La sociedad del niño hiperregalado

La sociedad del niño hiperregalado

Eva Benito Ruiz

19 diciembre 2024

Nos encontramos a escasos días de las Navidades, sin duda la época más especial para los niños: calles iluminadas y casas decoradas, momentos familiares festivos, villancicos, tiempo para jugar y también, regalos. A día de hoy, la gran mayoría de los niños ya habrán enviado su carta a Papá Noel y/o a los Reyes Magos de Oriente con los regalos que quieren recibir en casa de sus padres, de sus abuelos, de sus tíos… Estas personas generan una ilusión y expectativas en nuestros hijos, en ocasiones desmedidas. Es importante que las familias acompañen a los hijos en su emoción, pero también han de saber orientar a los niños como parte de la educación socioemocional.

La mayoría de las familias nos hacemos la misma pregunta por estas fechas: ¿son necesarios tantos regalos? ¿mi hijo se da cuenta y valora lo que recibe?

 Se ha comprobado científicamente que la educación basada en premios “si sacas buena nota, te compraré lo que quieras”, aumenta la probabilidad de crear niños materialistas, ya que con estas recompensas se refuerza que el/la niñ@ se fije en el resultado o en lo que obtiene más que en el proceso. Los niños en su día a día, obtienen de manera casi inmediata lo que desean y con la Navidad, este hecho aumenta considerablemente.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que recibir muchos regalos puede tener un “efecto disuasorio”. Esto significa que cuando los niños reciben tantos regalos a la vez, están atendiendo a demasiados estímulos a la vez, muchas veces más de los que pueden procesar, lo que conlleva un resultado contrario al que se quiere obtener. Disipar la atención en tantos regalos, puede producir un desinterés en muchos niños, no llegando a darle el valor que se merecen.

El “síndrome del niñ@ hiperregalado” o “sobrerregalado” no es una enfermedad ni aparece en los manuales de diagnósticos infantiles, sino que es una manera de definir a los niños que reciben exceso de regalos y, aunque se haga con buena intención, no hace más que perjudicar al niñ@ provocándoles: sobreestimulación, egoísmo, descenso de su imaginación, impaciencia, baja tolerancia a la frustración, niños caprichosos, materialismo y consumismo.

Es habitual y se considera normal que los niños pidan lo que deseen en estas fechas y que lo hagan sin límite. Esto es una consecuencia de la sociedad consumista en la que nos encontramos. Además, en algunas ocasiones, la falta de tiempo que los adultos dedican a los niños puede hacer que se intente contrarrestar esta carencia de tiempo con una mayor cantidad de regalos. Y es ahí donde los padres deberían reflexionar y encontrar la solución para poner el límite necesario. Es importante que fomenten la donación de juguetes que no usen, y aunque sea difícil determinar cuál es el mejor número de regalos que un niño debe recibir, hay que poner un límite. Se puede tener como referencia los regalos que más ilusión puedan hacer al niño y realmente lo que quiere o necesita, dando prioridad a la calidad del regalo.

Hasta que los niños cumplan dos años, un número adecuado pueden ser dos regalos ya que a esta edad se tiene poca capacidad de atención y recibir dos regalos puede ayudar a que se centren en ellos. A partir de esa edad, puedes utilizar para limitar los regalos la “ley de los 4 regalos”. Los regalos, se limitarían a 4 y puedes: introducir regalos en forma de experiencias, que entre lo que pidan haya algo educativo y sobre todo explicar la diferencia entre lo que quieren y necesitan.

También es importante pensar en qué buscáis al regalarles ese tipo de regalos. Fomentar la curiosidad del niño moldea el desarrollo de su personalidad y también es importante que les acompañemos sin coartales su creatividad, no sexualizar los juguetes. Hay regalos que ayudan a favorecer las relaciones sociales y las habilidades interpersonales. Juegos que impliquen jugar con amigos de forma cooperativa o en equipo pueden ayudar al desarrollo de habilidades sociales mientras que disfrutan jugando juntos. Algunos ejemplos serían juegos de mesa u objetos para realizar deporte en grupo. También es recomendable inculcar valores positivos. Muchos regalos favorecen valores positivos, como la solidaridad o la atención a los demás. Es importante detenerse a pensar en los valores que transmite el regalo, ya que en muchas ocasiones puede ser la agresividad y violencia. Y para finalizar, mencionar que es mejor evitar los regalos bélicos, ya que cuando a los niños se les regalan armas, se está incitando a ello.

Por todo esto, es recomendable que los padres escriban la carta de Papá Noel y/o los Reyes junto a sus hijos e invitarles a reflexionar sobre su conducta a lo largo del año y que pidan lo que consideren que se merecen. De esta forma, se utiliza esta carta para desarrollar el autoconcepto y la autocrítica así como para educarles en valores sociales, culturales y educativos dejando atrás pensamientos materialistas.

Hoy en día puede ser complicado no dejarse llevar por la idea de querer darles todo lo posible y que se sientan bien, pero establecer unos límites en estas fechas tan especiales puede ayudar a nuestros hijos a desarrollarse emocionalmente de forma adecuada, así como aprender principios y vivir una experiencia inolvidable en familia. Aprender que no pueden tener todo es importante para ellos. Y si reflexionáis sobre ello, los niños eligen a sus amigos por cómo se sienten con ellos, no por lo que tienen o lo que les regalan.

Finalmente es importante recordar que el mejor regalo puede ser el tiempo que pasamos con los niños y que estas fechas pueden permitir que haya más momentos para compartir experiencias y emociones. Acompañar a los niños en el proceso y crear, jugar y descubrir sensaciones con ellos puede enriquecer mucho la experiencia. Es un tiempo para disfrutar juntos de la ilusión y la magia. 

Calostro: el oro líquido que no siempre fue tan preciado

Calostro: el oro líquido que no siempre fue tan preciado

María García-Magán

16 diciembre 2024

El calostro —conocido popularmente como oro líquido por sus magníficas propiedades— es un fluido denso, de color amarillento, que la madre produce los siguientes tres o cuatro días tras el parto, antes de la llamada “subida de la leche”. A pesar de que su composición es diferente a la leche materna madura, la evidencia científica destaca sus incuestionables beneficios tanto para la salud del recién nacido como de la madre. Es por ello que organizaciones como la OMS y UNICEF recomiendan encarecidamente que la lactancia materna se inicie desde la primera hora de vida (incluyendo, por tanto, el calostro) y se continúe a demanda, al menos, durante los seis primeros meses del bebé.

Sorprendentemente, y a pesar de sus indiscutibles beneficios —especialmente, a nivel inmunitario—, el calostro no siempre ha sido tan apreciado. Incluso en la actualidad, en países como Pakistán o la India, sigue existiendo una evidente desinformación a nivel popular, por lo que muchas de las nuevas madres (hasta el 66,4% en las zonas rurales de Bihar, en la India) desechan este preciado líquido, debido a diversas creencias populares, supersticiones y dogmas religiosos. Curiosamente, esta práctica también se llevó a cabo en nuestro pasado, tal y como nos informan algunas de las fuentes históricas que han sido conservadas hasta nuestros días.

El tratado Ginecología, del médico griego Sorano, resulta la mejor fuente literaria para el estudio de la lactancia materna durante la Antigüedad. Sorano, que vivió a caballo entre los siglos I y II d.C. —durante el periodo de dominación romana del Mediterráneo oriental—, escribió su obra con el objetivo de recoger las funciones de las matronas e incluir toda una serie de recomendaciones para su ejercicio en la atención a las embarazadas, parturientas y puérperas. La importancia de este tratado es indiscutible, ya que constituyó el manual de referencia en relación con la Obstetricia y la Ginecología hasta la Edad Moderna (razón por la que, al contrario que otros muchos tratados médicos del pasado, se ha conservado hasta nuestros días).

En cualquier caso, a pesar de que podamos apreciar los beneficios para la salud de algunos de los consejos que Sorano expone en su obra —como, por ejemplo, la realización por parte de la matrona de un primitivo “test de Apgar” tras el nacimiento del niño (Sor.Gyn.2.10)—, lo cierto es que muchas otras de sus recomendaciones carecen de evidencia científica en la actualidad e incluso se puede intuir su potencial nocivo para la salud. Este es el caso de algunos de sus consejos en torno a la lactancia materna, pues el griego recomienda que a los recién nacidos se les deje en ayunas durante los dos primeros días (Sora.Gyn.2.17) y que se les evite administrar lo que el médico califica como “la primera porción de la leche materna” (Sor.Gyn.2.18) —es decir, el calostro. Tras este ayuno, el médico también aconseja que, durante los primeros veinte días de vida del recién nacido, se cuente con los servicios de una nodriza, argumentando que, durante este periodo de tiempo, la leche de la madre “es insalubre, por ser demasiado espesa, caseosa y, por tanto, difícil de digerir” (Sora.Gyn.2.18). En caso de que no se pudiera disponer de una nodriza, Sorano recomienda alimentar al recién nacido con miel o una mezcla de esta sustancia con leche de cabra.

Sea como fuere lo cierto es que, en la actualidad, los investigadores se preguntan hasta qué punto estuvieron arraigadas estas prácticas y en qué medida pudieron influir en la tasa de mortalidad infantil de las sociedades del pasado, ya de por sí muy elevada por muy diversos motivos. En cualquier caso, si bien ya no podemos intervenir en las decisiones de los sujetos del pasado que, como hemos visto, pudieron estar fundamentadas en los consejos de las autoridades médicas de su época, resulta imprescindible que actuemos en aquellas zonas de nuestro planeta en las que, en la actualidad —como ya hemos comentado— se siguen perpetuando patrones de conducta basados en la desinformación, que pueden acarrear funestas consecuencias en la salud de los individuos y sus comunidades.

La equidad en salud: Un derecho fundamental para todos

La equidad en salud: Un derecho fundamental para todos

Isabel Antón Solanas

12 diciembre 2024

El 12 de diciembre, Día Mundial de la Cobertura Sanitaria Universal, es una fecha para reflexionar sobre la importancia de garantizar el acceso equitativo a servicios de salud de calidad para todas las personas.

El derecho a la salud está consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos desde 1948. Sin embargo, este derecho no se reduce únicamente al acceso a la atención sanitaria, sino que abarca una serie de condiciones que permiten a las personas alcanzar el máximo bienestar posible. Factores como la alimentación, la vivienda, el empleo digno y la educación son componentes integrales del derecho a la salud.

Sin embargo, la realidad es que millones de personas en el mundo todavía enfrentan barreras significativas para tener salud. Estas barreras incluyen desigualdades económicas, discriminación por género, raza o identidad sexual, y exclusión de las personas con discapacidad o de quienes viven en áreas rurales o marginadas. El principio de equidad exige que trabajemos para derribar estas barreras, asegurando que los recursos y las oportunidades de salud sean distribuidos de manera justa y proporcional a las necesidades.

 

 

Explicando la equidad en salud

 

La equidad en salud, según el equipo de investigación del proyecto HEQED (Health Equity through Education), no es un fin en sí mismo sino un proceso continuo que requiere reflexión, acción y adaptación constante por parte del conjunto de la sociedad. Así, promover la equidad en salud implica identificar y abordar desigualdades de manera sistemática y permanente. Estas desigualdades pueden tener su origen en una variedad de factores, incluyendo factores sociales, económicos, ambientales o políticos.

Los valores que guían nuestras acciones y comportamientos son fundamentales para entender cómo podemos construir un sistema más justo e inclusivo. Sin embargo, si alcanzar la equidad fuera sencillo, lo habríamos logrado hace tiempo. Uno de los principales desafíos radica, precisamente, en los valores o principios que guían la toma de decisiones y orientan las acciones que, a largo plazo, deben beneficiar a las personas, las comunidades y la sociedad en su conjunto.

Conscientes de que una amplia gama de valores está vinculada a la equidad en salud, el enfoque de HEQED ha identificado ciertos sistemas de valores que son particularmente relevantes en el contexto actual. Estas perspectivas ayudan a analizar las desigualdades y proponer soluciones significativas. Su propósito no es ofrecer una descripción exhaustiva, sino invitar a la reflexión y al debate, proporcionando un marco útil para abordar los complejos retos que plantea la promoción de la equidad en salud en todos los sectores de la sociedad.

 

 

Derechos humanos

 

Los derechos humanos son el fundamento de cualquier discusión sobre equidad en salud. Todas las personas, sin importar su origen o circunstancias, tienen el derecho inherente a disfrutar del nivel más alto posible de salud física y mental. Esto incluye no solo el acceso a servicios de salud, sino también a condiciones básicas como seguridad alimentaria, vivienda digna o agua potable.

 

 

Justicia social

 

La justicia social subraya la necesidad de abordar las inequidades que nacen de los determinantes sociales de la salud. Factores como la pobreza, el desempleo, la educación deficiente y la falta de acceso a servicios básicos son causa fundamental de malestar y enfermedad. En palabras de Michel Marmot, estas condiciones sociales son “las causas de las causas” de los problemas de salud. La justicia social exige que trabajemos para abordarlas y crear entornos que permitan a todas las personas llevar una vida saludable.

 

 

Bienestar planetario

 

En los últimos años, el concepto de bienestar planetario ha ganado importancia en el campo de la salud pública. Este enfoque reconoce que la salud humana está intrínsecamente conectada con la salud de nuestro planeta. La degradación ambiental, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad no solo afectan los ecosistemas, sino que también tienen un impacto directo en la salud de las personas. Promover la equidad en salud requiere prácticas sostenibles que protejan tanto a los seres humanos como al medio ambiente.

 

 

Seguridad ontológica

 

La seguridad ontológica se refiere a la necesidad de estabilidad, confianza y continuidad en la vida de las personas. En el contexto de la salud, esto significa garantizar que las personas tengan acceso a servicios fiables y consistentes, y que puedan confiar en las instituciones que proveen estos servicios. La falta de seguridad, ya sea por conflictos, pobreza extrema o sistemas de salud fragmentados, afecta la capacidad de las personas para alcanzar su bienestar pleno.

 

 

Participación

 

La equidad en salud no puede imponerse; requiere la participación activa de la sociedad. Las personas deben ser incluidas en la toma de decisiones que afectan sus vidas, desde el diseño de políticas sanitarias hasta la implementación de programas de salud. Así, la participación es fundamental para garantizar que las soluciones sean inclusivas y respondan a las necesidades reales de las personas.

Aunque no está contemplado en el proyecto HEQED, el objetivo de la cobertura sanitaria universal bien podría sumarse al resto de los valores que deberían orientar las acciones enfocadas a promover la equidad en salud. Este concepto aboga por un acceso equitativo a servicios esenciales de salud que, sin embargo, debe ir acompañado de esfuerzos para abordar las causas subyacentes de la inequidad en salud.

 

 

Una llamada a la acción

 

Lograr una cobertura sanitaria universal y, a través de ella, promover la equidad en salud, requiere un compromiso colectivo. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, las instituciones educativas y la sociedad civil tienen roles complementarios en este esfuerzo.

En este Día Mundial de la Cobertura Sanitaria Universal, es importante reafirmar el compromiso con un mundo donde todas las personas, sin excepción, tengan la oportunidad de alcanzar su máximo potencial de salud y bienestar. La equidad en salud no es solo un ideal, sino una llamada a la acción motivada por la necesidad urgente para construir sociedades más justas, inclusivas y sostenibles.

Viaje a Catarroja: Perspectiva de un bombero voluntario

Viaje a Catarroja: Perspectiva de un bombero voluntario

Aitor Abadías Pelegrín

06 diciembre 2024

He viajado voluntariamente hasta Valencia a través de Bomberos y Ayuntamiento de Huesca. El servicio ha facilitado el transporte  y materiales necesarios, pero no se han eliminado los turnos de trabajo, por lo que hemos tenido que cambiarnos las guardias para poder ir. Como colectivo, desde que se conoció el desastre que había causado la DANA, nos organizamos para ir y se le transmitió a Jefatura, quienes empatizaron con nosotros pero no autorizaban el traslado a la zona porque necesitaban el permiso del Gobierno de Aragón. Finalmente, el 2 de noviembre dieron luz verde y fuimos un grupo de 8 bomberos profesionales del Ayuntamiento de Huesca. Nos dirigimos al puesto de mando avanzado (PMA), quienes nos indicaron que nuestro sector de trabajo era el sector III de Catarroja.

La primera noche trabajamos todo el tiempo. Habían pasado 4 días desde la catástrofe, que unidos a los testimonios de los habitantes y una previsión de más de 1000 desaparecidos, hicieron que nos mentalizáramos que encontraríamos muchos fallecidos. Estuvimos trabajando en los accesos al parking de la Plaza Mayor, los cuales estaban totalmente obstruidos por escombros, coches y lodo. Los testigos afirmaban que esas entradas habían hecho de aspirador, succionando todo lo que estaba flotando alrededor. Gracias a la ayuda de nuestro camión y la coordinación con un grupo de tractores de Aragón, al amanecer, todas esas vías estaban libres tanto para los vecinos como para empezar a achicar el agua.

Posteriormente, el PMA ordenó otras funciones, que consistieron principalmente en sacar agua de garajes y certificar que no había fallecidos, ya que en algunos edificios no estaban seguros si estaban todos los vecinos.

El problema fundamental fue el tiempo, puesto que algunos garajes constaban de dos plantas y eso implicaba una gran cantidad de agua. Las bombas de agua que tenemos se utilizan para eliminar el agua de inundaciones comunes pero no tienen la potencia necesaria para una situación de esta magnitud. A esto se añadía el inconveniente de hacia dónde se achicaba el agua: si se hacía a la calle, provocabas problemas a los vecinos que vivían en la parte baja; si se echaba a las alcantarillas, muchas estaban obstruidas, por lo que aumentabas ese atasco. Esto hizo que elimináramos el agua de tal manera que las alcantarillas pudieran soportarlo, sin saturar más de lo que ya estaba todo.

También dimos asistencia técnica, como la apertura de puertas de locales, las cuales el agua había forzado y aplastado con otros objetos; apertura de puertas de pisos; y ayuda a personas mayores y personas con movilidad reducida a salir de sus casas.

Personalmente, cuando llegamos a Catarroja, me sentí en un escenario de guerra. No había luz en las calles, estaba todo inundado, muchísimo barro, miraras donde miraras había destrucción: locales, calles, mobiliario urbano, miles de coches dañados. Se sentía la soledad y el silencio abrumador.

Durante el día comenzamos a ver a los habitantes salir a la calle, momento en el que nos relataban sus experiencias. Al principio intentas hacerte una coraza para que no te afecten, pero al final van calando. Una historia que me impactó fue cuando vi a una familia entera con sus botas de agua acercarse a puntos de recogida de alimentos, productos de limpieza o ropa. No tenían nada, los centros comerciales estaban destruidos, así que pedían productos como comida o lejía para poder limpiar. Otras personas nos contaban que habían perdido su negocio, algunos iniciados hacía un año, sus casas e incluso algún familiar. Todo esto te ayuda a analizar y valorar todo lo que tienes.

Siento que la vida me ha dado una lección de humildad y humanidad. He visto como personas que no tenían nada nos ofrecían bocadillos, café o lo que necesitáramos; nos hemos sentido muy arropados y muy bien cuidados. Rechazábamos esas ofertas puesto que teníamos claro que íbamos a trabajar, además que en ningún momento nos ha faltado ni comida, ni alojamiento. El Gobierno de Aragón nos facilitó pernoctar en un hotel, pero nos parecía poco operativo ya que estaba a más de una hora en coche. Como alternativa nos ofrecieron descansar en las aulas de un colegio, y como disponíamos de sacos y esterillas, nos encajaba más por ser más operativo y eficaz. Habíamos ido hasta allí para trabajar al máximo nivel durante 4 días, un desplazamiento tan largo nos restaba mucho tiempo.

En ese colegio se recogían alimentos y artículos de limpieza, así que cada vez que íbamos a descansar, que serían aproximadamente 3-4 horas al día, nos proporcionaban cena y productos de aseo ya que tampoco había duchas.

Sabíamos en qué condiciones íbamos a estar y lo aceptábamos. Ahí íbamos a sacar el trabajo adelante, siempre dando lo mejor de nosotros mismos, lo demás era secundario. Este alojamiento lo compartíamos con unos 100 bomberos, entre ellos el ERICAM de Madrid, un servicio especial de emergencias en grandes catástrofes.

Me llamó la atención que los baños y zonas comunes estaban limpios día tras día. Todo gracias a los voluntarios que acudían allí para que tuviéramos un mínimo de comodidad. Clasificaban también todo lo que recibían según las necesidades: utensilios de limpieza de las calles, productos de higiene para mayores y menores, caducidades de los alimentos recibidos, etc. Estaba todo muy organizado. Estas personas que actuaban altruistamente no van a salir en los medios de comunicación, pero su labor es enorme.

Volví con la sensación de que quedaba aún mucho trabajo por hacer. Por eso, en cuanto compensé las horas no trabajadas, sin descansar apenas entre guardias, me ofrecí voluntario para ir de nuevo.

La segunda vez noté mucho cambio. Había voluntarios con tractores y excavadoras, mucho personal del ejército, muchas empresas privadas dedicadas al desatasco del alcantarillado y mucho personal que trabaja en incendios forestales (INFOAR). Todos estos medios sirvieron de gran ayuda y la situación iba mejorando poco a poco y día a día.

Fue increíble la marea de gente, sobre todo personas jóvenes, que venía andando desde Valencia con cepillos, palas y botas de agua. Tenían una distancia de más de 1 hora y, aun así, se ponían a quitar barro. Estaban disponibles para cualquier tarea, preguntaban constantemente si necesitábamos ayuda. Es llamativo la actuación de estas personas altruistas en comparación con la administración, que ha fallado en coordinación de medios y  tiempo de respuesta.

Sigue siendo devastador, pero ya se puede circular por algunas calles y hay algún pequeño comercio abierto. Comienza a haber vida en las ciudades y esto anima. Por contra, cuando te alejas de las urbes, los descampados están llenos de escombros y coches, ya que los sacan de las calles y los desechan a las afueras para una mejor accesibilidad para su eliminación.

Mi sensación es que queda mucho por hacer. Gracias a la gente de a pie esta situación está remitiendo día a día, gracias al altruismo y a la humanidad de las personas que se han desplazado a la zona cero, están saliendo adelante. Es lo mejor que ha sacado esta catástrofe. Me quedo con eso.

Repensando la discapacidad en la universidad: Hacia una inclusión sin etiquetas estigmatizantes

Repensando la discapacidad en la universidad: Hacia una inclusión sin etiquetas estigmatizantes

Carlos Navas Ferrer

3 de diciembre de 2024

Con ocasión del Día Internacional y Europeo de las Personas con Discapacidad, que se celebra anualmente el 3 de diciembre, el Observatorio Contra la Desinformación en Salud (OCODES) desea contribuir con el siguiente artículo que analiza cómo el término discapacidad perpetúa el estigma y la exclusión social partiendo del modelo biomédico tradicional que pone su énfasis en el déficit y sugiere la adopción del concepto de diversidad funcional como alternativa inclusiva y emancipadora. Por otro lado, se exploran algunos datos relativos a la situación de las personas con diversidad funcional en las universidades españolas haciendo hincapié en el camino que todavía queda por recorrer para la plena inclusión de este colectivo.

De la discapacidad a la diversidad funcional

El término discapacidad carga con un historial de exclusión y marginalización. Tal y como se señala en el artículo ‘La discapacidad como falacia diagnóstica’, la raíz ‘dis’, inherente a su construcción, remite a lo deficiente o incapaz, estableciendo una relación dicotómica entre normalidad y anormalidad. Este modelo, basado en un enfoque biomédico, clasifica a las personas según un estándar rígido de funcionalidad y contribuye a una visión reduccionista que patologiza las diferencias. Así, la discapacidad no solo describe una condición física o cognitiva, sino que funciona como una etiqueta que condiciona la identidad y limita las oportunidades de quienes la portan. Desde este enfoque, el problema principal radica en cómo la sociedad estructura las barreras, tanto físicas como actitudinales, que agravan la exclusión. Este constructo social, reforzado históricamente por el capitalismo, define a las personas en función de su capacidad productiva, relegando a quienes no cumplen estos estándares a los márgenes de la sociedad​.

El concepto de diversidad funcional surge en 2005 en España como una propuesta del Foro de Vida Independiente (FVI). Este movimiento, inspirado en la Filosofía de Vida Independiente, rechaza las definiciones en negativo, como «discapacidad» o «minusvalía», y propone un enfoque centrado en las capacidades y derechos de las personas. Según un artículo publicado en 2010 por la Revista Internacional de Sociología, este modelo reivindica el respeto por la dignidad humana como parte de la diversidad inherente a nuestra sociedad, en la que las diferencias deben valorarse como una riqueza y no como un problema que requiere corrección.

La diversidad funcional abandona la patologización y promueve una visión que reconoce a las personas como sujetos activos, capaces de tomar decisiones y participar plenamente en la vida colectiva. Este enfoque está alineado con un paradigma emancipador, que pone en el centro los derechos humanos y la inclusión social.

A pesar de su potencial transformador, el término diversidad funcional enfrenta desafíos significativos. Esta noción no logra desvincularse completamente de las estructuras de poder que perpetúan la normalización y la exclusión. Por ejemplo, aunque el modelo intenta alejarse de la influencia biomédica, sigue dependiendo de sistemas sociales que imponen estándares de funcionalidad. Además, el concepto presenta el riesgo de invisibilizar las necesidades concretas y heterogéneas del colectivo. Cada persona con diversidad funcional vive una realidad única, influenciada por su contexto social, económico y cultural. Por ello, es fundamental evitar una homogenización que reduzca las experiencias individuales a una categoría abstracta que no contemplan la historia vital y su contexto sociocultural.

Diversidad en la Educación Superior en España

El ‘VI Estudio sobre la inclusión de Personas con Discapacidad en el Sistema Universitario Español (2021-2022)’ publicado por Universia destaca que en España el número de estudiantes con discapacidad en universidades aumentó de 8.230 a 22.156 entre los años 2008 y 2022. Esto supone el 1,6% del alumnado universitario total, con un 51,9% en modalidad presencial y un 48,1% a distancia. Las universidades públicas albergan al 86,3% de este alumnado. Las discapacidades físicas son las más comunes (34,1%), seguidas de la discapacidad intelectual (13,3%) y la sensorial (10,9%). Concretamente, en la Universidad de Zaragoza, según los últimos datos aportados por la Oficina Universitaria de Atención a la Universidad (OUAD), fueron 252 las personas con diversidad funcional matriculadas en el año 2022.

Según el informe de Universia, en España, las universidades han implementado importantes medidas para mejorar la inclusión de las personas con diversidad funcional. La mayoría (96,5%) cuenta con servicios de atención específicos, que ofrecen adaptaciones en el puesto de estudio, tutorización y seguimiento académico, y asesoramiento psicoeducativo. También se desarrollan programas de asistencia personal en el 56,4% de las universidades. En accesibilidad, el 86% de las universidades evalúa sus instalaciones físicas y digitales, y el 45,6% tiene planes específicos para garantizar el acceso universal. Además, el 61,4% ofrece becas y ayudas económicas específicas. En formación, el 22,8% de las universidades incluye temas de discapacidad en sus programas, mientras que el 85% desarrolla proyectos de investigación en este ámbito. Sin embargo, solo el 22,8% asegura la representación de personas con discapacidad en sus órganos de gobierno, un aspecto crucial para la inclusión.

Por último, más del 50% de los estudiantes utilizan los servicios de atención específicos y destacan su impacto positivo en la eliminación de barreras académicas y sociales. No obstante, aunque estas medidas han mejorado la percepción de inclusión, con un 82% de estudiantes sin experiencias de discriminación, aún persisten barreras, como la falta de accesibilidad y las dificultades para acceder a adaptaciones curriculares, Además, el 60,6% percibe dificultades para encontrar empleo en comparación con sus compañeros sin discapacidad.

En definitiva …

Transitar del término discapacidad al de diversidad funcional es un paso hacia la construcción de una sociedad más inclusiva y respetuosa con las diferencias. Sin embargo, este cambio semántico debe ir acompañado de transformaciones estructurales profundas que eliminen las barreras materiales y culturales que perpetúan la exclusión.

Las universidades, como instituciones fundamentales para el desarrollo social, deben apostar por este proceso y, aunque las medidas actuales han sido clave, el esfuerzo que los estudiantes deben realizar para superar barreras demuestra que la igualdad de oportunidades aún no se ha logrado plenamente. El horizonte es avanzar hacia universidades tan accesibles que los apoyos específicos sean innecesarios. En este sentido, desde OCODES, pensamos que la clave está en reconocer que todas las personas tienen derecho a ser valoradas por lo que son, más allá de etiquetas que limiten su potencial.

Cuando la comunidad se une: Una experiencia de ayuda en Albal

Cuando la comunidad se une: Una experiencia de ayuda en Albal

María Teresa Fernández Rodrigo

23 noviembre 2024

Cuando ocurre una tragedia, como la que vivimos recientemente en Valencia tras la DANA, es fácil sentirse abrumado. Sin embargo, en medio de ese desconcierto, surge también un impulso casi instintivo de ayudar. Así nos encontramos la semana pasada un grupo de personas, decididos a prestar apoyo. Todo comenzó como una iniciativa particular de Juan Camón Cala, un profesor de la Facultad de Economía, y un grupo de estudiantes. En cuestión de horas, la determinación de colaborar se extendió a otros centros y el convoy se organizó para partir al amanecer del sábado.

Éramos 53 personas, entre profesores, exalumnos, amigos, familiares y estudiantes de las facultades de Economía, Administración y Dirección de Empresas, Filosofía y Letras, Ingeniería, Arquitectura, Trabajo Social, Enfermería, Fisioterapia y Terapia Ocupacional, junto a los conductores voluntarios que nos llevaron hasta el corazón del desastre. Nuestros vehículos, aportados generosamente por Autocares Murillo, Grupo la Veloz S. Coop, Tiebel S. Coop, una furgoneta costeada por el Vicerrectorado de estudiantes de la Universidad de Zaragoza y un vehículo particular, transportaron a todos los voluntarios además del material recogido y donado por las facultades de Económicas y Ciencias de la Salud y por particulares anónimos.

Cada uno de nosotros vivió el momento de la partida de manera diferente. Nos preocupaba la devastación que encontraríamos, el estado físico y emocional de la gente afectada, nuestra propia seguridad y, sobre todo, si seríamos capaces de brindar una ayuda efectiva. Al llegar, el escenario era desolador, un paisaje dantesco que evocaba el sufrimiento y la pesadilla de aquellos que, al principio, nos parecían anónimos, pero que pronto se volvieron rostros y nombres.

Es común, en estas situaciones, sentirse frustrado por la magnitud de la desgracia y la limitada capacidad para ofrecer consuelo. Pero sabíamos que nuestro papel no era resolver todo, sino apoyar. Esto implicaba un equilibrio constante entre mantener la empatía y, al mismo tiempo, una actitud práctica y objetiva. En ocasiones, debíamos ser pragmáticos y fríos; en otras, estar abiertos y cercanos, dispuestos a escuchar a quienes habían perdido tanto.

Si algo aprendimos, es la importancia de una preparación cuidadosa antes de ofrecer ayuda. En nuestro caso, todos asumimos una parte de responsabilidad en la expedición bajo el liderazgo de Juan, que fue fundamental y realmente efectivo, y de dos estudiantes comprometidos: Damián, de Fisioterapia, y Pablo, de Enfermería, hacia quienes siento una profunda admiración. Contactar directamente con los concejales del pueblo de Albal fue fundamental, ya que permitió que nuestra labor tuviera una dirección y nos asignaran tareas concretas, lo que convirtió nuestro esfuerzo en un pequeño éxito.

Nuestro trabajo incluía limpiar y desinfectar una escuela primaria, retirar agua y lodo de un instituto de secundaria y ofrecer atención sanitaria básica para los voluntarios y personas con heridas provocadas por el trabajo de desescombro. Aunque el pueblo estaba solo a 20 km de Valencia capital, nos tomó tres horas llegar debido al caos vial. Gracias a la gestión y las autorizaciones del ayuntamiento de Albal, una vez allí, no tuvimos problemas para acceder. Nos recibieron el concejal y las responsables del colegio, Rosa y Raquel, quienes nos ayudaron a organizarnos en grupos: brigadas de limpieza, retirada de fango, distribución de materiales donados y atención en el puesto de primeros auxilios, que instalamos en el patio de la escuela y que fue anunciado a la población por WhatsApp.

Hay muchas anécdotas y vivencias que hicieron que esos dos días se sintieran como dos semanas, pero quiero resaltar lo más positivo que viví y recordaré siempre. Por un lado, la fortaleza de las personas de Albal, que no dejaban de agradecernos nuestra ayuda, asegurándonos que «los valencianos somos fuertes y vamos a salir adelante.» Por otro, la calidad humana y profesional de nuestra juventud. Los estudiantes mostraron una madurez y capacidad de organización sorprendentes. No solo llegaron con generosidad para ayudar, sino que demostraron una capacidad de trabajo, disciplina y humildad dignas de admiración.

Es evidente que no podemos generalizar ni frivolizar denominando a la juventud como “la generación de cristal” porque nos demuestran, en muchas ocasiones, lo que son capaces de hacer por los demás de forma voluntaria y generosa. 

Soy una profesora orgullosa de los jóvenes, compañeros, amigos y familiares que he tenido el honor de acompañar en esta experiencia y espero que poco a poco estas poblaciones afectadas puedan volver a retomar su vida y, sobre todo, mi más sentido pésame a todas las familias de los fallecidos.