Maternidad online

Natalia Barrio Forné

24 Julio 2024

Las redes sociales son un método de información accesible y comúnmente utilizadas en la actualidad. Uno de los campos consultados es todo lo referente a la maternidad, llegándose a convertir este medio de comunicación en una parte de la vida familiar.

La crianza, la salud y la nueva forma de vida supone un reto para los padres, lo que les lleva a sentirse en muchos casos abrumados y frustrados por la incertidumbre, el desconocimiento, por los eventos que van sucediendo a lo largo del crecimiento de los hijos y por las inevitables comparaciones.

A su vez, el uso excesivo de dichas redes sociales implica distracciones y preocupaciones sobre los efectos en el bienestar tanto individual como familiar.

Es por ello que cada vez hay más estudios sobre la influencia de esta forma de obtención de información.

Las motivaciones para el acceso son diferentes para los padres y madres. En cuanto a los padres, su uso principal se centra en la búsqueda de apoyo social y de información. Las madres, aunque buscan también apoyo social, su pretexto está relacionado también con los sentimientos de conexión. Este factor fue demostrado en un estudio llevado a cabo con madres primerizas, en las que se observó mayoritariamente, en concreto en más de un 86%, que escribían blogs con el objetivo de mantenerse en contacto con el mundo exterior.

Este acceso puede modificar los resultados de salud, llegando a producir esta búsqueda de información ansiedad, estrés parental, depresión por las múltiples comparaciones sociales y la disminución del contacto con el mundo laboral. Por lo tanto, este uso de las redes sociales no está asociada a unos resultados positivos en la salud familiar.

Por su parte, las embarazadas experimentan una serie de cambios tanto físicos como emocionales que les obliga a prepararse física y emocionalmente para responder al desafío que supone criar un hijo, además de la aceptación de la apariencia corporal en el desarrollo del embarazo y la incertidumbre que se genera a lo largo del proceso.

Estas modificaciones implican que las mujeres embarazadas deben tener como objetivo mantener un estilo de vida saludable y un bienestar mental, y es ahí donde las redes sociales pueden influir también de forma positiva o negativa.

La comunicación digital aporta una información rápida basada en imágenes y videos a los que las usuarias pueden acceder fácilmente. Este medio permite que las embarazadas se sientan apoyadas socialmente, lo que colabora en la prevención de la ansiedad relacionada con el estado grávido e incluso fomenta un estado de ánimo positivo.

El problema viene cuando esa información proviene de fuentes poco fiables y no es proporcionada por profesionales de la salud, puesto que esto puede originar puntos de vista contrarios a otros hilos donde la información es veraz, desencadenando desconfianza y problemas de salud mental.

En muchas ocasiones, el contenido de estas plataformas ofrece una visión romántica e idealizada de la maternidad, ofreciendo unos estándares inalcanzables y sin una base científica, que impacta directamente en la salud mental materna, a través de la comparación social, lo que incide en la autoestima de las embarazadas.

Estos problemas de salud mental pueden tener consecuencias indeseadas como parto prematuro, bajo peso al nacimiento y depresión posparto.

Otra circunstancia a tener en cuenta en la divulgación digital de contenido sobre la salud es el origen dudoso de estas publicaciones, lo que aflora una realidad en el vínculo entre la obstetricia y la difusión de dicho contenido que se asienta en innumerables litigios, siendo la especialidad médica con la tasa más alta.

Estas exposiciones de contenido pueden provenir también de personas influyentes en redes sociales, quienes, junto a sus seguidores, pueden tener efectos favorecedores o perjudiciales. En la actualidad hay pocos estudios que hayan reflejado la repercusión que tienen sobre el embarazo, aunque las primeras hipótesis apuntan a que existen discordancias entre las expectativas creadas por los creadores de contenido y la experiencia real de la maternidad y una tendencia a la sustitución de la educación presencial aportada por los profesionales de la salud, lo que supone un riesgo alto de que los conocimientos sean incorrectos o incompletos.