¿Un primitivo test de Apgar? El rol de las matronas en la valoración del recién nacido en la Antigüedad
María García-Magán
17 diciembre 2024
En 1953, la doctora Virginia Apgar publicó en la prestigiosa revista Anesthesia & Analgesia un artículo que marcaría un antes y un después en el campo de la obstetricia y la ginecología. Y es que este sería el foro elegido por la anestesista para la presentación del posteriormente conocido como test de Apgar, un examen clínico realizado a los recién nacidos con el objetivo de valorar su estado general inmediatamente después del parto.
Más concretamente, el test de Apgar valora cinco signos clínicos en el neonato: el esfuerzo respiratorio, la frecuencia cardíaca, el tono muscular, los reflejos y la coloración de la piel. El profesional sanitario asigna a cada uno de estos cinco parámetros una puntuación de entre 0 y 2 puntos y, posteriormente, suma el resultado de cada uno de ellos. De este modo, se obtiene un resultado final comprendido entre 0 y 10 puntos que indica el estado general del recién nacido (a mayor puntuación mejor estado). Este test se realiza en el primer minuto de vida para conocer la tolerancia al parto del neonato y se repite a los cinco minutos tras el nacimiento para analizar la evolución del recién nacido y su adaptación al medio.
Así pues, nos encontramos ante una herramienta rápida y de fácil aplicación, utilizada tanto por médicos obstetras, pediatras y matronas, que no solo valora el estado general del recién nacido, sino que también tiene capacidad para orientar en su pronóstico y predecir la supervivencia del neonato. Por todas estas razones, en la actualidad su uso está ampliamente extendido a nivel mundial, a pesar de que ya desde hace décadas se cuestiona su fiabilidad y valor, lo que ha dado lugar a la propuesta de nuevas alternativas e instrumentos de valoración del neonato inmediatamente después del parto. Sin embargo, la OMS sigue recomendando su aplicación, que está plenamente implantada en nuestro país y constituye una herramienta fundamental en el desempeño profesional de las matronas en la actualidad.
No obstante, la doctora Apgar publicó su trabajo a mediados del siglo XX, algo que resulta reciente puesto en perspectiva en el contexto de la longue durée de la Historia de la Ciencia. Por este motivo resulta legítimo preguntarse: ¿cómo se valoraba a los recién nacidos antes de la aparición del famoso test?, ¿sobre qué figuras recayó la responsabilidad de llevar a cabo este examen?, ¿con qué fin? Y aunque las respuestas a estas preguntas podrían ser tan numerosas como sociedades han existido, a continuación, intentaremos resolver estas cuestiones a partir de las fuentes de una de las culturas que más influencia ha tenido en el devenir de la civilización occidental: el mundo clásico.
La importancia de las matronas durante la Antigüedad es un hecho indiscutible (téngase en cuenta que en este texto utilizamos el término matrona en su acepción actual en castellano y no con su significado en lengua latina). La investigación presume que, la mayoría de las matronas, basaría su práctica en la transmisión oral de saberes entre generaciones, y que sus conocimientos serían eminentemente prácticos. No obstante, algunos datos nos hacen pensar que tal vez una parte de este colectivo pudo estar alfabetizado e incluso recibir algún tipo de formación de naturaleza teórica.
De hecho, el médico griego Sorano —principal figura en el campo de la obstetricia desde los primeros siglos de nuestra era hasta la Edad Moderna— describió a la “matrona ideal” como aquella que, además de acumular saberes prácticos, poseyó una formación teórica (Sor.Gyn.1.3-4). Precisamente, gracias a este médico y a su tratado Ginecología, podemos entender mejor no solo a la propia figura de la matrona, sino también conocer sus competencias y, en concreto, los cuidados que dispensó a los recién nacidos durante la Antigüedad.
Las matronas desempeñaron un papel fundamental en la reproducción social de la antigua Roma, en tanto que fueron las encargadas de valorar la viabilidad de los recién nacidos. Se ha de tener en cuenta que las matronas no solo dispensaron cuidados a la mujer durante la etapa del embarazo y se encargaron de atender su parto, sino que también fueron fundamentales en el cuidado de los recién nacidos.
Como cuenta Sorano, tras la expulsión del neonato, la matrona lo recogía y anunciaba su sexo mediante un gesto de la mano que, por desgracia, desconocemos. A continuación, depositaba al neonato en el suelo y comenzaba a examinar su estado general, realizando una inspección visual en busca de cualquier anomalía física. La matrona valoraba la fuerza del llanto del bebé y examinaba sus miembros, comprobando su tono y sensibilidad (dos valoraciones que coinciden con dos de los parámetros del actual test de Apgar). Además, la matrona también debía comprobar que “sus conductos, es decir, los oídos, nariz, faringe, uretra, ano” estuvieran “libres de obstrucción” (Sor.Gyn.2.10). En otras palabras, la matrona valoraba la funcionalidad de los órganos del neonato y la permeabilidad de la vía área (un último aspecto que también forma parte del examen rutinario que realizan las matronas en la actualidad).
No obstante, la responsabilidad de la matrona en el mundo antiguo excedía las atribuciones de las matronas en la actualidad, pues el resultado de esta valoración determinaba “si merecía la pena que el bebé fuera criado”, en palabras de los antiguos. Si el juicio de la matrona era desfavorable, el neonato podía ser abandonado en una práctica conocida como expositio, muy lejana a los valores morales de la sociedad actual. Es por ello que se afirma que las matronas desempeñaron un rol central en la reproducción socialdel mundo clásico pues, al fin y al cabo, fueron quienes determinaron el destino de los individuos nacidos durante esta época mediante este primer juicio.
Aunque que no existen evidencias ni razones para pensar que la doctora Apgar tomara como referencia el trabajo de las matronas en la Antigüedad, no dejan de resultar curiosas las indiscutibles similitudes entre la valoración del recién nacido en época antigua y los parámetros establecidos por el actual test de Apgar. Estos paralelismos nos indican que, si bien es cierto que las prácticas desarrolladas por las matronas en la Antigüedad no se basaron en la evidencia científica, tampoco pueden ser desdeñadas como “primitivas”, pues casi dos milenios más tarde forman parte de la práctica habitual de las matronas del siglo XXI.
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