El asma en la población pediátrica
Carlos Luis Martín de Vicente
06 de mayo de 2025
El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la edad pediátrica, presentándola hasta el 10% de los niños españoles. Muchos de los niños asmáticos no tendrán la enfermedad en la edad adulta, pero la mayoría de adultos asmáticos iniciaron sus síntomas en la infancia. Existen diferentes factores o causas que favorecen la aparición del asma como la genética, el tabaquismo pasivo o materno durante el embarazo, la alimentación, la polución y la sensibilización alérgica, siendo ésta, la que más va a influir en la persistencia de la enfermedad más allá de la infancia.
El asma se produce por una inflamación crónica de los bronquios, haciendo que estos se estrechen de forma mantenida o súbitamente, lo que da lugar a síntomas como tos seca, dificultad respiratoria o ahogo, pitos en el pecho y/o dolor torácico. Los factores precipitantes más frecuentes de síntomas agudos son la infección respiratoria (vírica o bacteriana), la exposición alérgica alta (a pólenes en primavera, a la humedad en días de lluvia…), el estrés emocional (nervios por exámenes de la escuela…) o el ejercicio físico intenso.
El diagnóstico del asma se basa principalmente en los síntomas típicos de la enfermedad y en la demostración, en los niños más mayores (a partir de los 5-6 años), de la obstrucción bronquial y del fenómeno de reversibilidad bronquial (broncodilatación), con pruebas de función pulmonar como la espirometría forzada. Es importante conocer qué factores pueden estar influyendo en los síntomas, principalmente la alergia, por lo que siempre es conveniente realizar un estudio alérgico con test cutáneos (prick test) o analítica de sangre. Determinadas medidas o recomendaciones de evitación en los niños sensibilizados a algún alérgeno, por ejemplo, quitar mascotas del domicilio en aquellos alérgicos al pelo del perro o del gato, serán de ayuda para reducir los síntomas.
Existen medicaciones muy efectivas para mejorar el control del asma, pero no para curarlo, por lo que son tratamientos, por lo general, que duran años. Dependiendo de la intensidad y la frecuencia de los síntomas, así como de la afectación en la calidad de vida, se darán más o menos fármacos. Los medicamentos más frecuentemente utilizados son los inhalados, tanto los broncodiltadores de acción rápida como el salbutamol o la terbutalina en caso de crisis aguda de asma, o los corticoides como la budesonida o la fluticasona como medicamentos controladores o preventivos administrados diariamente.
Tan importante es el tipo de fármaco inhalado, como la forma de administrarlo. Hay inhaladores presurizados que se administran con cámaras espaciadoras pudiéndose adaptar una mascarilla para los niños más pequeños (< 6 años) y otros inhaladores en polvo seco que se toman haciendo una inspiración profunda desde la boquilla del mismo dispositivo. Para evitar la aparición de hongos en la boca con el uso de corticoides inhalados, siempre hay que enjuagarse la boca tras la inhalación. El correcto uso de los tratamientos controladores y el cumplimiento diario de los mismos son fundamentales para poder controlar la enfermedad.
Solo el 3-5% de los asmáticos tienen un asma mal controlada a pesar de escalones altos de tratamiento, lo que se conoce como asma grave. Aun en estos casos, existen nuevos medicamentos que, según las características clínicas e inflamatorias, ayudan a mejorar el asma. Para ello, el niño debería de estar controlado en un centro médico especializado en el manejo y tratamiento de estos pacientes.
En resumen, el asma es una enfermedad frecuente en pediatría pero que puede desaparecer antes de la adolescencia o persistir en la edad adulta, sobre todo si existen antecedentes familiares de asma y/o alergias a inhalantes. Es importante llegar a un diagnóstico clínico y funcional para poder iniciar un tratamiento, que dependerá del número de exacerbaciones (o crisis) agudas y de la intensidad de las mismas. El control y seguimiento de la enfermedad lo deberá de hacer un médico con experiencia en asma, para evitar tratamientos innecesarios o a dosis inapropiadas. Si el tratamiento se hace de forma adecuada y con buen cumplimiento, las probabilidades de que el asma esté bien controlada son muy altas, lo que permitirá llevar una vida completamente normal.
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