¿Qué son las intersexualidades? Diversidad corporal, salud y experiencias
Cada 26 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Intersexual (también conocido como Día de la Conciencia para la Comunidad Intersexual). Esta fecha invita a conocer una realidad todavía poco visible: no todos los cuerpos presentan las mismas características sexuales. ¿Qué significa, entonces, ser intersex?
Ser intersex significa nacer con variaciones en las características sexuales como los cromosomas, las hormonas, las gónadas (ovarios o testículos) o la anatomía genital y reproductiva, que no encajan en los patrones considerados típicamente masculinos o femeninos. No significa necesariamente tener genitales de ambos tipos. Algunas diferencias son visibles al nacer, otras se hacen evidentes en la pubertad y otras solo se descubren mediante pruebas médicas. Por eso hablamos de intersexualidades, en plural.
Variaciones visibles e invisibles
En algunos recién nacidos pueden observarse genitales externos diferentes de lo habitual: un clítoris de mayor tamaño, labios vulvares parcialmente fusionados o un pene más pequeño de lo esperado. Estos rasgos no bastan, por sí solos, para identificar una intersexualidad. Un ejemplo es la hiperplasia suprarrenal congénita: en algunas personas con cromosomas XX, el exceso de andrógenos durante el desarrollo fetal puede modificar los genitales externos. Sus formas más graves pueden provocar una pérdida excesiva de sal y deshidratación que requieren tratamiento urgente.
Otras variaciones no son visibles a simple vista. En el síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos, por ejemplo, una persona con cromosomas XY puede presentar genitales externos de apariencia femenina, testículos no descendidos y ausencia de útero. En ocasiones se descubre en la adolescencia porque no aparece la menstruación. También existen personas que desarrollan tejido ovárico y testicular y otras variaciones del desarrollo gonadal. No hay una apariencia física única de las personas intersex.
De forma orientativa, se distinguen variaciones cromosómicas (como 45,X o 47,XXY, cuya inclusión en el término intersex varía según las clasificaciones), hormonales (producción de hormonas sexuales o respuesta a ellas), gonadales (desarrollo de ovarios o testículos) y anatómicas (genitales u órganos reproductivos). Pueden combinarse, y no todas las personas con estas características se identifican como intersex. Algunas variaciones no requieren ningún tratamiento; otras precisan seguimiento especializado por necesidades de salud específicas. La atención debe responder a esas necesidades, no a la apariencia corporal.
Identidad y formas de nombrarse
Ser intersex no determina la identidad de género ni la orientación sexual. Entre las personas intersex hay mujeres, hombres y personas no binarias, con orientaciones sexuales diversas. Algunas prefieren denominarse “intersex”; otras hablan de “variaciones de las características sexuales” o utilizan el nombre de su diagnóstico. Respetar esa elección también forma parte del cuidado.
Salud, autonomía y derechos
Durante décadas, parte de la atención sanitaria incluyó cirugías genitales y tratamientos hormonales destinados a “normalizar” cuerpos infantiles, en ocasiones sin necesidad médica inmediata y sin que quienes los recibían pudieran consentirlos. Naciones Unidas y el Consejo de Europa han advertido de sus posibles consecuencias: dolor, cicatrices, pérdida de sensibilidad, problemas de fertilidad y sufrimiento psicológico. La cuestión no es rechazar toda intervención médica, sino diferenciar los tratamientos necesarios de las intervenciones irreversibles que pueden esperar.
En España, el artículo 19 de la Ley 4/2023 establece una atención basada en la no patologización, la autonomía, la intimidad y el consentimiento informado. Prohíbe las prácticas de modificación genital en menores de 12 años, salvo cuando las indicaciones médicas lo exijan para proteger su salud; entre los 12 y los 16 años solo las permite a solicitud de la persona menor si tiene madurez suficiente para consentir de manera informada. La Recomendación CM/Rec(2025)7 del Consejo de Europa insta a aplazar las intervenciones no consentidas sobre las características sexuales hasta que la persona pueda decidir, salvo excepciones estrictamente justificadas.
Pero el reconocimiento legal no elimina por sí solo el desconocimiento. Cuidar la salud de las personas intersex supone ofrecer información comprensible, seguimiento individualizado cuando esté indicado, apoyo psicológico si se necesita, atención a la fertilidad y a la salud sexual, acceso a la propia historia clínica y respeto a la confidencialidad. Para las familias, acompañar no debería equivaler a esconder; para los profesionales, cuidar tampoco debería significar decidir cómo debe ser el cuerpo de otra persona.
Comunidad, visibilidad y relatos propios
En paralelo, la comunidad intersex ha pasado del aislamiento a construir espacios propios de encuentro, apoyo y reivindicación, sin constituir un colectivo homogéneo. Organizaciones como Kaleidos, en España, y Brújula Intersexual, en el ámbito hispanohablante, contribuyen a compartir experiencias y a visibilizar la discriminación, también presente en la escuela, el empleo y el deporte. La visibilidad importa, pero nadie debería sentirse obligado a revelar información íntima para educar a los demás.
Una voz destacada es la de la escritora y activista Mer Gómez. En La rebelión de las hienas (2022), parte de su propia experiencia y del encuentro con otras personas intersex para mostrar cómo el silencio puede transformarse en reconocimiento y comunidad.
En Las hermafroditas del siglo XXI (2024), reúne los relatos de diez mujeres intersex mediante una metodología que denomina “soliloquios corporales” y plantea un cambio de mirada: de ser objetos de estudio a convertirse en sujetos políticos con voz propia. El término “hermafroditas” se utiliza aquí como reapropiación crítica; fuera de estos contextos, puede resultar inadecuado o estigmatizante.
Su novela Aske (2026) lleva estas preguntas al terreno de la ficción: Lola vive una adolescencia marcada por el diagnóstico y las expectativas ajenas sobre su cuerpo y su deseo. Las tres obras permiten acercarse a algo que ningún listado de diagnósticos explica por completo: qué significa crecer, relacionarse y construir una identidad bajo la mirada de los demás.
Ante la desinformación, la educación sanitaria y sexual debe incorporar la diversidad corporal desde la infancia, sin sensacionalismo. Escuchar a las personas intersex, informar sin estigmatizar y garantizar decisiones clínicas compartidas son responsabilidades concretas de instituciones, profesionales y sociedad. La pregunta ya no debería ser cómo hacer que todos los cuerpos encajen en una norma, sino cómo lograr que nadie tenga que renunciar a su integridad, su salud o su dignidad para ser reconocido.

Última entrada
¿Quieres colaborar con nosotros en la creación de artículos para la web?
Descarga aquí las normas de colaboración con OCODES para autores/as.

Entradas recomendadas


