Los derechos de los niños

Los derechos de los niños

Eva Benito Ruiz

20 noviembre 2024

En 1959 Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño y actualmente se utiliza el 20 de noviembre para celebrar el Día Mundial del Niño ya que la Convención sobre los Derechos del Niño fue firmada en esta fecha (1989). En ella, no sólo se describieron los derechos básicos que tienen los niños y las niñas sino también las obligaciones de los Estados y entidades públicas, padres, madres y la sociedad en general para garantizar el respeto de estos derechos. Estados Unidos, Somalia y Sudán son los tres países que todavía, a día de hoy, se han negado a ratificarla.

Se utiliza esta fecha para además de celebrar, sensibilizar y concienciar a la población sobre la importancia de los niños y las niñas, colocándoles en el foco de atención y luchar contra la vulneración que sufren sus derechos en numerosas ocasiones.

Los derechos de los niños son un conjunto de normas que describen lo que necesitan los niños y las niñas para desarrollarse adecuadamente y para ser felices. Todos los niños, niñas y adolescentes deben disfrutar de los mismos, no importa quiénes sean o dónde vivan.

Y que sepan todos ustedes, que 30 años después, los derechos de los niños y niñas se siguen vulnerando en todo el mundo, también en España.

Es continuo el incumplimiento de los diez derechos básicos de la infancia, entre los que se encuentra el derecho a la educación, a la protección o a tener una alimentación adecuada. Esto nos obliga a recordar que seguimos detectando y denunciando cómo cada día millones de niños y niñas sufren pobreza, explotación, violencia o son asesinados. Actualmente en España, una de cada dos personas que sufre abuso sexual es menor de edad, más del 25% de los menores ha sufrido maltrato y 7 de cada 10 jóvenes ha sufrido violencia online durante su infancia. En lo que llevamos de año, al menos 22 menores han muerto por causas violentas en nuestro país. España es el tercer país de la Unión Europea con más pobreza infantil. Más de dos millones de niños y niñas viven en situación de exclusión social. Todos estos niños y niñas ven vulnerado su derecho a una alimentación, una vivienda y unos recursos básicos para poder desarrollarse de forma correcta.

A nivel global, Save the Children, en su página web registra que cada día 34.500 niñas son forzadas a casarse antes de cumplir los 18 años en países como Pakistán, Sierra Leona, Yemen o Bangladesh, y más de 3 millones de niñas corren el riesgo de sufrir mutilación genital femenina. Además, menciona que en todo el mundo hay 420 millones de niños y niñas viviendo en zonas de conflicto, la cifra más alta de los últimos 20 años. Además, en las guerras actuales mueren más niños y niñas que soldados. Por cada soldado muerto en combate, cinco menores son asesinados.

Es necesario exigir a los líderes mundiales que tomen medidas contra grupos armados, fuerzas militares y Estados que incumplen las leyes y tratados internacionales que les obligan a proteger a la infancia. 30 años después de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño son muchas las organizaciones que trabajan para que se apliquen sus principios y para que todos los niños y niñas disfruten de la mayor garantía para un presente alentador. La mejora de las condiciones de vida en la que crecen los niños, las niñas y los adolescentes es un reto que nos compromete a toda la ciudadanía.

Recordar también la situación a la que se enfrentan de criminalización, actitudes o creencias desfavorables los niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados. Estos han tenido que huir de situaciones de violencia, precariedad y pobreza en sus países de origen y en el nuestro, debemos garantizar el cumplimiento de sus derechos. Así como concienciar a la población e informar a nuestros representantes políticos y medios de comunicación de que no se criminalice a estos niños y niñas y se les siga castigando.

Por todo esto, los niños y las niñas de todo el mundo tienen derecho a:

1. Derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.
2. Derecho a una protección especial para que puedan crecer física, mental y socialmente sanos y libres.
3. Derecho a tener un nombre y una nacionalidad.
4. Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuadas.
5. Derecho a educación y atenciones especiales para los niños y niñas con discapacidad.
6. Derecho a comprensión y amor por parte de las familias y de la sociedad.
7. Derecho a una educación gratuita y derecho a divertirse y jugar.
8. Derecho a atención y ayuda preferentes en caso de peligro.
9. Derecho a ser protegido contra el abandono y trabajo infantil
10. Derecho a recibir una educación que fomente la solidaridad, la amistad y la justicia entre todo el mundo.

El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices (Oscar Wilde)

¿Malestar emocional o enfermedad mental?

¿Malestar emocional o enfermedad mental?

José Manuel Granada

24 Julio 2024

¿Y si no es tal la controversia?, si se plantea esta dicotomía se persiste en categorías excluyentes y no en un continuum, que la experiencia nos muestra, de síntomas y emociones que manifestamos las personas, en función de múltiples determinantes, tanto externos como internos, tanto de nuestra psique como de nuestra biología.

El crear y nombrar categorías obedece más al positivismo, al tratar la enfermedad mental como otras patologías orgánicas, que aparecen bien definidas y a las que corresponde un tratamiento, farmacológico las más de las veces, que no da pie a discusión alguna.

El gran esfuerzo investigador que ha hecho en las últimas décadas la industria farmacéutica ha sido monetizado extendiendo sus indicaciones más allá de la evidencia, con una inflación de tratamientos con psicofármacos de circunstancias asimiladas al malestar emocional y las que no se les busca otras estrategias terapéuticas.

También las administraciones sanitarias han invertido en salud mental, aunque más bien debería decirse en enfermedad mental, ya que el esfuerzo económico persiste en reforzar profesionales y recursos para ingresos y tratamientos, es decir, un discurso único de que faltan profesionales de la psiquiatría, de la psicología clínica, de la enfermería especialista en salud mental y, en menor medida, del trabajo social y de la terapia ocupacional, por este orden y sin nombrar otras categorías profesionales que tienen mucho que decir en diferentes abordajes de los malestares y enfermedades mentales.

Es decir, seguimos tozudamente optando por desarrollos que se han visto ineficaces, cuando no iatrogénicos, y son anecdóticas las experiencias que planifican pensando en la prevención, en la búsqueda del bienestar emocional a partir de trabajar sobre los determinantes sociales y políticas de reducción de la desigualdad.

La salud mental y el bienestar emocional, se juega mucho antes de que se precise un diagnóstico y un tratamiento, ahí es donde se deben hacer intervenciones importantes. Por supuesto que hay patologías graves, y que son mejoradas con tratamientos farmacológicos, pero estos no se benefician de una hiper utilización de los mismos, y por supuesto no excluyen otros abordajes ni a otros profesionales no prescriptores.

Mantenerse en políticas de consulta externa y camas de hospitalización es anacrónico e ineficaz, a la vez que quita el foco de la intervención preventiva, lo cual es muy grave, cuando la evidencia (esa a la que tanto hacen referencia los profesionales más biologicistas) nos dice de la importancia de la actividad física y el deporte, de las redes de apoyo, de políticas de integración social, entre otras estrategias, para conseguir una sociedad con mayor bienestar emocional y que acompañe y acoja mejor a personas con enfermedad mental.

Este cuestionamiento deja entrever que se deben realizar múltiples debates en este momento histórico, en el que tenemos la mayor inversión en salud mental, el mayor número de profesionales trabajando en recursos y, según parece, la peor salud mental en nuestra sociedad. Esta paradoja, nos debería lanzar de manera inexcusable hacia ese debate, pero curiosamente, apenas se habla de esto y se persiste en lo que no ha dado resultado.

Hay que debatir sobre el modelo asistencial, cómo se diseñan y dotan los recursos que tenemos, ¿son adecuados los lugares de ingreso en los hospitales generales?, ¿cómo es el paso por urgencias de personas en crisis?, ¿hay una atención comunitaria?, ¿cómo se conectan los diferentes ámbitos asistenciales?, ¿y cómo se conecta lo sanitario, con lo social, lo educativo, lo judicial, etc.?, ¿hay un trabajo en red?, ¿se interviene sobre desigualdades, sobre determinantes sociales?, ¿se facilita el ejercicio físico y el deporte?, ¿se promociona el mismo como respuesta a malestares emocionales?, ¿se promueven las redes de apoyo mutuo?, ¿se contempla la participación del usuario en sus procesos asistenciales?

Si en lugar de estas preguntas seguimos enredados en la falta de profesionales para intentar hacer más de lo mismo… perderemos oportunidades históricas de aprovechar la preocupación que hay por el asunto de la salud mental en la sociedad y en sus mandatarios.