La dieta Cetogénica: Un tratamiento alternativo para la epilepsia refractaria

Sofía Pérez Calahorra

10 de febrero de 2025

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica que afecta a 50 millones de personas en todo el mundo. Esta enfermedad se caracteriza por producir convulsiones recurrentes involuntarias. Además, estas convulsiones frecuentes provocan que estas personas tengan una calidad de vida reducida debido en parte a que padecen más enfermedades físicas y psíquicas, utilizan con mayor frecuencia los servicios médicos y tienen elevada mortalidad.

Los medicamentos anticonvulsivos son la principal opción de tratamiento para la epilepsia. Los actuales tratamientos farmacológicos han conseguido que hasta dos tercios de los pacientes tratados no tengan convulsiones. Sin embargo, un porcentaje elevado de personas (30%) no logran mejorar con los tratamientos convencionales actuales. A esto se le conoce como epilepsia refractaria. Estos casos están siendo un reto para la investigación y la medicina, pero parece que existe una alternativa no farmacológica efectiva, conocida como dieta cetogénica.

¿Qué es la Dieta Cetogénica?

La dieta cetogénica es una estrategia nutricional que consiste en consumir una elevada cantidad de grasas, una cantidad moderada de proteínas y una reducción drástica de los hidratos de carbono, además de restricción calórica y de líquidos. Esta combinación, provoca un contexto metabólico similar al ayuno y hace que el cuerpo entre en un estado conocido como cetosis. La cetosis se produce cuando el organismo empieza a utilizar las grasas como principal fuente de energía en lugar del uso de los carbohidratos (glucosa). Como resultado de ello, se producen cetonas por el hígado. Según la evidencia científica de los estudios experimentales realizados, las cetonas parecen tener un efecto beneficioso en el cerebro y ayudar a controlar las convulsiones.

El uso de la dieta cetogénica como terapia no es nuevo, se remonta incluso a la antigua Grecia, cuando se utilizaba el ayuno para reducir las convulsiones. Sin embargo, tal y como la conocemos a día de hoy, la dieta cetogénica clásica fue desarrollada en 1920 por el doctor Russel Wilder. La dieta cetogénica clásica, produce efectos similares al efecto que produce el ayuno, pero con una desventaja importante, como es la dificultad de seguirla durante cierto tiempo. Es por ello que, desde entonces, la dieta cetogénica ha evolucionado hacía variantes más flexibles que permitan un mejor cumplimiento. Entre estas variantes encontramos:

Dieta Atkins Modificada: esta variante permite proporcionar mayor flexibilidad y palatabilidad, lo que la hace más fácil de seguir. La proporción es un 65% de grasa, 25% de proteína y 10% de carbohidratos; estos últimos se limita su consumo entre 10-20 g/día en niños y 15-20 g/día en adultos.

Dieta de Bajo Índice Glucémico: Esta estrategia está enfocada a permitir el consumo de alimentos que tienen un menor impacto en los niveles de azúcar en sangre, siendo la opción más flexible y la cual las personas mantienen en el tiempo. Se basa en una proporción del 60% de grasas, 30% de proteínas y 10% de carbohidratos con un índice glucémico bajo.

Es importante aclarar que, la dieta cetogénica ha demostrado ser una alternativa efectiva para combatir y reducir las convulsiones en estos casos, pero considero importante exponer los mecanismos que participan en la función cerebral con esta dieta.

  1. Modifica la actividad de las neuronas, alterando su metabolismo y reduciendo la excitabilidad cerebral por la reducción de glucosa como combustible principal neuronal, y por tanto, gracias a la mayor presencia de cetonas. La función de la glucosa es producir energía rápidamente disponible y está favorece la actividad convulsiva. Por lo tanto, con una dieta cetogénica, los niveles de glucosa en sangre son bajos, la energía rápida estará limitada y enlentecida a nivel de las neuronas, y el cerebro comienza a utilizar cetonas para producir energía lo que reduce actividad neuronal y las convulsiones.
  2. Afecta a los neurotransmisores: estos son sustancias cuya función es regular la comunicación entre las células cerebrales. Las cetonas influyen en la concentración de ácido gamma-aminobutírico (GABA). GABA es el principal neurotransmisor inhibidor de comunicación neural. Existe evidencia en la práctica clínica de mayores niveles de GABA en pacientes con la dieta cetogénica, el neurotransmisor GABA inhibe esa comunicación entre neuronas y reduce las convulsiones.
  3. Influye en el microbiota intestinal y parece impactar positivamente en la función cerebral. Se sabe que varias vías metabólicas moduladas por el microbiota intestinal han demostraron tener un impacto en el efecto anticonvulsivo con la dieta cetogénica, como la reducción de citoquinas inflamatorias, entre otros.

Todos estos mecanismos descritos conducen a modificaciones sistémicas y a una adaptación metabólica a nivel de la neurona como célula, pero estos cambios también permiten bajar peso, aumentar la perdida de grasa corporal, etc., por lo que los beneficiosos pueden ser varios.

Por otro lado, para conseguir esta eficacia es importante destacar que, en una dieta como esta, donde el consumo de grasa elevado es necesario, consumir alimentos ricos en grasa saludable procedente de alimentos vegetales es esencial. Se puede incorporar aguacate, aceite de oliva, frutos secos, semillas y, por el contrario, no abusar de alimentos de origen animal como los huevos, las carnes y los pescados como modo de conseguir ese consumo elevado de grasa. Además, es necesario eliminar cualquier tipo de cereales, pasta, pan, patata, harinas, dulces, ultraprocesados, etc. pero por favor no es necesario eliminar las verduras y ciertas frutas como frutos rojos, frutas ácidas, entre otras. Un ejemplo de desayuno sería una tortilla francesa con 2 lonchas de queso semicurado o curado, dos lonchas finas de beicon y un pedazo de aguacate.

En conclusión, la dieta cetogénica y sus variantes han demostrado ser una alternativa eficaz para tratar la epilepsia en pacientes que no responden a los medicamentos actuales. Aunque no es una solución para todos, representa una esperanza para muchas personas que buscan mejorar su calidad de vida. A medida que avanza la investigación, podrían descubrirse nuevos beneficios y formas de hacerla más accesible para quienes la necesitan.