“Salir de una depresión es cuestión de voluntad”: Mito o realidad
Carlos Navas Ferrer
4 de octubre de 2026
“Tienes que poner de tu parte”. “Anímate”. “Si quisieras, podrías salir de esto”. Son frases que probablemente muchas personas con depresión han escuchado alguna vez. Suelen pronunciarse con buena intención, pero parten de una idea equivocada: que superar una depresión depende, en gran medida, de la voluntad de quien la padece.
Con motivo del Día Europeo de la Depresión, que se celebra el 4 de octubre, merece la pena detenerse en este mito. Porque la ciencia muestra una realidad bastante más compleja.
Uno de los síntomas característicos de la depresión es la anhedonia, es decir, la pérdida de interés o de placer por actividades que antes resultaban agradables. Una persona puede dejar de disfrutar de salir con amigos, hacer deporte, escuchar música o practicar sus aficiones. Pero la anhedonia no afecta únicamente al placer. También puede alterar la motivación para hacer el esfuerzo necesario para conseguir algo que, en otras circunstancias, resultaría gratificante.
Una revisión sistemática publicada en Clinical Psychology Review analizó 44 estudios con 2.759 participantes para estudiar precisamente la relación entre depresión, motivación y esfuerzo. Los investigadores comprobaron que la depresión y la anhedonia se asociaban, en determinadas tareas, con una menor disposición a realizar esfuerzo físico o mental a cambio de una recompensa. El efecto era especialmente consistente en algunos experimentos que exigían decidir si merecía la pena afrontar una tarea más difícil para obtener un beneficio mayor.
Este resultado tiene una consecuencia importante para nuestra manera de entender la enfermedad. A veces interpretamos desde fuera la falta de actividad como falta de voluntad: “no sale”, “no hace nada”, “no se esfuerza”. Sin embargo, la dificultad para movilizarse puede formar parte de la propia depresión. Pedir a alguien que simplemente “le eche ganas” puede ser, por tanto, parecido a pedirle que venza mediante voluntad uno de los síntomas de su enfermedad.
Esto no significa que la persona con depresión sea un sujeto pasivo ni que sus decisiones no tengan importancia. La recuperación requiere con frecuencia participación activa: pedir ayuda, seguir un tratamiento, establecer pequeños objetivos, recuperar rutinas o aprender nuevas estrategias para afrontar las dificultades. Pero una cosa es reconocer el papel que tiene la persona en su recuperación y otra muy distinta hacerla responsable de conseguirla únicamente mediante fuerza de voluntad.

Una segunda revisión sistemática, publicada en Psychotherapy and Psychosomatics, ayuda a entender esta diferencia. Los investigadores analizaron 27 estudios que recogían las experiencias de 939 personas que habían pasado por una depresión. Identificaron nada menos que 134 factores relacionados con la recuperación. Se agrupaban en ocho grandes ámbitos: relaciones sociales, reconstrucción de la propia identidad, autonomía, apoyo profesional, estrategias personales, salud física, circunstancias prácticas (el empleo, la vivienda o la situación económica) y el propio paso del tiempo y evolución de la enfermedad.
La voluntad aparece, sí. La determinación, la responsabilidad personal, la confianza o la capacidad para tomar decisiones fueron descritas por algunos pacientes como elementos útiles. Pero aparecen junto a muchos otros factores. El apoyo de familiares y amigos fue señalado repetidamente, al igual que la psicoterapia, las actividades significativas, el ejercicio, los hábitos saludables o el contacto con otras personas que habían vivido experiencias semejantes.
También existen circunstancias que pueden dificultar la recuperación y que difícilmente dependen de “querer” o “no querer”: problemas económicos, inestabilidad laboral o de vivienda, listas de espera, dificultad para acceder a servicios sanitarios o estigma social.
En definitiva …
La recuperación de la depresión es compleja y multifactorial. Quizá, por eso, deberíamos sustituir el “tienes que poner más de tu parte” por otra pregunta mucho más útil: “¿Qué necesitas para poder empezar a encontrarte mejor?”. Porque recuperarse implica a la persona, pero no depende únicamente de su voluntad. Y comprender esa diferencia también forma parte de combatir el estigma de la depresión.

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