Parálisis cerebral. Comprenderla para prevenir, comprenderla para acompañar
Víctor Adán Lanceta
6 de octubre de 2025
Cuando me toca asistir, como pediatra, a un nacimiento, suelo recibir esa nueva vida con una frase: “Bienvenidos a la aventura, papás.” Porque cada nacimiento es, en realidad, el inicio de una aventura: incierta, emocionante, con momentos luminosos y con dificultades, llena de retos, con sus éxitos y sus fracasos. Y esto es aún más cierto cuando se trata de un niño afectado por parálisis cerebral.
Este 6 de octubre es el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. Un día para visibilizarla y recordar a nuestras familias, a nuestros parientes y amigos que no están solos en el proyecto de vida que han iniciado o recorren, tan exigente como valioso.
¿Qué es la parálisis cerebral? ¿Se puede prevenir?
La parálisis cerebral es una de las principales causas de discapacidad motora en la infancia. Cada caso es diferente y la mayoría comparte un origen común: una lesión o alteración en el desarrollo del cerebro inmaduro, ya sea durante el embarazo, el parto o los primeros años de vida.
Las causas son múltiples. Entre las más habituales encontramos:
Durante el embarazo: infecciones maternas, exposición a tóxicos, malformaciones fetales, restricción del crecimiento intrauterino o insuficiencia placentaria.
Durante el parto: asfixia perinatal, partos prolongados o traumáticos, necesidad de cesáreas urgentes.
Tras el nacimiento: prematuridad, hemorragias cerebrales, infecciones graves o traumatismos craneoencefálicos en la primera infancia.
Aquí conviene romper una lanza por los compañeros obstetras. El embarazo y el parto son procesos naturales, sí, pero lo natural no siempre significa lo seguro. Que algo sea natural no debe de implicar un juicio moral positivo, per se. Precisamente por su intensidad física, emocional y espiritual, pueden surgir complicaciones que requieren vigilancia estrecha. El manejo adecuado de estas situaciones puede disminuir notablemente el riesgo de parálisis cerebral. Un control prenatal responsable, una atención obstétrica cualificada y una respuesta rápida ante emergencias –incluida la realización de una cesárea urgente cuando sea necesario– pueden marcar la diferencia entre un nacimiento saludable y una lesión neurológica permanente.
¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de la parálisis cerebral?
La parálisis cerebral se manifiesta como un grupo de trastornos que afectan al movimiento, la postura y, en ocasiones, a la comunicación y la cognición (un 50% en esta última). Los niños afectados por parálisis cerebral y sus familias van a tener que enfrentarse a grandes desafíos clínicos que se irán manifestando conforme el niño crezca y se desarrolle.
Ya desde los primeros meses o años de vida se pueden apreciar algunas señales de alerta como retraso en alcanzar hitos motores (sostener la cabeza, sentarse, gatear, caminar), rigidez muscular excesiva o, por el contrario, flacidez, movimientos poco coordinados, dificultades en la alimentación y deglución y problemas del habla y comunicación. No todos los niños presentan los mismos síntomas y, la severidad, puede ir desde casos muy leves –en los que apenas se notan dificultades– hasta cuadros graves que limitan casi todas las funciones motoras.
Aquí el papel del pediatra y de todos los profesionales implicados en el seguimiento, tratamiento y acompañamiento del niño y su familia es fundamental.
¿Cómo se trata la parálisis cerebral?
La parálisis cerebral no tiene cura. La aventura, como suelo decir, no está en modo fácil. Sin embargo, eso no significa que no pueda vivirse con plenitud ni disfrutarse de cada reto aceptado, de cada reto superado y de cada logro alcanzado.
El abordaje es siempre multidisciplinar y busca potenciar las capacidades del niño y mejorar su calidad de vida:
Apoyo psicológico y social para la familia, que desempeña un papel crucial en el desarrollo emocional del niño.
Adaptaciones tecnológicas y educativas que permiten la inclusión escolar y social.
Fisioterapia y terapia ocupacional, para potenciar las habilidades motoras y fomentar la autonomía.
Atención ortopédica y uso de ayudas técnicas, como férulas, andadores o sillas adaptadas.
Terapia del lenguaje, en los casos donde existe dificultad en la comunicación.
Tratamiento farmacológico, cuando hay espasticidad severa o epilepsia.
Manejo nutricional, adaptando texturas y consistencias, aportando suplementos cuando sea necesario y, en casos más complejos, recurriendo a técnicas como la gastrostomía. Una adecuada nutrición mejora la energía, el crecimiento y la capacidad de aprovechar al máximo las terapias.
El objetivo nunca es únicamente la rehabilitación, sino la construcción de un proyecto de vida digno y pleno para cada niño.
Vivir con parálisis cerebral. Una mirada positiva
Si bien la prevención es esencial, nunca debemos olvidar que un diagnóstico de parálisis cerebral no significa el final de la esperanza, sino el inicio de un camino distinto. Cada día, miles de niños y adultos en el mundo nos enseñan que, con apoyo, amor y recursos adecuados, es posible abrazar la aventura de la vida y maravillarnos con logros que parecen pequeños, pero son inmensos. Y, al mismo tiempo, podemos honrar nuestra humanidad al comprometernos con el cuidado de lo más preciado que tenemos: la vida de nuestros hijos.
Conclusiones
En definitiva, la parálisis cerebral es un desafío complejo que nos interpela como sociedad. Su prevención pasa por un embarazo y parto controlado y una atención neonatal de calidad. Y cuando se presenta, el acompañamiento cercano de un equipo multidisciplinar marca la diferencia en la vida de los niños y sus familias.
Para cualquier padre, lo más importante es la salud de sus hijos. Por eso, garantizar una atención obstétrica adecuada, acompañamiento pediátrico y seguimiento especializado no es solo una necesidad médica: es un acto de amor y de responsabilidad hacia el futuro.
Bienvenidos a la aventura, papás.

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