La otra tormenta: El impacto silencioso de los desastres naturales en la salud mental

Carlos Navas Ferrer

31 Octubre 2024

En el día de ayer, una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) arrasó Valencia dejando a su paso un centenar de muertos, varios desaparecidos y miles de personas afectadas.

Las lluvias torrenciales provocaron graves inundaciones que afectaron tanto a infraestructuras como a la población. Sin embargo, más allá del impacto físico y económico, este tipo de catástrofes afecta especialmente a la salud mental de las personas que las viven.

En las horas y días posteriores a un desastre de la magnitud del vivido en la Comunidad Valenciana, las víctimas directas suelen atravesar una ‘tormenta’ emocional. El miedo, la ansiedad, la tristeza y una profunda sensación de vulnerabilidad suelen apoderarse de los supervivientes y, lejos de evaporarse, pueden perdurar, afectando a la calidad de vida y, en casos graves, desencadenando trastornos de salud mental.

¿Cuáles son los efectos de los desastres naturales en la salud mental?

Existe gran variabilidad en la respuesta emocional que una persona tiene ante una catástrofe natural. En un primer momento es habitual una vivencia de estrés y estado de shock. Catástrofes como la vivida ayer en Valencia superan en muchos casos la capacidad de adaptación de las personas al ser episodios súbitos e inesperados.

Es importante señalar que tras el suceso la respuesta más frecuente es la de un duelo normal que tiende a resolverse en los meses posteriores. La mayoría de las personas lograrán recuperarse de este duelo. Sin embargo, otras tendrán dificultades para hacerlo o no lo lograrán, incluso después de haber recibido soporte profesional.

Una investigación reciente determina que las personas afectadas por eventos como inundaciones, huracanes o terremotos enfrentan un riesgo mucho mayor de desarrollar trastornos mentales como ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT) o abuso de sustancias. Estos problemas, si no se abordan adecuadamente, pueden evolucionar hasta afectar a niveles profundos la funcionalidad del individuo y su capacidad para llevar una vida plena.

El riesgo de morbilidad psicológica aumenta significativamente cuando los afectados se enfrentan a desplazamientos, daños materiales y servicios esenciales interrumpidos, especialmente en poblaciones de recursos económicos bajos, niños y ancianos.

Por otro lado, los efectos psicológicos de una catástrofe natural no se limitan a las personas directamente afectadas, sino que también alcanzan a aquellos que, aunque no hayan sufrido daños materiales, han sido testigos del desastre o se han expuesto a imágenes y noticias sobre el mismo. La conclusión a la que llegan algunos investigadores al respecto es que la exposición mediática constante a estos eventos puede tener un impacto negativo en la salud mental de los espectadores y recomiendan reducirla.

¿Qué se puede hacer en un primer momento?

En este contexto, las intervenciones en salud mental se vuelven fundamentales. Los denominados Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) consisten en una serie de intervenciones tempranas, breves y prácticas diseñadas para aliviar y prevenir las consecuencias psicológicas de experiencias traumáticas, tanto a corto, mediano como a largo plazo. Estos auxilios pueden aplicarse en situaciones de estrés moderado cotidiano, así como en eventos altamente traumáticos. Sus objetivos principales son estabilizar emocionalmente a la persona, facilitar su conexión con redes de apoyo social y evaluar la necesidad de derivarla a un servicio de salud mental.

Este tipo de intervenciones pueden ser realizadas tanto por profesionales de la salud mental como por personas no especializadas en el área, siempre que hayan recibido una capacitación adecuada (por ejemplo, voluntarios entrenados).

Debe recalcarse que el objetivo principal de los PAP no es patologizar las reacciones inmediatas, que son normales frente a una situación tan extrema, sino acompañar y apoyar a las personas para que puedan procesar sus emociones de forma saludable y sentirse seguras.

De hecho, en investigaciones relacionadas con otro tipo de emergencias apunta a que muchas personas logran superar los eventos traumáticos utilizando sus propios recursos psicológicos y sociales. Por lo tanto, la intervención inmediata debe enfocarse en activar los recursos personales y sociales de los afectados, con el objetivo de aliviar su sufrimiento y facilitar sus procesos naturales de recuperación.

En definitiva

Los desastres naturales no solo dejan huellas en los territorios que asolan, sino también en la mente de las personas que los habitan. La salud mental de los afectados necesita la misma prioridad que la recuperación de las infraestructuras. Los estudios dejan claro que el impacto psicológico puede ser profundo y duradero, especialmente en grupos vulnerables como poblaciones con recursos económicos bajos, niños y ancianos. Por ello, es necesario que tanto el sistema de salud como la sociedad en su conjunto se comprometan a ofrecer apoyo adecuado a quienes han pasado por una experiencia de estas características.

Las intervenciones de salud mental, desde los primeros auxilios psicológicos hasta los programas de tratamiento a largo plazo, son fundamentales para ayudar a la población a recuperar su bienestar. Con el cambio climático amplificando la frecuencia de estos fenómenos, invertir en la salud mental no es solo una cuestión de asistencia, sino de resiliencia social y humana.