Conocer, comprender y acompañar a los niños con trastorno del espectro autista
Alexandra Gracia Giménez
02 de abril de 2025
El término trastorno del espectro autista (TEA) hace referencia a un conjunto de condiciones que afectan al neurodesarrollo y a la función cerebral. Es un trastorno crónico, de etiología multifactorial que afecta a la forma que tiene una persona de ver y relacionarse con el mundo, cómo procesa la información y cómo actúa recíprocamente con otras personas, encontrando grandes dificultades y barreras como la estigmatización social, el aislamiento y la discriminación.
Actualmente afecta a 1 de cada 80-100 niños en el mundo. En España la información sociodemográfica sobre el colectivo de personas con autismo es muy limitada. Se estima que puede haber unas 450.000. La ampliación del concepto y la mayor capacidad de diagnóstico hacen que la prevalencia haya aumentado en los últimos años.
El trastorno del espectro autista es de 3 a 4 veces más frecuente en hombres que en mujeres, pero en ellas se diagnostica más tarde ya que presentan menos conductas repetitivas y aprenden habilidades sociales que enmascaran y retrasan el diagnóstico.
Puede sospecharse en la infancia, siendo la edad media de diagnóstico 5,5 años, cuando se hacen notorias las habilidades sociales y comunicativas. En todos los casos se observan alteraciones a lo largo de su vida y se presentan como diferentes características según el momento de su desarrollo (primera infancia, etapa educativa, adolescencia y edad adulta). A veces puede pasar sin ser reconocido, especialmente en los niños levemente afectados o cuando se enmascaran con otros problemas físicos más debilitantes.
Hoy en día no existen tratamientos curativos, lo que conlleva a una gran repercusión a lo largo de su vida, pero sí se puede ayudar a mejorar la calidad de vida con la enseñanza de habilidades comunicativas y sociales (psicoeducación, terapia cognitivo conductual, programas de desensibilización sistemática) el uso de historias sociales y sistemas alternativos de comunicación (apps, pictogramas, etc.) y apoyo comunitario.
En el niño con TEA se encuentra afectada la esfera social (no hay empatía, muestran escaso interés por las personas, no buscan consuelo o afecto y tienen un juego limitado), hay alteraciones en la comunicación (falta de contacto visual y respuesta a voces o gestos, uso no funcional del lenguaje, habla atípica, ecolalias y dificultad para expresar e interpretar emociones), existe un patrón restringido de comportamientos y de intereses (conductas repetitivas del cuerpo o de objetos, necesidad de rutinas), alteraciones en la conducta (difícil regulación emocional, alteración de la percepción de peligro) y alteraciones sensoriales (hipersensibilidad a tacto, olores, texturas, ruidos, etc.).
Las respuestas negativas a los cambios inesperados en las rutinas, problemas con las habilidades sociales, de comunicación y un procesamiento deficiente de la información sensorial a veces se confunden con las llamadas rabietas o se etiquetan de mal comportamiento, por lo que es necesario reconocer, acompañar y no juzgar.
Conocer el trastorno y reconocer sus signos, no esperar un contacto visual, usar un tono de voz suave y lenguaje sencillo evitando metáforas, atenuar luces y ruidos, apoyarse en pictogramas para la comunicación, utilizar el refuerzo positivo, ignorar las conductas inapropiadas, respetar su espacio personal, anticiparle lo que va a suceder y permitirle llevar objetos que le aporten seguridad, son acciones que se pueden realizar en un niño con TEA.
También existen recursos generales con los que se podría contar para ayudar en su inclusión, tales como sistemas de señalizacióncon apoyos visuales, como los pictogramas en servicios públicos (transporte, entorno educativo, comercios y principalmente el ámbito sanitario). Y otros recursos más específicos y personales como son las tarjetas personalizadas de atención, en las que consta particularidades de ese niño (qué situaciones le ponen más nervioso, qué es lo que le tranquiliza cuando se altera, cómo se comunica, etc.) para ayudar a la persona que lo tiene delante a saber entenderlo y ayudarlo.
El trastorno del espectro autista limita las actividades de la vida diaria y la participación en la sociedad, influye negativamente en los logros sociales y educativos y en las oportunidades de empleo. Se debe de prestar una atención integral, ya que las personas con TEA tienen necesidades asistenciales complejas y requieren promoción de la salud, atención, servicios de rehabilitación y colaboración de los entornos educativo, laboral y social.
Hoy en día, el autismo sigue siendo una condición desconocida para buena parte de la población española. Esa falta de conocimiento repercute de manera negativa en la calidad de vida de las personas con TEA y sus familias, en su participación activa en la sociedad y en la igualdad de oportunidades. Conocer este trastorno y entender sus particularidades ayudarán a comprender las necesidades de las personas que lo presentan y promover su inclusión en todos los ámbitos de la sociedad.
Lograr despertar la empatía con las personas con autismo y con sus familias, dejar a un lado los prejuicios y contribuir a construir una sociedad más justa, solidaria y respetuosa con la diversidad es línea de acción prioritaria en la Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo.
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