Actividad física: Un antídoto eficiente contra la depresión (I)
David Navarrete-Villanueva y Adrián Hernández-Vicente
13 de enero de 2025
La depresión se ha convertido en una de las principales amenazas para la salud pública mundial. Con más de 300 millones de personas afectadas en el mundo, este trastorno mental es hoy en día la principal causa de discapacidad a nivel global según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Europa, alrededor del 7,3% de la población adulta sufrirá de depresión a lo largo de su vida y, según el Ministerio de Sanidad, en España la cifra alcanza un alarmante 5,3%, afectando a más del doble de mujeres (7,2%) que de hombres (3,2%).
Sin embargo, la depresión no solo afecta a quienes la padecen: su impacto económico es igualmente preocupante. Según la OMS, la depresión genera un coste global de alrededor de 1 billón de dólares cada año, una cifra que no solo refleja los gastos sanitarios, sino también las pérdidas asociadas a la reducción de la productividad laboral.
La actividad física como herramienta de prevención de la depresión
En este contexto, la OMS ha señalado una vía esperanzadora para combatir este problema: la actividad física. Según un informe reciente, si la población mundial cumpliera con las recomendaciones mínimas de actividad física diaria se podrían evitar hasta un 13% de los casos de depresión y se reducirían de manera significativa los costes sanitarios derivados de esta enfermedad.
El insuficiente nivel de actividad física en la población está directamente asociado con un aumento en los casos de depresión. De hecho, se estima que un 43% de los nuevos casos de enfermedades no transmisibles (ENT) estarán relacionados con los trastornos depresivos, lo que representa un enorme desafío para los sistemas de salud. Y no solo eso, aproximadamente el 28% de los costes directos del tratamiento de las ENT se destinan a la depresión, lo que subraya la magnitud de su carga económica y la necesidad urgente de medidas preventivas.
Es fundamental comprender que cuando hablamos de «actividad física», no nos referimos exclusivamente a lo que vulgarmente se denomina “hacer deporte”. La actividad física abarca todas aquellas acciones que incrementan el gasto energético, como caminar, subir escaleras o realizar tareas domésticas. Por otro lado, el «ejercicio físico» hace referencia a actividades estructuradas y planificadas, como el entrenamiento aeróbico o el de fuerza. Ambas son esenciales para mejorar la salud mental, pero lo que realmente marca la diferencia es la regularidad y la intensidad de la actividad.
La OMS recomienda que todos los adultos (18-64 años) deben realizar actividad física con regularidad acumulando, a lo largo de la semana, entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o bien un mínimo de entre 75 y 150 minutos de actividad física de alta intensidad. Además, aconseja que en este grupo de edad se realicen actividades de fortalecimiento muscular de intensidad moderada-alta dos o más días a la semana. En otros grupos de edad y en otras situaciones de salud, como el embarazo, las recomendaciones pueden variar y adaptarse a las circunstancias (para más detalles puedes consultar las recomendaciones de la OMS aquí).
Numerosos estudios respaldan esta relación entre ejercicio físico y prevención de la depresión. Investigaciones publicadas en revistas prestigiosas como JAMA Psychiatry demuestran que la actividad física puede ser tan eficaz como los tratamientos psicológicos en la reducción de los síntomas depresivos. Pero eso no es todo: en algunos casos, incluso resulta una alternativa más accesible y económica. Por ejemplo, una revisión de la literatura científica liderada por Schuch en el año 2018 demuestra que el ejercicio regular puede reducir significativamente los síntomas de depresión, llegando a evitar, en muchas ocasiones, la necesidad de tratamientos farmacológicos. Además, estudios recientes resaltan que pequeños cambios pueden marcar la diferencia: caminar al menos 7,000 pasos al día puede reducir el riesgo de depresión en un 31% en comparación con quienes caminan menos.
La desinformación y la necesidad de conocer la realidad basada en ciencia
A pesar de la evidencia científica que respalda el impacto positivo de la actividad física en la prevención y tratamiento de la depresión, persiste una considerable desinformación al respecto. Asimismo, muchas personas todavía desconocen los beneficios de la actividad física en la salud mental. Este artículo es el primero de una serie de tres que se publicarán en el Observatorio Contra la Desinformación en Salud (OCODES), donde profundizaremos en los múltiples beneficios de la actividad física en la lucha contra la depresión, desmentiremos mitos comunes y ayudaremos a cambiar la percepción sobre este tema basándonos en la ciencia.

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