Pasear para cuidarnos: mucho más que dar un paseo
Miriam Carmena del Viso
19 de junio de 2026
En una sociedad en la que casi todo parece tener que hacerse deprisa, caminar representa algo tan sencillo como revolucionario: recuperar un hábito cotidiano capaz de mejorar nuestra salud y, al mismo tiempo, reforzar nuestros vínculos con las personas y con el entorno en el que vivimos.
No es una afirmación exagerada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la inactividad física constituye uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial y aproximadamente uno de cada tres adultos no alcanza los niveles de actividad física recomendados. Entre los adolescentes, la situación es aún más preocupante: cerca del 80% no realiza suficiente actividad física.
Como enfermera de Atención Primaria, pocas recomendaciones hago con tanta frecuencia y con tanta convicción como esta: salir a caminar.
Y es que caminar es una de las formas más sencillas, accesibles y económicas de incorporar actividad física a nuestra vida diaria. Sus beneficios son ampliamente conocidos. Contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer. También mejora el bienestar emocional, disminuye los síntomas de ansiedad y depresión y favorece un mejor descanso.
Precisamente por esa combinación de beneficios físicos, emocionales y sociales, en los últimos años han proliferado las iniciativas de paseos saludables impulsadas desde centros de salud, asociaciones, ayuntamientos y otros agentes comunitarios. Lejos de ser únicamente una forma de hacer ejercicio, estos grupos se han convertido en espacios de encuentro, apoyo mutuo y participación comunitaria.
A veces buscamos intervenciones complejas para mejorar la salud de las personas, cuando algunas de las más eficaces son también las más sencillas. Los paseos saludables son un buen ejemplo de ello.

Pasear sí, pero no solo pasear
Sin embargo, conviene evitar una idea bastante extendida: pensar que caminar es suficiente.
Con frecuencia escuchamos frases como «yo ya hago ejercicio porque salgo a andar todos los días». Y, aunque caminar es una magnífica actividad, las recomendaciones actuales de la OMS recuerdan que la actividad física es mucho más que acumular pasos.
Además de la actividad aeróbica, se recomienda incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular y, especialmente en las personas mayores, actividades que ayuden a trabajar el equilibrio y la coordinación. Este aspecto es particularmente importante, ya que las caídas constituyen una de las principales causas de discapacidad y pérdida de independencia en edades avanzadas.
Mantener la fuerza muscular y el equilibrio resulta fundamental para seguir realizando actividades cotidianas tan importantes como levantarse de una silla, subir escaleras, cargar la compra o reaccionar a tiempo ante un tropiezo.
Caminar, por tanto, es una excelente puerta de entrada a una vida activa, pero no debería hacernos olvidar la importancia de otros componentes del ejercicio físico. Fuerza, equilibrio y flexibilidad también forman parte de nuestra salud y son esenciales para preservar la autonomía y la calidad de vida a medida que envejecemos.
Y este mensaje no es exclusivo de las personas mayores. Los más jóvenes tampoco deberían conformarse con caminar como única forma de actividad física. La salud ósea, la masa muscular y la capacidad para mantenernos activos y autónomos a lo largo de la vida también dependen de incorporar actividades variadas desde edades tempranas.
No se trata de elegir entre unas actividades y otras, sino de combinarlas.
Más allá de los beneficios físicos, los paseos saludables representan una respuesta sencilla a algunos de los grandes retos de salud de nuestro tiempo. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el sedentarismo y la creciente prevalencia de enfermedades crónicas, promover hábitos activos sigue siendo una de las intervenciones con mayor impacto sobre la salud y la calidad de vida.
Especialmente en el medio rural, donde los recursos no siempre son abundantes y las distancias pueden convertirse en una barrera, los paseos saludables representan una actividad accesible y fácilmente adaptable a las características de cada comunidad.
Quizá ahí resida una de sus mayores fortalezas. No requieren grandes infraestructuras ni recursos extraordinarios. Basta con un grupo de personas, ganas de caminar y la voluntad de convertir un gesto cotidiano en una oportunidad para cuidarnos.
Este 19 de junio, Día Mundial del Paseo, puede ser una buena ocasión para recordar que una vida activa no se construye a base de grandes gestos, sino de pequeños hábitos mantenidos en el tiempo. Y quizá la mejor forma de celebrarlo sea la más sencilla: ponerse unas zapatillas y salir a caminar.

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