Día universal de la infancia. ¿Tienen todos los niños y niñas los mismos derechos y oportunidades?
Ana María Latorre Izquierdo
20 de noviembre de 2025
Los cimientos de la salud futura se siembran durante la infancia. Cuidar a un niño no es solo curar la enfermedad, es defender un derecho fundamental, es educar, es acompañar y es ofrecer oportunidades de vida digna, pero cuando miramos al mundo, vemos que ese derecho sigue estando lejos de cumplirse para millones de niños y niñas.
Se han logrado en los últimos 30 años grandes avances en salud infantil, la mortalidad en menores de cinco años se ha reducido más de un 50% desde 1990, pero la realidad es que sigue habiendo una gran desigualdad. Un niño nacido en un país de bajos ingresos tiene 15 veces más probabilidades de morir antes de cumplir los cinco años que uno nacido en un país desarrollado.
En 2023, según datos facilitados por la OMS y UNICEF, murieron 4,9 millones de niños menores de cinco años, la mayoría por causas prevenibles o tratables. Más de la mitad de esas muertes ocurrieron en África Subsahariana y en Asia Meridional, regiones donde los recursos sanitarios son limitados y el acceso a la atención sanitaria básica sigue siendo un privilegio.
Casi la mitad de las muertes infantiles se producen por desnutrición. Más de 148 millones de niños menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento y 45 millones padecen emaciación (delgadez extrema). En la otra cara de la moneda tenemos el sobrepeso y la obesidad infantiles que se dan en países con dietas basadas en alimentos ultraprocesados y estilos de vida sedentarios.
Con esta información podemos decir que el lugar de nacimiento determina las oportunidades de vivir y crecer con salud, y no solo hablamos de nacer en diferentes países ya que, dentro de una misma nación, las brechas socioeconómicas, étnicas o territoriales condicionan el acceso a la salud infantil, a la vivienda y a la educación.
Un ejemplo claro de equidad o falta de ésta en salud y que más consecuencias puede tener es el acceso a las vacunas. Las vacunas salvan millones de vidas; son, junto a la potabilización de las aguas, una de las intervenciones sanitarias más efectivas coste-beneficio. Un estudio nos demuestra que el Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) no solo protege la salud, sino que ahorra hasta 803 millones en costes al SNS, así por cada euro que el PNI invierte en vacunas tiene un beneficio de 4,58 euros.
Según la OMS las vacunas evitan cada año entre 4 y 5 millones de muertes producidas por enfermedades prevenibles como son el sarampión, la difteria, la tosferina, etc., pero hay millones de niños en el mundo que siguen sin tener acceso a las mismas.
La falta de vacunas no es solo un problema sanitario, es una condena silenciosa que recae sobre la infancia de países en conflicto, con pobreza extrema, con sistemas sanitarios frágiles o inexistentes. En 2024 14,3 millones de niños no recibieron ni una sola dosis de vacuna y otros 6,4 millones no completaron sus calendarios vacunales por falta de recursos y esa es una de las cuestiones sobre la que debemos reflexionar el 20 de noviembre.
Es una satisfacción ver en mi día a día como enfermera pediátrica a niños que crecen protegidos frente a enfermedades que hace décadas causaban epidemias y que provocaban sufrimiento al niño y a la familia, pero también pienso en los niños que no tienen esa posibilidad, y en cómo un pinchazo que aquí damos por rutinario puede significar la diferencia entre la vida y la muerte en otro lugar del mundo.
Mi papel como enfermera pediátrica y el de mis compañeras es cuidar, educar y proteger. Acompañamos la vida desde sus primeros minutos y nuestro trabajo no termina en el hospital o en el centro de salud ya que somos educadoras, defensoras de la salud pública y garantes de los derechos de la infancia.
Cuando vacunamos, no sólo administramos la vacuna ya que transmitimos confianza, explicamos, calmamos miedos y contribuimos a que las familias comprendan el valor de la prevención. Cada conversación con una madre o un padre es una oportunidad para fortalecer la conciencia sobre la importancia de la salud infantil, pero también somos testigos de cómo la pobreza, la falta de educación o la desinformación impactan directamente en la salud de los niños.
Los determinantes sociales de la salud tales como la vivienda, la alimentación, la educación, el acceso al agua potable y a los servicios sanitarios condicionan el bienestar infantil tanto como las vacunas o los tratamientos médicos. En el mundo, más de 400 millones de niños viven en pobreza extrema y unos 700 millones no tienen acceso a agua potable segura. Estas condiciones facilitan la propagación de enfermedades como el cólera, las infecciones gastrointestinales o las infecciones respiratorias, que siguen siendo las principales causas de mortalidad infantil. Es por ello por lo que debemos abordar la salud desde una perspectiva global y social, colaborando con escuelas, instituciones y comunidades.
La salud infantil no es solo física. En los últimos años, ha habido un aumento importante de los problemas de salud mental en la infancia y adolescencia. La ansiedad, la depresión o los trastornos del sueño son cada vez más frecuentes, y muchas veces pasan desapercibidas.
El entorno digital, la falta de juego al aire libre, las presiones académicas y sociales y los efectos emocionales de la pandemia han dejado huella en nuestros niños y niñas. Detectar, escuchar y acompañar debe ser una de nuestras tareas porque un niño sano no es solo aquel que no tiene fiebre o tos, sino aquel que se siente amado, comprendido y seguro dentro de su familia y de la comunidad a la que pertenece.
El Día Universal de la Infancia debe recordarnos que la salud de los niños es la medida del progreso de una sociedad. No hay avance más noble que aquel que protege la vida en su forma más pura y vulnerable.
Como enfermera pediátrica creo firmemente que cada gesto cuenta: una vacuna, una palabra de aliento, una escucha atenta, pero también necesitamos políticas valientes que garanticen equidad, financiación y acceso universal a los servicios de salud.
Ningún niño debería morir por falta de una vacuna o de atención básica. Ningún niño debería crecer con hambre o sin esperanza. En este 20 de noviembre renovemos nuestro compromiso:
CUIDAR LA SALUD DEL PRESENTE ES PROTEGER EL FUTURO DEL MUNDO.

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