Amimefuncionismo y gluten

Izaskun Martín Cabrejas
16 de mayo de 2025
“Llevo meses sin comer gluten y no veas si he perdido peso…”

Seguro que esta frase podría resonar a unas cuántas de las personas que lean este artículo. Pobre gluten, qué mala fama tiene, no sé si se la merece…

 

Y, ¿habéis oído hablar sobre el amimefuncionismo? Se trata de un neologismo que describe la tendencia a creer que algo funciona solo porque a alguien se lo han dicho o porque le ha funcionado personalmente, sin tener en cuenta la evidencia científica o la posibilidad de otros factores que podrían haber influido en el resultado.

 

¿Qué es el gluten?

 

Las proteínas de los alimentos son las principales causantes de buena parte de las restricciones alimentarias de origen clínico (amén de otras metabolopatías) que todos y todas conocemos. El gluten, como podéis imaginar, también es una proteína. Luego existen otras como la proteína de la leche de vaca o la proteína transportadora de lípidos (o LTP) presente en multitud de vegetales como frutas, verduras y frutos secos y que ocasiona múltiples alergias.

 

¿Cuáles son las patologías clínicas relacionadas con el consumo de gluten?

 

Lo primero que hay que recalcar es que la intolerancia al gluten no existe, aunque escuchemos hablar de ella, es un término obsoleto que la sociedad debería poner en desuso.

La enfermedad celiaca es una patología multisistémica, es decir, además del sistema digestivo, otros sistemas como el sistema neurológico, reproductivo, endocrino, la piel, etc. podrían verse afectados. Esta patología tiene base autoinmune y está provocada por la ingesta de gluten (presente en el trigo) y otras prolaminas (que son unas proteínas dañinas presentes en otros cereales como centeno y cebada) y únicamente aparece en individuos genéticamente susceptibles. Las personas celiacas suelen presentar al momento del diagnóstico daño intestinal, concretamente atrofia en las vellosidades, comprometiéndose la correcta absorción de nutrientes y pudiendo aparecer carencias tipo anemia, osteoporosis o desórdenes tiroideos, entre otras. O incluso otros problemas asociados menos conocidos como abortos de repetición, estreñimiento, depresión, dolores de cabeza o retraso en el crecimiento en edad temprana. Aunque sean síntomas muy dispares, encajan con los efectos causados en personas con esta condición. Por algo la llaman el camaleón de las enfermedades. Además, es una condición infradiagnosticada, es decir se estima que un porcentaje elevado de personas celiacas todavía no saben que lo son, ya que el diagnóstico es complejo.

 

La sensibilidad al gluten/trigo no celiaca es una condición caracterizada por síntomas gastrointestinales y extraintestinales que aparecen tras el consumo de gluten en personas sin enfermedad celíaca ni alergia al trigo, y mejoran al eliminar el gluten, aunque su mecanismo aún no se comprende completamente.

 

La alergia al gluten o a los cereales que lo contienen es una reacción poco frecuente mediada por el sistema inmunitario y puede causar síntomas como urticaria, dificultad respiratoria o anafilaxia tras la ingestión, inhalación o contacto con cereales como trigo, cebada o centeno, y requiere diagnóstico clínico específico.

 

Personas que suprimen el gluten de su dieta sin motivo clínico

 

Sin embargo, y a pesar de la evidencia científica y clínica, muchas personas deciden, sin estar enmarcadas en ninguno de estos tres diagnósticos, eliminar el gluten de su dieta. ¿Cuál podría ser el motivo? Una hipótesis es porque han oído, han leído, les han asegurado (amimefuncionismo) que esta desdichada proteína no aporta ningún beneficio. Es más, podría ser el causante de su hinchazón, su malestar, sus supuestos kilos de más, entre otros problemas.  Esta realidad implica según un informe reciente de la Academia Española de Nutrición y Dietética que un 8 % de la población española sigue una dieta sin gluten, y de estos, un 72 % lo hace sin una causa justificada. Esta tendencia se extiende en otros países, un análisis del Biobanco del Reino Unido con más de 124,000 participantes encontró que el 1,4% seguía una dieta sin gluten sin tener enfermedad celiaca.

Pero ¡cuidado!, quitarse el gluten puede conllevar una limitación social relevante, un deterioro en la salud y además un pequeño agujero en el bolsillo.

 

Sin evidencia científica de las bondades de la dieta sin gluten (sin tener ninguna patología relacionada)

 

Debido a esta tendencia se han realizado varios estudios que han analizado los efectos de seguir una dieta sin gluten en personas sin las patologías asociadas a su consumo. A continuación, se resumen algunas de sus conclusiones.

Según una investigación de 2021 que evaluó a mujeres sanas que siguieron una dieta sin gluten durante seis semanas, no se observaron cambios en el peso corporal ni en el gasto energético. Es más, la dieta sin gluten (no asesorada por un dietista-nutricionista) resultó en una menor ingesta de fibra y vitaminas B1, B6, B12 y folato, y un aumento en el consumo de grasas y sodio. Esto condujo a una mayor carga inflamatoria en la dieta, lo que sugiere que eliminar el gluten sin necesidad médica puede deteriorar la calidad nutricional y aumentar el potencial inflamatorio de la alimentación.

Los participantes de una investigación australiana publicada en 2024 dónde se centraban en personas que reportaban sensibilidad al gluten sin ser celiacas fueron sorprendentes. Los sujetos del estudio experimentaron síntomas gastrointestinales similares tanto al consumir gluten como al consumir un placebo, sin diferencias en los marcadores inflamatorios estudiados. Esto sugiere que los síntomas podrían deberse a un efecto nocebo (expectativa negativa, lo contrario a placebo) o a otros componentes del trigo, como los fructanos, en lugar del gluten en sí.

Por último, investigadoras europeas estudiaron por qué individuos sanos eligen dietas sin gluten, hallando que a menudo se debe a razones emocionales y una percepción de bienestar, no por necesidad médica. Esta conducta puede generar una «dependencia» psicológica de productos sin gluten, pese a la falta de beneficios probados para la salud en quienes no tienen trastornos relacionados con el gluten.

 

Así, el auge de dietas sin gluten entre personas sanas, posiblemente impulsado por la fe ciega en testimonios y la desinformación (amimefuncionismo), no solo es innecesario, sino que podría ser perjudicial para su salud y su bolsillo, desmintiendo la falsa panacea.