto permitirá identificar y tratar problemas de fertilidad de manera temprana.

 

A pesar del gran avance en los últimos tiempos de las técnicas de reproducción asistida, debemos tener en cuenta que no son infalibles; usar una técnica de reproducción asistida no asegura que se vaya a conseguir una gestación. Ni siquiera técnicas como la ovodonación que actualmente es la que mayor tasa de éxito representa, puede asegurar una tasa de embarazo del 100%. Por eso es importante concienciar a la población de que hay periodos óptimos para concebir y la reproducción asistida no siempre va a ser la solución, en ocasiones el embarazo no va a llegar nunca.

 

La OMS destaca que la infertilidad afecta al bienestar mental y psicosocial de las personas, pudiendo causar angustia, estigmatización y dificultades económicas. Asimismo, advierte que los tratamientos existentes son frecuentemente inaccesibles para muchas personas, debido a su alto costo, la limitada disponibilidad y las barreras sociales asociadas.

 

Son necesarias y urgentes políticas públicas que faciliten la maternidad y la conciliación real y de ese modo evitar la infertilidad por causa de edad avanzada. Además, es necesario que estas políticas universalicen y faciliten el acceso a los servicios públicos de reproducción asistida, ya que, en muchas ocasiones, los servicios privados son una puerta a la situación de pobreza que muchas personas adquieren para cumplir su sueño de ser madres y padres.

 

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