Enredado acompañando vidas adolescentes

José Miguel Ausejo Sanz

26 Febrero 2025

Acompañar adolescencias y adolescentes es una tarea exigente, que en no pocas ocasiones origina malestar, preocupación e incertidumbre sobre el camino que se recorre de forma conjunta. Es cierto que del mismo modo proporciona momentos vitales de gran satisfacción, y experiencias muy enriquecedoras.

Acompañar supone caminar al lado, tener paciencia, plantear las preguntas acertadas, mostrar disponibilidad, mantener el buen humor, ser oportuno, saber retirarse a tiempo para volver a intentarlo en otro momento.

Algo tan vital, cambiante, diverso e individual como la vida adolescente obliga a quienes se muestren interesados en llevar a cabo esta tarea, a mantenerse en contacto con “las adolescencias y los adolescentes” como espacio de conocimiento. A trabajar junto a otros profesionales que nos ayuden a no perder la dirección a no vernos sobrepasados, y a no quedarnos atrapados en prácticas que con frecuencia no dan respuestas suficientemente adecuadas a las realidades que se nos presentan.

Una sencilla sugerencia de entrada; esta tarea no parece muy recomendable para aquellos o aquellas que no toleren muy bien el movimiento y los cambios, que anden justitos de paciencia, o que lo crean tener todo claro y resuelto.

Me atrevo a proponer cuatro ideas surgidas del trabajo diario junto a adolescentes, y de la experiencia de otras compañeras y compañeros en ese transitar por las adolescencias. Son discutibles y probablemente tengan fecha de caducidad, pero es posible que nos puedan ayudar a recorrer estos territorios. Señalan aspectos que, a mi modo de ver, resultan necesarios en la propuesta de acompañar adolescencias y adolescentes.

Un primer aspecto gira en torno a la escucha. Una escucha dispuesta a emplear tiempo, que no siente incomodidad con los silencios, que en ocasiones recoge todo el malestar y el sufrimiento presente en sus vidas. Que no interpreta ni juzga, sino que, sencillamente, demuestra interés por sus intereses y preocupaciones. Escuchamos con amabilidad, mostrando curiosidad por entender, sin prisa. Una escucha que no agobia ni interroga. Que reconoce el momento de parar, y lo sugiere de un modo sensible. Que no tiene respuestas para todo, y se toma el tiempo necesario para pensar sobre como continuar, y que muestra disponibilidad.

El segundo aspecto se enfoca en la validación del sufrimiento y de los malestares, así como de las preocupaciones que pueda presentar. De este modo se podrá sentir reconocido el adolescente. Damos valor a sus expresiones, las confirmamos. Se puede sentir dolor, tristeza, rabia, alegría, asco … En definitiva, permite al adolescente o a la adolescente reconocerse a través de la mirada del otro. No propongo una técnica o táctica para acompañar, lo que sugiero es que el reconocimiento de sus vivencias nos aproxima y contribuye a que lo que podamos compartir tenga un valor diferente. Este reconocimiento trasluce que, a pesar de lo vivido y experimentado, la relación con adultos que conectan con mis malestares, y que no me proponen que no sienta lo que siento puede resultarme de ayuda.

Un tercer aspecto lo sitúo en relación con el trabajo sobre el modo en el que miramos. Nuestra mirada sobre las adolescencias y los adolescentes debe ser amable. Ha de tratar de rescatar lo positivo, reforzando los logros. Una mirada que intuye lo que hay de oportunidad. Mirar de forma acogedora, que nuestro modo de mirar busque que cada adolescente se pueda sentir que forma parte del lugar en el que nos encontremos, que dispone de sitio, y que su participación es importante. Convendrá educar la mirada en la sensibilidad precisa para poder apreciar los cambios, pudiendo adecuarnos en cada momento.

Por último, señalar la necesidad de construir un espacio confiable que proporcione seguridad, y que también pueda mostrar preocupación. Un espacio que favorezca la experimentación fuera del mismo y al que poder regresar sabiendo que es capaz de sostener. Este espacio confiable tolera ser puesto a prueba, y no juzga. En el trascurso del tiempo quizás podremos observar cómo algunas de las ideas que se comparten en el mismo resultan de interés para el adolescente pudiendo originar cambios en sus actuaciones.

Como trataba de expresar al inicio espero que estas ideas puedan resultar de interés para quien camine junto a adolescentes, al menos generando cierta reflexión, con el ánimo de que todos podamos acompañar mejor.