Ejercicio aeróbico y embarazo

Natalia Barrio Forné

24 Julio 2024

Las recomendaciones sobre ejercicio físico durante el embarazo están altamente extendidas. Numerosas sociedades científicas asocian el ejercicio a un buen estilo de vida, por lo que su práctica es habitual entre algunos grupos de gestantes.

El ejercicio físico está asociado a la disminución de la prevalencia de la diabetes gestacional, de enfermedades hipertensivas durante el embarazo, reducción de la probabilidad de partos instrumentalizados a favor del aumento de los partos vaginales normales, control del peso y menor incidencia de depresión posparto, entre otros.

También se ha demostrado que el ejercicio no incrementa el riesgo de partos prematuros ni aumenta las probabilidades de un bajo peso fetal al nacimiento, ni de abortos espontáneos, muerte fetal, rotura prematura de membranas ni de inducción del parto.

Por ello, existen actualizaciones constantes sobre este tema, las cuales siguen incidiendo en una actitud conservadora en referencia a la actividad física, estableciendo como ideal la inversión de 150 minutos a la semana de ejercicios aeróbicos combinados con ejercicios de fuerza de intensidad moderada.

También se han buscado formas de promover el ejercicio entre aquellos otros grupos de embarazadas que refieren no tener tiempo, como el HIIT. Esta actividad implica series repetidas de ejercicios intercalados con periodos de descanso activo, variando dichos ejercicios aeróbicos como correr, andar en bici, nadar o ejercicios de resistencia en un circuito.

Dicha información no llega adecuadamente a la población grávida por lo que no conocen los posibles beneficios y riesgos asociados al ejercicio, lo que colabora en el abandono o en el rechazo a practicarlo durante el embarazo.

Para realizar actividad física se ha de tener en cuenta que la gestación supone cambios fisiológicos que lo que pretenden es adaptar el cuerpo a la nueva situación. Esto implica que el gasto energético aumenta proporcionalmente al incremento del peso, lo que influye en todos aquellos ejercicios que supongan soportar el peso corporal como puede ser andar o correr.

Otro de los factores que preocupa en relación con el ejercicio físico es el incremento de la frecuencia cardiaca materna (FCM). Hay que tener en cuenta que la FCM en reposo aumenta, pero la FCM máxima disminuye, por lo que la reserva de la FCM está reducida, lo que limita la capacidad de la gestante para adaptarse al estrés generado por la actividad. Este dato nos indica que no puede establecerse la intensidad del ejercicio mediante la FCM ya que infravalora los ritmos altos y sobreestima los ritmos bajos.

En relación con la práctica, una de las recomendaciones más extendidas es la práctica de sesiones más intensas y frecuentes, siendo los más investigados: la caminata, el ciclismo estático, los ejercicios aeróbicos, el baile, los ejercicios de resistencia, los estiramientos y los ejercicios aeróbicos dentro del agua.

Dentro de estos ejercicios, los ejercicios aeróbicos pueden suponer mayor preocupación por la mayor probabilidad de aumento excesivo de FCM. Sin embargo, las restricciones se dirigen hacia los ejercicios que supongan un riesgo de traumatismo abdominal o desequilibrio; el buceo, debido a la incapacidad de la circulación pulmonar fetal para filtrar la formación de burbujas; y actividades por encima de los 6000 pies para aquellas gestantes que viven de forma habitual al nivel del mar, por lo que podrían tolerar mayores altitudes las embarazadas que habitan en lugares con cotas más altas.

De forma general, las diferentes sociedades científicas establecen un rango de intensidad moderada óptima entre el 40% y el 80% de la capacidad aeróbica máxima, lo que supone un intervalo amplio para la práctica de la actividad física.