Síndrome del niño zarandeado

Roberto Alijarde Lorente

7 de febrero de 2025

El síndrome del niño sacudido o zarandeado es un conjunto de lesiones cerebrales que se producen al sacudir de forma vigorosa y no controlada a un bebé. Zarandear a un bebé unos pocos segundos puede provocar secuelas neurológicas irreversibles o incluso la muerte. La mayor incidencia se encuentra entre los dos y los ocho meses de edad.

¿Cómo se produce el síndrome del niño zarandeado?

 

La cabeza de los bebés y lactantes es grande y pesada respecto al resto del cuerpo, suponiendo aproximadamente el 25% del peso total. Los músculos del cuello son débiles e incapaces de realizar un correcto sostén cefálico. El cerebro es blando y con vasos sanguíneos frágiles. Todo ello lo hace vulnerable al zarandeo, el cerebro se golpea contra las paredes del cráneo pudiendo producir sangrado o inflamación en el cerebro, hemorragias en retina y lesiones a nivel de cuello y médula espinal.

 

El motivo más frecuente de zarandeo es el de un cuidador agotado y enfadado en respuesta a un llanto prolongado e inconsolable del bebé. En ocasiones también lo encontramos en el intento de reanimar ante una situación que se interpreta como amenazante para la vida del bebé (atragantamiento, acceso de tos o apnea). También lo podemos encontrar al lanzar al bebé al aire jugando, aunque generalmente esta última causa no suele ser lo suficientemente enérgica como para provocar lesiones cerebrales; aun así, debe evitarse por riesgo de caída o traumatismo.

 

Tras el zarandeo, podemos encontrar un bebé poco reactivo o más adormilado. También podría estar más irritable de lo habitual, tener vómitos o convulsiones. Tras un zarandeo grave, el 50% de los bebés queda con secuelas graves e irreversibles, como retraso mental o parálisis cerebral, y hasta el 10% puede llegar a fallecer. Otros problemas que podemos encontrar en zarandeos de menor intensidad, son problemas de aprendizaje o coordinación.

¿Se puede evitar el síndrome del niño zarandeado?

 

Todo caso de niño zarandeado ha podido evitarse. Aunque en la mayoría de los casos no había intención de dañar, la fuerza generada por un adulto es suficiente para generar lesiones irreversibles en un bebé. Todo ello nos indica que es fundamental la prevención, el crear protocolos y programas de información a padres, madres y cuidadores principales explicando ya en la maternidad los riesgos que comporta el zarandeo.

 

Los primeros meses en la crianza de un bebé son un momento muy delicado. Debemos ajustar nuestras expectativas y entender que el llanto y la alta demanda forman parte de una etapa normal en el desarrollo, existiendo una gran variabilidad entre bebés en el patrón de comportamiento, llanto y temperamento.  El llanto inconsolable y el cansancio acumulado generan frustración y rabia. Como padres debemos entenderlo, encontrar alternativas y, si es preciso, buscar ayuda y no perder la paciencia.

 

Las causas del llanto excesivo en un bebé son múltiples y muy variadas: hambre, frío o calor, pañal sucio, cansancio, dolor o necesidad de consuelo y contacto. Los padres o cuidadores pueden intentar identificar la causa y dar los cuidados necesarios, y siempre intentar tranquilizar y consolar acariciándole, hablándole de forma suave o cogiéndolo en brazos.

 

Aquellos casos en los que el cuidador interpreta una situación amenazante para la vida del bebé (apnea, espasmo del llanto, atragantamiento o acceso de tos), nunca debemos agitar al niño. Debemos mantener la calma y podemos ponerlo boca abajo sobre nuestro brazo o mantenerlo sentado e inclinado hacia delante sujetando la cabeza, estimular la espalda o, en caso de sospecha de atragantamiento, dar golpes en región interescapular.

 

Tampoco debemos jugar lanzando al bebé al aire. Si se hace de forma enérgica podemos generar lesiones graves. Y, en todo caso, se puede lesionar a consecuencia de un traumatismo o caída.

 

Padres, madres y cuidadores, siempre hay una mejor alternativa. Nunca se debe zarandear a un bebé. Perder el control unos pocos segundos puede tener consecuencias irreversibles.