Análogos de la carne de origen vegetal: ¿Una alternativa saludable?

Análogos de la carne de origen vegetal: ¿Una alternativa saludable?

Sofía Pérez Calahorra

24 Julio 2023

Ante un contexto actual con una población mundial en constante crecimiento, un sistema de producción alimentario insostenible, la propagación pandémica de ciertas enfermedades relacionadas con la dieta y, un cambio climático, se propone como solución un cambio drástico desde una alimentación basada en animales a una dieta basada en vegetales, pero no va a ser tan sencillo.

Dentro de la estrategia las instituciones/asociaciones mundiales responsables, consideran prioritario reducir drásticamente el consumo mundial de carne, sobre todo de carnes rojas y especialmente de carnes procesadas (por su riesgo demostrado para la salud), incluso para satisfacer la ética animal y revertir el impacto ambiental que genera la crianza extensiva. Acelerar esta transición, ha propagado al auge de nuevos análogos a la carne de origen vegetal como alternativa saludable y sostenible.

Y nos preguntamos, ¿qué son los análogos de la carne de origen vegetal?

Debemos remarcar que son alimentos ultra-procesados, cuya finalidad es ofrecer una alternativa a las carnes de origen animal.

Ya por la década de los 60, aparecieron las primeras alternativas a la carne basadas en proteína vegetal texturizada a base de soja y para vegetarianos. Actualmente, las nuevas alternativas son alimentos tecnológicamente más avanzados para imitar a la carne mediante un procesado extenso de semillas, legumbres y granos. Con el procesado se busca simular el sabor, la textura, el aroma que suele tener la carne. Van dirigidos a los flexitarianos (dieta basada principalmente en alimentos de origen vegetal y un consumo ocasional de alimentos de origen animal) y omnívoros que deciden comer menos carne. Tal es la misión de simular a la perfección que los podemos encontrar en forma de salchichas, carne picada o hamburguesas, albóndigas, perritos calientes, filetes y otros.

Se basan en alimentos de origen vegetal como granos, semillas y legumbres y/o cereales-, aunque muy diferentes a los verdaderos alimentos vegetales integrales que son mínimamente procesados (frutas, cereales, legumbres, semillas), ricos en nutrientes y con demostrados beneficios para la salud. Sin embargo, estas alternativas simuladas de carne, implican un procesamiento extenso, aportan mayores cantidades de fibra, menor densidad energética, menor cantidad de grasas, adecuadas cantidades de hierro, pero con menor contenido y calidad proteica, así como menor aporte de vitamina B12 y zinc. Un aspecto relevante es que la mayoría de estos productos aportan importantes cantidades sodio y una baja biodisponibilidad de muchos de estos nutrientes.

Y entonces, ¿cuáles son las posibles implicaciones para la salud?

Los beneficios para la salud recaen sobre todo en el aporte de fibra dietética y la cantidad reducida de grasas totales, saturadas y colesterol en comparación a sus homólogos de carne (las carnes procesadas) principalmente en dietas occidentalizadas, las cuales se caracterizan por elevado consumo de cereales refinados y ricos en azucares, grasas saturadas y bajas ingestas de fibra.

Sin embargo, debemos indicar que estos alimentos pertenecen a la categoría de alimentos ultra procesados, los cuales, para poder conseguir el sabor, el olor, y textura similar a la carne, es necesario añadir cantidades importantes de aditivos, colorantes y conservantes, así como sabores artificiales, lo que hace dudosa su seguridad y, limita muchas de sus ventajas anteriores, Asimismo, su lista de ingredientes es numerosa, por lo que va a ser necesaria mas investigación de los verdaderos efectos para la salud.

Otro aspecto importante, es el bajo aporte de vitamina B12 y Zinc que por el contrario la carne real sí lo aporta y en cantidades relevantes, por lo que parece necesario la fortificación; esto sumado a la presencia de antinutrientes presentes en todos los alimentos vegetales que se utilizan en su fabricación, (como fitatos, lectinas, taninos), sea un factor que afecte a la biodisponibilidad de las vitaminas y minerales. También las elevadas cantidades de sodio, sea uno de los principales problemas siendo el sodio uno de los factores de dietéticos con mayor impacto negativo en la carga mundial de morbilidad.

Por otro lado, la calidad y cantidad de la proteína se ha visto que es inferior a la carne real (magra o grasa), incluso la biodisponibilidad de los aminoácidos también es menor. Esto no es problema para la mayoría de poblaciones, pero sí puede suponer un riesgo para algunas poblaciones vulnerables como las personas mayores, entre otras, para quienes un bajo aporte y calidad de proteínas podría favorecer aúnmás la pérdida de masa muscular asociada a la edad.

En definitiva, la solución no debería ser la reducción drástica de un alimento natural como es la carne roja, cuyo aporte de proteínas de calidad, vitaminas y minerales se encuentran en cantidades admirables, y en consecuencia desplazar su consumo para fomentar el consumo de alimentos ultra-procesados de dudosas calidades. Por otro lado, la inclusión de carne roja magra en una dieta saludable y variada puede ser beneficiosa. Posiblemente una solución sería enseñar, informar y adecuar la ingesta a la población hacia un consumo de carne acorde a sus necesidades.

Para finalizar, desde esta perspectiva, no podemos afirmar que las alternativas a la carne de origen vegetal sean saludables incluso seguras, siendo necesaria más investigación además de estándares en las normas de fabricación y etiquetado para el consumidor.

Sexualidad en positivo: un concepto multidimensional

Sexualidad en positivo: un concepto multidimensional

Piedad Gómez Torres

24 Julio 2024

La sexualidad es un aspecto intrínseco de la experiencia humana que abarca mucho más que la simple actividad sexual. El concepto de sexualidad debe ser abordado desde una perspectiva biopsicosocial, pero ¿qué quiere decir esto?

Biológicamente, implica la función de órganos sexuales y la producción de hormonas; psicológicamente, incluye los sentimientos, pensamientos y comportamientos asociados; y socialmente, la sexualidad está influenciada por normas culturales, educación y relaciones interpersonales. Este modelo tridimensional destaca la necesidad de considerar todos estos aspectos para comprender plenamente la sexualidad humana y su influencia en la manera en que las personas experimentan y expresan el deseo sexual, la intimidad y el placer.

La Organización Mundial de la Salud subraya la importancia de una sexualidad que incluye tres elementos básicos: la capacidad de disfrutar de la actividad sexual y reproductiva de manera ética, la ausencia de temores y creencias infundadas que afecten a la sexualidad, y la ausencia de trastornos orgánicos que dificulten la actividad sexual. Por su parte, la sexualidad saludable promueve la autonomía, el respeto mutuo, la educación y la inclusión, y reconoce el derecho de todas las personas a experimentar su sexualidad de manera positiva y segura.

La Declaración de Derechos Sexuales fue establecida durante el XIII Congreso Mundial de Sexología en Valencia, España, en 1997 y revisada en el XIV Congreso Mundial en Hong Kong, China, en 1999. Estos incluyen el derecho a la libertad sexual, la autonomía, la integridad y seguridad del cuerpo, la privacidad, el placer, la libre asociación sexual, la toma de decisiones reproductivas, la información basada en el conocimiento científico, la educación sexual integral y la atención de la salud sexual. Estos derechos son esenciales para garantizar una sexualidad saludable y positiva.

La educación sexual integral es la base para que todos entendamos y manejemos nuestra sexualidad de manera informada y responsable. No se trata solo de aprender sobre el cuerpo y la reproducción, sino también sobre temas importantes como la comunicación en las relaciones interpersonales, la diversidad y tolerancia, el placer y la satisfacción, entre otros. Incluir la diversidad en la educación significa promover una sociedad más respetuosa, y promover que todas las personas puedan vivir su sexualidad plenamente y sin temor. Sin embargo, la falta de educación sexual integral en nuestras escuelas no solo limita la información que reciben los jóvenes, sino que también les impide tener la oportunidad de pensar y reflexionar críticamente sobre su desarrollo sexual, perpetuando así mitos y estigmas que pueden afectar negativamente su salud y bienestar.

Disfrutar de una sexualidad saludable y positiva, que implica una actitud de respeto y consideración hacia uno mismo y hacia los demás, nos brinda innumerables beneficios que enriquecen nuestro día a día. No solo contribuye a fortalecer nuestro sistema inmunológico y mejorar la calidad del sueño, sino que también nos ayuda a conocernos mejor y a entender nuestras necesidades y deseos. Esta comprensión facilita la creación de relaciones afectivas positivas y refuerza nuestra autoestima, permitiéndonos enfrentar la vida con más confianza y seguridad. Además, una sexualidad positiva promueve la independencia personal, ya que nos hace más responsables en el cuidado de nuestra propia salud, fomentando hábitos saludables y decisiones informadas.

¿Malestar emocional o enfermedad mental?

¿Malestar emocional o enfermedad mental?

José Manuel Granada

24 Julio 2024

¿Y si no es tal la controversia?, si se plantea esta dicotomía se persiste en categorías excluyentes y no en un continuum, que la experiencia nos muestra, de síntomas y emociones que manifestamos las personas, en función de múltiples determinantes, tanto externos como internos, tanto de nuestra psique como de nuestra biología.

El crear y nombrar categorías obedece más al positivismo, al tratar la enfermedad mental como otras patologías orgánicas, que aparecen bien definidas y a las que corresponde un tratamiento, farmacológico las más de las veces, que no da pie a discusión alguna.

El gran esfuerzo investigador que ha hecho en las últimas décadas la industria farmacéutica ha sido monetizado extendiendo sus indicaciones más allá de la evidencia, con una inflación de tratamientos con psicofármacos de circunstancias asimiladas al malestar emocional y las que no se les busca otras estrategias terapéuticas.

También las administraciones sanitarias han invertido en salud mental, aunque más bien debería decirse en enfermedad mental, ya que el esfuerzo económico persiste en reforzar profesionales y recursos para ingresos y tratamientos, es decir, un discurso único de que faltan profesionales de la psiquiatría, de la psicología clínica, de la enfermería especialista en salud mental y, en menor medida, del trabajo social y de la terapia ocupacional, por este orden y sin nombrar otras categorías profesionales que tienen mucho que decir en diferentes abordajes de los malestares y enfermedades mentales.

Es decir, seguimos tozudamente optando por desarrollos que se han visto ineficaces, cuando no iatrogénicos, y son anecdóticas las experiencias que planifican pensando en la prevención, en la búsqueda del bienestar emocional a partir de trabajar sobre los determinantes sociales y políticas de reducción de la desigualdad.

La salud mental y el bienestar emocional, se juega mucho antes de que se precise un diagnóstico y un tratamiento, ahí es donde se deben hacer intervenciones importantes. Por supuesto que hay patologías graves, y que son mejoradas con tratamientos farmacológicos, pero estos no se benefician de una hiper utilización de los mismos, y por supuesto no excluyen otros abordajes ni a otros profesionales no prescriptores.

Mantenerse en políticas de consulta externa y camas de hospitalización es anacrónico e ineficaz, a la vez que quita el foco de la intervención preventiva, lo cual es muy grave, cuando la evidencia (esa a la que tanto hacen referencia los profesionales más biologicistas) nos dice de la importancia de la actividad física y el deporte, de las redes de apoyo, de políticas de integración social, entre otras estrategias, para conseguir una sociedad con mayor bienestar emocional y que acompañe y acoja mejor a personas con enfermedad mental.

Este cuestionamiento deja entrever que se deben realizar múltiples debates en este momento histórico, en el que tenemos la mayor inversión en salud mental, el mayor número de profesionales trabajando en recursos y, según parece, la peor salud mental en nuestra sociedad. Esta paradoja, nos debería lanzar de manera inexcusable hacia ese debate, pero curiosamente, apenas se habla de esto y se persiste en lo que no ha dado resultado.

Hay que debatir sobre el modelo asistencial, cómo se diseñan y dotan los recursos que tenemos, ¿son adecuados los lugares de ingreso en los hospitales generales?, ¿cómo es el paso por urgencias de personas en crisis?, ¿hay una atención comunitaria?, ¿cómo se conectan los diferentes ámbitos asistenciales?, ¿y cómo se conecta lo sanitario, con lo social, lo educativo, lo judicial, etc.?, ¿hay un trabajo en red?, ¿se interviene sobre desigualdades, sobre determinantes sociales?, ¿se facilita el ejercicio físico y el deporte?, ¿se promociona el mismo como respuesta a malestares emocionales?, ¿se promueven las redes de apoyo mutuo?, ¿se contempla la participación del usuario en sus procesos asistenciales?

Si en lugar de estas preguntas seguimos enredados en la falta de profesionales para intentar hacer más de lo mismo… perderemos oportunidades históricas de aprovechar la preocupación que hay por el asunto de la salud mental en la sociedad y en sus mandatarios.