El rostro silencioso de la violencia contra la mujer
José Manuel Granada López
25 Noviembre 2024
Impacto de la violencia en la salud mental de las víctimas
La violencia contra la mujer puede estar en el origen de trastornos mentales o agravar condiciones preexistentes, según informa The Lancet. Entre los trastornos más comunes en las víctimas de violencia de género se encuentran el Trastorno por Estrés Postraumático (TEP), que afecta al 31-84% de ellas, y los trastornos depresivos. También se observan trastornos disociativos, como el «Síndrome de Estocolmo Doméstico», o el deterioro de la autoestima, que lleva a muchas víctimas a culparse y a justificar al agresor, haciendo muy difícil la posibilidad de salir de la situación de violencia. Además, el maltrato puede inducir conductas autodestructivas, como el suicidio o el consumo de sustancias, utilizadas como mecanismos de afrontamiento. Por último, las mujeres maltratadas también reportan un peor estado de salud autopercibida, lo que refleja la gravedad de los efectos psicológicos y físicos del maltrato.
Impacto en niños y adolescentes
Los hijos de mujeres víctimas de violencia también sufren consecuencias graves. La exposición a la violencia en el hogar puede generar inseguridad, miedo, alteraciones emocionales, síntomas de estrés postraumático y comportamientos violentos. Estos menores necesitan ser reconocidos como víctimas independientes y recibir atención especializada. La coordinación entre instituciones es esencial para garantizar una intervención adecuada.
Mujeres con problemas de salud mental y violencia de género
Por otro lado, uno de los grupos más vulnerables en este fenómeno son las mujeres con problemas de salud mental grave quienes tienen entre 2 y 4 veces más riesgo de sufrir violencia de género en comparación con la población general. Más del 80% de estas mujeres ha experimentado violencia (abuso físico o sexual) en el contexto de su relación de pareja. Sin embargo, un porcentaje significativo no identifica estas situaciones como violencia, lo que dificulta su abordaje por parte de los profesionales de salud mental, que en la mitad de los casos no tienen conocimiento de estas vivencias, según datos del estudio sobre la violencia contra las mujeres con enfermedad mental realizado por Fedeafes.
Factores como la triple discriminación (ser mujer, tener discapacidad y padecer una enfermedad mental grave), el aislamiento social, la falta de recursos económicos y el estigma social contribuyen a su vulnerabilidad, según informan las propias víctimas. Además, su relato suele ser menos creíble, y enfrentan barreras para acceder a información y servicios esenciales. Es clave combatir estos prejuicios y garantizar que estas mujeres puedan ejercer sus derechos con el apoyo adecuado.
Agresores y su relación con la salud mental
La evidencia científica revela que la mayoría de los agresores, aproximadamente un 75%, no presenta diagnósticos de enfermedades mentales. Sin embargo, entre los que sí los tienen, los trastornos adaptativos y de personalidad son los más comunes. El consumo de alcohol y otras sustancias es frecuente entre los agresores, al igual que los antecedentes de comportamientos violentos o de haber sido víctimas de violencia en diferentes contextos. Por último, cabe destacar que, aunque no hay un perfil único de maltratador, estos suelen compartir características como actitudes sexistas, inseguridad y comportamientos orientados al control y la dominación.
Propuestas para la intervención
Para enfrentar la violencia de género y su impacto en la salud mental, es esencial superar varias dificultades en el ámbito asistencial. Una de las principales barreras es el desconocimiento y la falta de formación en violencia de género entre los profesionales que participan en los sistemas de protección y asistencia. Además, las mujeres víctimas de violencia a menudo enfrentan discriminación y revictimización tanto en su entorno cercano como en los espacios de atención y tratamiento. El sesgo de género en el diagnóstico de trastornos mentales y la persistencia de prejuicios y estereotipos sobre la violencia y los problemas de salud mental también complican la situación.
El abordaje efectivo de la violencia de género implica trabajar tanto en el plano interno como en el externo. En el ámbito interno, es fundamental que las mujeres superen la culpa y la vergüenza, emociones que pueden impedirles hablar de su situación. En el ámbito externo, se debe garantizar la credibilidad del relato de las víctimas. Asimismo, es esencial capacitar a los profesionales para que aborden estos casos con empatía y sin prejuicios, e incorporar preguntas específicas en las evaluaciones de salud para identificar posibles casos de violencia.
Las mujeres también necesitan recursos específicos que incluyan talleres de empoderamiento, formación para profesionales y espacios de encuentro. La incorporación de la perspectiva de género en los servicios públicos es clave para empoderar a las mujeres y reducir los riesgos de violencia.
En conclusión, la violencia de género tiene un impacto profundo y multifacético en la salud mental de las mujeres. Enfrentar este problema requiere un esfuerzo colectivo que combine sensibilización, formación, intervención interdisciplinaria y el fortalecimiento de redes de apoyo.

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