Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores
8 de junio de 2026
¿Por qué hacerse mayor parece ser un inconveniente?
Actualmente, las sociedades contemporáneas experimentan un aumento en el envejecimiento demográfico. Paradójicamente, este avance convive con una idealización de la juventud y el rechazo al paso del tiempo. Este escenario da lugar, con frecuencia, a estereotipos y prejuicios hacia las personas mayores, percibiendo esta etapa como negativa. A este fenómeno se le llama edadismo o discriminación por edad.
Tal y como señala Butler (1969), edadismo se define como “Estereotipos sistemáticos y discriminatorios contra las personas por el siempre hecho de ser mayores y que se reflejan en conductas como el desdén, el desagrado, el insulto o simplemente evitando la cercanía o el contacto físico”.
El 45% de los mayores de 65 años afirman haber experimentado discriminación por este motivo, lo cual sitúa a la exclusión social como una de las consecuencias más importantes. Este hecho afecta a la salud física, mental y social en miles de personas de avanzada edad en todo el mundo.
Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) el edadismo constituye un problema a nivel mundial que provoca consecuencias críticas, como mortalidad prematura, el deterioro de la calidad de vida y desigualdades sistemáticas, visibles en el día a día. Del mismo modo, este fenómeno afecta negativamente en las decisiones clínicas y políticas públicas, lo que vulnera el derecho de autonomía y margina a este colectivo por el único motivo de su edad.
Edadismo en el ámbito sanitario
Dentro del ámbito sanitario, el edadismo genera consecuencias graves debido a las disparidades en la aplicación de protocolos diagnósticos y terapéuticos a personas mayores. Estas variaciones están condicionadas, por un lado, al lugar de residencia de los usuarios (domicilio particular o institución) y, por otro lado, al grado de deterioro cognitivo de la persona.
Cabe resaltar que esta exclusión se justifica, en muchas ocasiones, siguiendo criterios basados en la edad, en lugar de considerar el estado de salud real del paciente.
Esta problemática se ve agravada por el factor humano: aun cuando hoy en día existe una formación específica en geriatría, persisten mitos arraigados entre muchos profesionales sanitarios. Destacan afirmaciones como: “los mayores siempre están tristes”, “con la edad es normal que pierdan memoria”, “son todos iguales”, “están solos” o “ya no tiene sentido rehabilitar alguien de 90 años”.
En contraposición a estas ideas, la realidad es diferente: la mayoría de las personas mayores se ajustan con éxito a los desafíos propios de su etapa vital. Son un grupo de población heterogéneo en el que una amplia mayoría vive de forma independiente y mantiene un contacto regular con su entorno familiar. Asimismo, aquellos que viven en comunidad presentan menor prevalencia de tristeza o depresión en comparación con otros grupos de edad.
El papel de la enfermería
Las enfermeras deben actuar como agente de cambio frente a las situaciones de edadismo, desde el primer contacto con el paciente hasta el final de su seguimiento. Cada profesional tiene la responsabilidad de brindar un trato digno, mostrando respeto, empatía y eliminando cualquier prejuicio ante las diferentes situaciones que pueda encontrarse.
Para ello, es clave fomentar la formación, incidiendo en el proceso de envejecimiento, promover la escucha activa y garantizar la participación de las personas mayores en sus propios planes de cuidados.
Es esencial visibilizar esta problemática, promover el debate público, denunciar las prácticas discriminatorias e incluir la perspectiva de la vejez en las políticas y campañas públicas. Estas acciones contribuirán a generar un cambio en la sociedad que impulse no sólo la longevidad, sino también el bienestar integral, la calidad de vida y la dignidad en el envejecimiento.
Como combatir el edadismo
El edadismo se puede combatir mediante las siguientes estrategias:
Políticas y legislación, con las que proteger los derechos humanos y abordar la discriminación y la desigualdad existente por razón de la edad.
Actividades educativas, para transmitir conocimientos y competencias que promuevan la empatía.
Intervenciones intergeneracionales que permiten conectar a personas de diferentes generaciones, con las que reducir o eliminar el edadismo.
Desmitificar estereotipos mediante historias positivas y reales, donde poder ver diferentes ejemplos de personas mayores activas, creativas y relevantes.
Conclusión: más años, mismos derechos
Envejecer no es una patología ni implica una pérdida de valor social del individuo. Por el contrario, representa una etapa vital que merece respeto, atención y reconocimiento. Combatir el edadismo es un paso necesario para construir una sociedad más justa y solidaria, donde los años vividos no sean un motivo de exclusión.
Para conseguirlo, es necesario diseñar estrategias de sensibilización e intervenciones socioeducativas -tales como seminarios, conferencias y talleres formativos- orientados a crear una nueva conciencia social, donde las personas mayores puedan vivir con dignidad, participar plenamente y seguir aportando desde su experiencia.

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