Cuando el cuerpo sufre, la mente tiembla: Importancia de la salud mental en el proceso oncológico
12 de febrero de 2025
El tabaquismo, el consumo de alcohol, la exposición a factores contaminantes, la obesidad, el sedentarismo o el propio envejecimiento poblacional son algunos ejemplos de factores que favorecen la aparición de enfermedades oncológicas en nuestra sociedad.
Según el informe ‘Las cifras del cáncer en España 2025’, el número de diagnósticos oncológicos en nuestro país alcanzará los 296.103 casos en 2025 lo que supondría un incremento del 3,3% respecto al año 2024. Según dicho informe, este crecimiento no solo se producirá en España, sino que tendrá su reflejo en el resto del mundo.
Si bien es cierto que este aumento seguirá progresando en los próximos años, también es verdad que las tasas de supervivencia cada vez son mayores. En España, la supervivencia de los pacientes con algún tipo de cáncer es similar a la de otros países desarrollados, duplicándose en los últimos 40 años y es probable que, aunque lentamente, continúe aumentando debido a los avances en la investigación oncológica, obteniendo diagnósticos cada vez más precoces y administrando tratamientos más personalizados y eficaces.
La importancia de los aspectos psicológicos
Es evidente que el cáncer no solo afecta a nuestra salud física, sino que también puede afectar a nuestra salud psicológica. De hecho, un diagnóstico oncológico es unos de los sucesos más estresantes a los que puede enfrentarse una persona a lo largo de su vida. El impacto que genera en los pacientes y sus familiares se debe, entre otras cosas, al significado social que asociamos a la palabra ‘cáncer’.
Seguramente muchos de nosotros hemos pasado, directa o indirectamente, por esta enfermedad, hemos vivido experiencias similares y, por lo tanto, tenemos ideas asociadas a ella. El simple hecho de escuchar el término ‘cáncer’ ya genera diferentes emociones como miedo ante el futuro, tristeza por el diagnóstico o rabia ante la sensación de injusticia. Suelen aparecer preocupaciones sobre cómo pueden afectarnos los tratamientos, cómo poder encajar la enfermedad con nuestro día a día o cómo tolerar el miedo ante el peligro que supone el cáncer para nuestra propia vida. Esta inestabilidad, provocada por la incertidumbre, resulta complicada de gestionar emocionalmente dado que supone una pérdida de control y genera una mayor inseguridad.
Sin embargo, no debemos olvidar que todas estas inquietudes son reacciones naturales y necesitan procesarse adecuadamente favoreciendo su expresión con el objetivo de mejorar la adaptación a todos los cambios que supone esta enfermedad. Olvidar estos aspectos puede favorecer la aparición de trastornos mentales relacionados con la depresión o la ansiedad y algunos vinculados con traumas y estrés como el Trastorno de Estrés Agudo, el Trastorno de Estrés Postraumático o los Trastornos de Adaptación, entre otros.
Atención psicológica y cáncer
Acompañar a los pacientes y familiares durante este proceso para evaluar sus necesidades psicológicas y atenderlas de una manera equilibrada y personalizada resulta de vital importancia. Es en este contexto en el que la psicooncología adquiere su razón de ser como rama de la psicología que ofrece soporte a pacientes, familiares y profesionales en las diferentes fases por las que pueden transitar durante el proceso oncológico. Estas abarcan desde etapas iniciales como el diagnóstico o los tratamientos, pasando por intermedias como la supervivencia y la adaptación a los cambios y secuelas provocados por la enfermedad, hasta otras más avanzadas como los cuidados paliativos, durante los que se acompaña a las personas en el final de sus vidas, o el duelo de los familiares tras el fallecimiento del ser querido.
Ayudar en el manejo del estrés ante las pruebas, acompañar en la toma de decisiones favoreciendo el papel activo y autónomo del paciente o facilitar una comunicación abierta, flexible y sincera entre pacientes, familiares y equipos sanitarios, son algunos ejemplos que resultan cruciales durante todo este proceso, puesto que pueden ayudar a incrementar la sensación de control, reduciendo el malestar y mejorando la adaptación a esta enfermedad.
En definitiva …
Teniendo en cuenta el impacto que genera el cáncer en la salud física de quienes lo sufren, no podemos subestimar la influencia de los aspectos emocionales durante todo este proceso. Resulta de vital importancia hacer hincapié en la necesidad del acompañamiento psicológico profesional durante todo el proceso de enfermedad. Para ello es indispensable establecer un enfoque holístico e integral en el que equipos multidisciplinares podamos colocar a las personas afectadas en el centro de los cuidados, ayudando a mejorar su experiencia, haciéndola lo menos estresante posible dentro de lo que podríamos considerar un malestar absolutamente natural.

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