Alimentación navideña en embarazadas
Natalia Barrio Forné
30 diciembre 2024
La época navideña es un auténtico reto para las mujeres embarazadas, que tienen que enfrentarse a numerosos eventos sociales y, además, cumplir con las recomendaciones alimentarias derivadas de su estado grávido.
La gestación conlleva una serie de modificaciones en la fisiología materna para conseguir un equilibrio entre el desarrollo embrionario y fetal y las necesidades energéticas de la futura madre. Uno de los cambios más importantes se produce en el sistema endocrino de manera que, en algunas ocasiones, se pueden provocar alteraciones en la evolución del embarazo y, por lo tanto, complicaciones en el crecimiento del feto.
Además, también se producen variaciones en la percepción del gusto y en los patrones de alimentación, con una mayor motivación para consumir alimentos más sabrosos, todas ellas derivadas de los cambios fisiológicos que ocurren a nivel neurológico. Por consiguiente, la prohibición o la no accesibilidad de los alimentos de preferencia de la gestante puede inducir consecuencias a nivel psicológico.
Todo esto nos lleva a ajustar las recomendaciones en la alimentación con las transformaciones que suceden a nivel físico en las gestantes, sin prejuicio del ejercicio que se debe realizar en este periodo vital.
De forma general, la ingesta calórica en mujeres embarazadas con un índice de masa corporal (IMC) dentro de los límites considerados normales debe aumentar de media aproximadamente en 300kcal/día, teniendo en cuenta que, durante el primer trimestre, el consumo debe ser el mismo que antes del embarazo y, durante el segundo y tercer trimestre, incrementarlo a 340kcal y 450kcal por día, respectivamente. Estas cifras pueden variar en función de si es una gestación gemelar o si hay antecedentes asociados, como obesidad y cirugía bariátrica.
Se debe tener en cuenta que las frutas, las verduras, la fibra y las vitaminas y minerales deben ser los protagonistas en la dieta de las gestantes, en contraposición a los alimentos procesados que no deberían consumirse. Durante estos días es importante seguir cuidándose, teniendo preferencia por los productos integrales tanto como sea posible, aceites vegetales para el cocinado, limitando el consumo de carne roja, cafeína, bebidas azucaradas y sal, así como favorecer el consumo de fruta, legumbre y verdura durante toda la semana.
Los pescados, muy presentes en la alimentación durante la Navidad, no deben contener altas cantidades de sustancias nocivas como el mercurio. Se ha comprobado que, aquellas embarazadas que comen pescado y marisco, presentan un mejor desarrollo cerebral y visual de los fetos, con menores tasas de depresión o ansiedad respecto a las que no los consumen.
Además, los alimentos procesados y envasados están más expuestos a ftalatos que los alimentos frescos y sin procesar. Los ftalatos son un grupo de compuestos químicos presentes en la producción de plásticos, artículos de higiene personal y otros productos comerciales. La exposición a los ftalatos puede conllevar un riesgo de bajo peso al nacimiento, parto prematuro y otras alteraciones en la salud materno-infantil.
Por otra parte, está el alcohol. Durante la época navideña las celebraciones van asociadas, en muchas ocasiones, a comidas copiosas con vino o cerveza, al brindis con cava o a la sobremesa con bebidas espirituosas, llegando a reflejarse en algunos estudios que, entre el 61% y 87% de las gestantes, habían bebido alcohol debido a ocasiones especiales previo al reconocimiento del estado grávido. Estas cifras cambian en las primeras semanas de la gestación, ya que el 89% cesa totalmente el consumo de alcohol, pero una pequeña parte de embarazadas continúa ingiriéndolo en niveles bajos, es decir, una o dos bebidas, debido a la coincidencia con eventos señalados.
La recomendación actual que han publicado numerosas asociaciones científicas es la abstinencia durante el embarazo, puesto que no existen niveles seguros de exposición prenatal al alcohol. Se ha documentado que, incluso los niveles bajos, pueden afectar al desarrollo cerebral, provocando problemas psicológicos, de comportamiento y dismorfología facial.
A pesar de que estos consejos se publicitan y se extienden por toda la población, tanto en embarazadas como en la comunidad general, las investigaciones corroboran que las tasas de alcohol no han cambiado significativamente, observándose dicho consumo en mujeres que ingerían frecuentemente alcohol antes del embarazo y en aquellas que tienen una actitud neutral o positiva hacia el mismo. Este hecho hace que sea preciso un soporte específico a las gestantes que consumen alguna cantidad de alcohol y, sobre todo, un cambio en lo que debe ser socialmente aceptable.
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