Cáncer de próstata

Ana Anguas Gracia

11 de junio de 2025

El 11 de junio se celebra el Día Mundial del Cáncer de Próstata, una fecha dedicada a sensibilizar y concienciar a la población masculina sobre la importancia del diagnóstico precoz y del inicio del tratamiento más adecuado.

 

 

¿Qué es el cáncer de próstata?

 

El cáncer de próstata es un tumor maligno que se produce por el crecimiento descontrolado de las células de la próstata. Esta glándula del sistema reproductor masculino tiene un tamaño aproximado de 4 cm de largo por 4 cm de ancho y pesa entre 20 y 25 gramos en el varón adulto. Se sitúa justo debajo de la vejiga, por delante de la ampolla rectal, rodeando la uretra. Segrega un líquido alcalino que forma parte del semen, ayudando a neutralizar la acidez tanto de la uretra masculina como de la vagina femenina. Este líquido prostático nutre y protege a los espermatozoides durante la eyaculación, favoreciendo su movilidad y supervivencia en el tracto reproductivo femenino.

 

 

Las cifras del cáncer de próstata

 

El cáncer de próstata es el tercer tipo de tumor más frecuentemente diagnosticado en hombres en España, solo superado por el cáncer colorrectal y el de pulmón. Casi el 80 % de los casos se presentan en varones mayores de 60 años.

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2024 se registraron 32.188 nuevos casos en España. Las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) prevén superar los 32.200 diagnósticos en 2025. Es, además, la tercera causa de muerte por cáncer en varones, con 5.971 defunciones en 2023.

En muchos casos, este tipo de cáncer tiene un crecimiento lento, pudiendo pasar años sin que se presenten síntomas graves. Por ello, el diagnóstico precoz tiene un impacto directo y significativo en la supervivencia. Según datos de la SEOM y del National Cancer Institute (NCI), la supervivencia a los cinco años del diagnóstico supera el 99% en los tumores localizados in situ, mientras que, si el cáncer se diagnostica en fases avanzadas o metastásicas, esta tasa baja hasta un 30–35%.

Todo ello refuerza la importancia de que la población masculina mayor de 50 años, participe de las actividades preventivas, campañas de cribado y programas de seguimiento de pacientes con factores de riesgo promovidos por los sistemas sanitarios españoles. El objetivo es mejorar el pronóstico, la supervivencia y la calidad de vida.

 

 

Síntomas

 

Conforme avanza la enfermedad los síntomas se hacen más notables, pudiendo observarse: aumento en la frecuencia de las micciones, especialmente por la noche (polaquiuria con nicturia); retención urinaria; dolor o dificultad al orinar (disuria); dificultad para iniciar o finalizar la micción; flujo miccional débil o interrumpido; goteo postmiccional; presencia de sangre en la orina (hematuria); presencia de sangre en el semen (hematoespermia); eyaculación dolorosa; disfunción eréctil.

Cuando el cáncer se ha extendido fuera de la próstata (metástasis), los síntomas se agravan y pueden afectar a otros órganos, apareciendo: dolor óseo; pérdida de peso inexplicada; fatiga persistente; anemia; insuficiencia renal; síntomas neurológicos (dolor en extremidades, debilidad o pérdida de control muscular).

 

 

Diagnóstico y tratamiento del cáncer de próstata

 

Gracias a los cribados sistemáticos de la población de riesgo realizados desde los centros de atención primaria, la mayoría de los casos se diagnostican en fases iniciales, cuando los síntomas aún no están presentes.

 

Se realiza una evaluación física mediante tacto rectal y determinación del valor del antígeno prostático específico (PSA) en sangre, una proteína producida por las células prostáticas. Un nivel elevado de PSA puede indicar crecimiento de la glándula, aunque también puede aumentar por causas benignas como la hiperplasia benigna de próstata, infecciones, manipulaciones (sondaje vesical) o determinadas cirugías. Será el especialista en urología quien determine la necesidad de ampliar el estudio con otras pruebas.

 

Los principales factores de riesgo son la edad, la historia familiar y los factores genéticos. Hasta un 10% de los casos tienen un componente hereditario, lo que condiciona tanto la susceptibilidad como la agresividad de la enfermedad. Tener un familiar de primer grado afectado (padre o hermano) duplica el riesgo, y si hay más de dos familiares afectados, este riesgo puede multiplicarse entre 5 y 11 veces.

 

El tratamiento depende del estadio de la enfermedad, el riesgo de progresión y las características del paciente. Puede incluir:

Vigilancia activa: Se retrasa el tratamiento curativo mientras que el tumor no progrese, evitando efectos adversos innecesarios.

Cirugía: La prostatectomía radical es la opción de elección en casos localizados. Es la extirpación total de la glándula, pudiendo incluir tejidos adyacentes. Puede implicar la conservación de estructuras neurovasculares y del esfínter interno, lo que disminuye la aparición de los dos principales efectos adversos derivados de esta cirugía, la disfunción eréctil y la incontinencia urinaria.

Rehabilitación del suelo pélvico o terapias farmacológicas en caso de disfunciones postoperatorias.

Radioterapia, especialmente la braquiterapia.

Hormonoterapia para reducir los niveles de testosterona en sangre.

Quimioterapia, inmunoterapia o crioterapia.

 

 

Prevención y factores protectores

 

Adoptar hábitos de vida saludables puede ayudar a reducir el riesgo:

Dieta saludable: Rica en frutas, verduras, grasas saludables y fitoestrógenos (soja y legumbres) con bajo consumo de carnes rojas/procesadas, de sal y azúcares.

El licopeno (presente en el tomate y la sandía) y el café (con o sin cafeína) pueden tener un efecto protector

Ejercicio regular: Mejora el bienestar general, la función sexual y la salud mental, reduce la fatiga y facilita la recuperación postoperatoria. Según la OMS, puede disminuir hasta un 47 % el riesgo de cáncer de próstata. La incorporación de programas de ejercicio físico adaptados es una herramienta eficaz para mejorar la calidad de vida del paciente y su pareja en la esfera sexual.

Mantener un peso corporal saludable reduce el riesgo de desarrollar cáncer de próstata, así como otros tipos de cáncer.

Evitar el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias nocivas.

 

 

Calidad de vida de los pacientes con cáncer de próstata

 

Los tratamientos y síntomas pueden afectar significativamente el bienestar emocional, psicológico y social del paciente y su pareja en unas edades en las que tanto la actividad sexual como la función social y emocional son pilares fundamentales de las relaciones.

 

Los principales efectos adversos o secundarios derivados de la cirugía son: la disfunción eréctil, la incontinencia urinaria, así como los cambios en la imagen corporal y autoestima derivados de la cirugía.

 

Los principales efectos adversos o secundarios derivados de los cambios hormonales provocados por la hormonoterapia con la fatiga y los síntomas emocionales y psicológicos que pueden afectar a la relación de pareja y a la percepción del futuro.

 

El apoyo psicológico y emocional al paciente y su pareja puede incluir terapias para manejar el estrés y mejorar las relaciones personales, rehabilitación sexual y/o grupos de apoyo para compartir experiencias y estrategias de afrontamiento.

 

Estos recursos permiten reducir elimpacto físico y emocional durante el tratamiento, mejorar la recuperación funcional (sexual y urinaria) y generar una mayor tranquilidad emocional al afrontar el diagnóstico

 

 

Conclusión

 

La detección temprana del cáncer de próstata es fundamental para aumentar las tasas de supervivencia y preservar la calidad de vida. Debido al crecimiento lento y la falta de síntomas en etapas iniciales, la enfermedad suele diagnosticarse cuando ya está avanzada. Por ello, es esencial que los hombres mayores de 50 años con o sin más factores de riesgo mantengan un seguimiento médico constante. Fomentar la prevención y el control permite detectar el cáncer en fases localizadas, cuando los tratamientos son más efectivos y menos invasivos.