Fertilidad y salud. Lo que toda persona debería conocer
María Susana Lafuente Pardos
04 de junio de 2025
La fertilidad es una dimensión del ser humano, una esfera importante de la vida y de los deseos más genuinos del ser humano. Además, es también una parte esencial de nuestra salud general, aunque a veces se habla de ella solo cuando surgen dificultades para concebir. Sin embargo, conocer cómo funciona nuestro cuerpo, qué hábitos favorecen una fertilidad sana y qué pruebas existen para valorar nuestro estado puede marcar una gran diferencia, tanto si estamos intentando un embarazo como si solo queremos cuidarnos de forma preventiva.
¿Qué es la fertilidad?
La fertilidad se refiere a la capacidad biológica de una persona para concebir y mantener un embarazo. Es un proceso complejo en el que intervienen hormonas, órganos reproductores, el estado general de salud y también, aunque muchas veces se olvida, el estilo de vida.
En las mujeres, implica un ciclo menstrual regular, ovulación, calidad del útero y trompas de Falopio, entre otros factores. En los hombres, está relacionada con la cantidad, movilidad y forma de los espermatozoides. Todo esto puede verse influido por múltiples variables: algunas se pueden controlar y otras no, pero conocerlas ayuda.
Hábitos saludables que favorecen la fertilidad
En general, la frecuencia de las relaciones sexuales para facilitar la concepción es la de mantener, al menos, una cada dos o tres días.
Muchos de los hábitos que se recomiendan para una vida sana en general también son buenos aliados de la fertilidad. Aquí van algunos que conviene tener en cuenta:
Alimentación equilibrada: Una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales, proteínas de calidad y grasas saludables ayuda a regular el sistema hormonal. Evitar el exceso de azúcares, ultraprocesados y alcohol también es importante.
Movimiento diario: El ejercicio regular mejora la circulación, reduce el estrés y ayuda a mantener un peso adecuado. No es necesario entrenar intensamente; caminar, bailar o hacer yoga pueden ser suficientes.
Descanso reparador: Dormir entre 7 y 9 horas al día favorece el equilibrio hormonal, especialmente en mujeres con ciclos irregulares o estrés crónico.
Reducción del estrés: El estrés sostenido puede alterar la ovulación y afectar la calidad del semen. Técnicas como la meditación, la respiración consciente o simplemente desconectar de las pantallas antes de dormir pueden ser de gran ayuda.
Evitar tóxicos: El tabaco, el alcohol en exceso, algunas sustancias químicas (presentes en ciertos cosméticos o plásticos) y el uso prolongado de fármacos sin control pueden afectar directamente a la fertilidad.
Conocer tu cuerpo: Aprender a observar las señales del ciclo menstrual –flujo cervical, temperatura basal, cambios emocionales– es una herramienta muy poderosa para saber si todo va bien o si hay algo que consultar.
¿Cuándo consultar con un@ especialista?
Si una pareja lleva más de un año manteniendo relaciones sexuales regulares sin anticonceptivos y no logra el embarazo, se recomienda acudir a una consulta especializada. En mujeres mayores de 35 años, ese plazo se acorta a seis meses. Pero no hace falta esperar tanto. También es adecuado pedir orientación si:
Los ciclos menstruales son muy irregulares o ausentes.
Hay antecedentes personales o familiares de enfermedades ginecológicas (como endometriosis, SOP -sindrome del ovario poliquistico- ).
Se ha tenido una infección pélvica o una cirugía abdominal.
Existen problemas conocidos de esperma o disfunción eréctil en la pareja.
Principales pruebas diagnósticas
Cuando se inicia un estudio de fertilidad, el objetivo es entender qué está ocurriendo y, en su caso, encontrar la mejor forma de acompañar o apoyar el proceso. Estas son algunas de las pruebas más habituales:
Ecografía transvaginal: Permite valorar el estado de los ovarios y del útero. También se puede hacer un recuento de folículos antrales para estimar la reserva ovárica.
Analítica hormonal: Se realiza normalmente en los primeros días del ciclo para conocer los niveles de FSH, LH, estradiol, prolactina, TSH y otras hormonas implicadas.
Prueba de ovulación: Puede incluir la medición de la progesterona en fase lútea (unos 7 días después de la ovulación). Se puede hacer en casa utilizando unas tiras reactivas que se introducen en orina. Cuando el test de ovulación da un resultado positivo, mantener relaciones sexuales ese día y el día posterior incrementa la posibilidad de que un espermatozoide fecunde al ovocito.
Histerosalpingografía: Es una radiografía con contraste que permite ver si las trompas de Falopio están permeables.
Seminograma: Evalúa el número, movilidad y morfología de los espermatozoides.
Cuidarse es el primer paso
Hablar de fertilidad no es solo hablar de reproducción. Es hablar de salud, de autocuidado, de conciencia corporal. Cuidar lo que comemos, cómo dormimos, cómo nos movemos y qué ritmo de vida llevamos tiene un impacto directo en nuestra salud reproductiva, pero también en nuestro bienestar general.
Y si alguna dificultad aparece, buscar ayuda médica y emocional a tiempo puede marcar una gran diferencia. La fertilidad no es un destino inmutable, sino un proceso que podemos acompañar con conocimiento, compasión y atención.

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