Autolesiones: El clamor de la piel

Alba Zorrilla Blasco y Tatiana Simal Galindo

2 de marzo de 2025

El día 1 de marzo se celebra el Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión que tiene el objetivo de visibilizar estas conductas, concienciar a la población y apoyar a aquellas personas y familiares que las sufren.

 
¿Qué se entiende por autolesión?

Una autolesión es aquel acto consciente y voluntario que comete una persona para provocarse daño en alguna parte del cuerpo, pero que carece de intención mortal, por lo que también se denominan autolesiones no suicidas (ANS).

Engloban una variedad de actos desde cortarse (cutting), morderse, rascarse, quemarse, arrancarse pelo o hurgar en heridas previas a acciones más indirectas como sobreingestas medicamentosas, atracones de comida, ingesta masiva de alcohol o de otras drogas, conductas de elevado riesgo, etc. Las más frecuentes son los cortes, sobre todo en antebrazos, pecho, piernas y abdomen.

Estas conductas, aunque pueden darse a cualquier edad, parecen ser más frecuentes durante la adolescencia y la juventud; de hecho, la edad de inicio se sitúa entre los 11 y los 13 años. Por otro lado, suelen ser más habituales en las adolescentes y su prevalencia ha aumentado significativamente en los últimos años, especialmente desde la pandemia.

Las prácticas sobre el cuerpo, que ya se han mencionado, han existido siempre. Lo que preocupa y llama la atención es la dimensión, casi epidémica, del momento presente. Según varios informes la prevalencia en población adolescente europea (no clínica) se sitúa entre el 10 y el 30%, mientras que el último informe del Observatorio Español de la Salud Mental Infanto-juvenil señala que el 38% de las personas entre 9 y 16 años ha pensado alguna vez en autolesionarse.

Por último, aunque son conductas que tienden a remitir con el tiempo y la edad, conforme mejora la capacidad de regularse emocionalmente, no todas las personas las abandonan en la etapa adulta.

 
¿Cuál es la causa de las autolesiones en la adolescencia?

La finalidad u objetivo que motiva las autolesiones puede ser variado. Algunos de ellos son: poder sentir alguna emoción (para contrarrestar el sentimiento de vacío), pérdida del sentido de su vida, para desplazar el dolor emocional al cuerpo, manejar el sufrimiento o intentar controlarlo, como desahogo o descarga para gestionar el malestar emocional, o con finalidad punitiva (autocastigarse). Es una conducta compleja y multifactorial, en la que la persona no busca dañarse ni llamar la atención (suelen practicarse en privado) ni la letalidad, sino todo lo contrario: son un intento de aliviar el sufrimiento.

Se podría decir que son un modo de autotratamiento espontáneo con el que extraer la angustia que sufren y resulta insoportable, cuando no se cuenta con un recurso mejor. En definitiva, una forma de comunicar el intenso malestar que sienten, una llamada de auxilio.

En algunos casos, las autolesiones pueden ser un comportamiento puntual, en otros, debido a su función calmante pero limitada en el tiempo, se tornan recurrentes. Las redes sociales también juegan un papel importante al normalizar e incluso reforzar el comportamiento autolesivo facilitando un efecto contagio, romantizando la propia conducta en sí o simplemente porque se sabe que otras personas lo hacen y les funciona.

La sociedad actual en la que se encuentra inscrito el adolescente parece someterlo a una posición incongruente entre el mandato de ser totalmente feliz todo el tiempo y disfrutar sin límites con la realidad de la vida. Momento especialmente complejo si añadimos la variable cuerpo, escenario donde se representan los intensos cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales. Estos cambios, junto con la pérdida del cuerpo y rol infantil, aunque son una parte normal del desarrollo, pueden suponer una dificultad para la aceptación. Y es en la piel, en el cuerpo, donde el adolescente simboliza su malestar. En definitiva, es un terreno que, aunque genere descontrol y desasosiego, también permite ejercer cierta autoridad y dominio.

 
¿Cuáles son las señales de alarma?

Entre los signos que deben poner en alerta a familia, amistades y profesionales de la salud o de la educación destacan:

  • Conductuales: se tapa, evita nadar o cambiarse de ropa delante de otras personas, utiliza pulseras para ocultar cortes, esconde y oculta objetos afilados o gomas elásticas, cambia su comportamiento habitual (se aísla o retrae) o el rendimiento, abandona de actividades habituales o se aísla y pasa más tiempo a solas del habitual.
  • Emocionales: cambia de estado de ánimo bruscamente, tiene sentimientos de desesperanza, impotencia o inutilidad, expresa ideas de muerte o se culpa de los problemas.
 
¿Qué se esconde tras la autolesión?

Detrás de las autolesiones puede haber algún trastorno psicológico o una experiencia adversa, como acoso o abusos o un intenso malestar. Por ello, es importante valorar qué se esconde tras la autolesión. De forma usual, son situaciones relacionadas con: baja autoestima, altos niveles de impulsividad, depresión, ansiedad, tristeza, conflictos familiares, acoso escolar o abusos sexuales. Aunque en muchas ocasiones las autolesiones se asocian con un trastorno mental es una conducta frecuente en la población general de adolescentes y, aunque no tienen finalidad letal, es uno de los predictores más fuertes de un intento de suicidio futuro.

 
¿Qué se puede hacer?

Existen diversos protocolos de actuación para diferentes profesionales (educación, sanidad, ocio, etc.) pero coinciden en unas consignas básicas: adoptar una actitud de escucha, comprensión y apoyo, no juzgar y empatizar con sus emociones.

Diferentes estudios cualitativos hacen alusión a la importancia de informar y educar sobre las autolesiones y conducta suicida en el ámbito educativo con la finalidad de prevenir estas conductas y facilitar la detección de casos y derivación a recursos sanitarios si es preciso. Aunque no todos los adolescentes que se autolesionan aceptan ayuda profesional es importante animarlos a ello para que entienda por qué se autolesiona y guiarle en el manejo de las emociones.

 
En definitiva …

Las autolesiones en adolescentes son un problema grave y creciente. La educación, detección e intervención temprana, el apoyo emocional, el tratamiento profesional, la enseñanza de estrategias de regulación emocional y una red de apoyo, son esenciales para ayudarles a superar esta conducta y promover el bienestar mental en la adolescencia, extendiendo con ello su salud física y mental a la edad adulta, y garantizando una vida plena en el futuro.