Hablemos de menopausia: salud integral, visibilización y romper con el estigma

Hablemos de menopausia: salud integral, visibilización y romper con el estigma

Maria Esther Viñerta Serrano
18 de octubre de 2026
La menopausia es una etapa natural e inevitable en la vida de la mitad de la población mundial, pero durante décadas ha permanecido en las sombras, envuelta en tabúes, mitos y cierto estigma social. Hoy en día, la concienciación y el enfoque integral de la salud femenina están transformando la forma en que vivimos y abordamos esta transición.

 

 

El Día Mundial de la Menopausia: origen y objetivo

 

Cada 18 de octubre se celebra el Día Mundial de la Menopausia. Este día fue designado en 1999 por la Sociedad Internacional de la Menopausia (IMS) en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS). El objetivo principal de esta jornada es concientizar a la sociedad sobre la importancia de la salud de las mujeres en esta etapa, fomentar la prevención de enfermedades asociadas y romper los tabúes que impiden a muchas mujeres buscar ayuda médica y acompañamiento emocional.

 

 

¿Qué es la menopausia según la OMS?

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la menopausia se define formalmente como el cese permanente de la menstruación, determinado tras 12 meses consecutivos de amenorrea (ausencia de periodo) sin que exista otra causa patológica o fisiológica clara. Este momento marca el final de la etapa reproductiva de la mujer y se debe a la pérdida de la actividad folicular ovárica, lo que conlleva una disminución drástica en la producción de estrógenos y progesterona.

 

 

Estadísticas e impacto: síntomas y perimenopausia

 

La transición a la menopausia (o perimenopausia) no ocurre de la noche a la mañana; puede durar varios años. De acuerdo con datos de la OMS:

 

  • Prevalencia de síntomas: Más del 80% de las mujeres experimenta síntomas físicos o psicológicos durante la transición perimenopáusica y postmenopáusica.
  • Diversidad de manifestaciones: Los síntomas varían considerablemente de una mujer a otra en intensidad y duración. Entre los más comunes se encuentran:
  • Físicos: Sofocos, sudores nocturnos, insomnio, sequedad vaginal, dolor articular, cambios metabólicos y aumento de peso.
  • Emocionales y mentales: Labilidad emocional, neblina mental (brain fog), irritabilidad, ansiedad y depresión.

 

 

Morbilidad en la mujer durante la menopausia

 

El descenso en los niveles de estrógenos no solo produce síntomas a corto plazo, sino que incide directamente en la salud futura de la mujer. Durante la postmenopausia aumenta la susceptibilidad a diversas condiciones médicas:

 

  1. Salud ósea: Aumento exponencial del riesgo de osteoporosis y fracturas debido a la pérdida rápida de densidad mineral ósea.
  2. Salud cardiovascular: La pérdida de la protección estrogénica eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares, que constituyen una de las principales causas de morbimortalidad en mujeres mayores.
  3. Salud metabólica y genitourinaria: Mayor tendencia al síndrome metabólico, atrofia vulvovaginal e infecciones urinarias recurrentes.

 

 

La postura de la OMS: diagnóstico, tratamiento y concienciación

 

La OMS enfatiza que la menopausia debe entenderse no como una enfermedad, sino como una fase biológica que requiere un enfoque de salud pública adaptado:

 

  • Diagnóstico y tratamiento personalizado: La OMS aboga por que las intervenciones no sean estandarizadas. El uso de la Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) u otros tratamientos no hormonales debe valorarse individualmente según la historia clínica, los riesgos y las necesidades de cada mujer.
  • Mejoras necesarias: Es urgente integrar la atención a la menopausia en los servicios de atención primaria de salud mundial.
  • Concienciación pública: Promover campañas educativas que desmitifiquen la menopausia para que las mujeres identifiquen sus síntomas a tiempo y no los asuman como un «sufrimiento inevitable».

 

 

Normalización, bienestar mental y eliminación del estigma

 

Históricamente, la menopausia se ha asociado con el envejecimiento y la pérdida de valor social o reproductivo, lo que alimenta el malestar y el aislamiento. El impacto en la salud mental es notable. Los cambios hormonales, sumados a la falta de descanso por los sudores nocturnos y la presión social o laboral, desencadenan episodios de ansiedad y vulnerabilidad emocional. Normalizar la conversación sobre la menopausia en el hogar, el trabajo y los centros de salud es fundamental para validar lo que siente la mujer y ofrecerle entornos de apoyo sin juzgarla.

 

 

Hacia una salud integral en la menopausia

 

El abordaje moderno de la menopausia requiere una mirada holística que combine:

 

  • Estilo de vida saludable: Alimentación equilibrada (rica en calcio y vitamina D), ejercicio de fuerza y cardiovascular regular, y evitar el tabaco y el alcohol.
  • Salud emocional: Apoyo psicológico, técnicas de gestión del estrés y redes de acompañamiento.
  • Atención médica: Acudir a los programas de cribado de cáncer de colon, de mama, de cérvix, y realizar aquellos seguimientos médicos que sean necesarios, de manera individualizada.

 

 

Planes de atención a la mujer: estrategias clave

 

Un Plan de Atención a la Mujer en la Menopausia a nivel sanitario debe incluir estrategias estructuradas como:

 

  1. Unidades o consultas específicas o protocolos claros en atención primaria.
  2. Evaluación multidimensional: Valoración física, ginecológica, psicológica y social.
  3. Estrategias preventivas: Detección precoz de fragilidad ósea y riesgo cardiovascular.

 

 

¿Qué puedes hacer hoy?

 

Si estás pasando por la menopausia…

 

  • Infórmate y contrasta: Busca fuentes fidedignas y no pases por alto tus síntomas.
  • Habla sin tabúes: Comparte lo que sientes con tu entorno (pareja, familia, amistades, ámbito laboral).
  • Consulta a un profesional: Pide una valoración médica personalizada; existen alternativas terapéuticas seguras para mejorar tu calidad de vida.
  • Priorízate: Adopta hábitos que fortalezcan tu cuerpo y tu mente. Si eres profesional de la salud…
  • Visibiliza la etapa: Escucha activamente a las pacientes sin minimizar sus dolencias o atribuir todo al «estrés».
  • Mantén una formación continua: Actualízate sobre las últimas evidencias en terapias hormonales y no hormonales, así como en salud ósea y cardiovascular femenina.
  • Acompaña con empatía: Promueve un espacio seguro donde la mujer se sienta guiada, comprendida y empoderada para tomar decisiones sobre su propia salud.

 

 

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La muerte perinatal desde la perspectiva de unos padres en duelo

La muerte perinatal desde la perspectiva de unos padres en duelo

Alberto Lostao Ballestín y Pilar Bellido Bona

15 de octubre de 2026

El 15 de octubre se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal. Esta fecha está dedicada a visibilizar la pérdida de los bebés durante la gestación, el parto o sus primeros días de vida. Se trata de un dolor que históricamente la sociedad ha silenciado, ignorado o minimizado, de un tema tabú. Durante décadas, la respuesta cultural ante una pérdida de este tipo era olvidar rápidamente y actuar como si nada hubiera pasado. Este día busca romper ese silencio acumulado, permitiendo a las familias hablar con apertura sobre sus hijos y su dolor, libres de vergüenza o culpa.

 

La sociedad acostumbra a medir el sufrimiento según el tiempo convivido. Dado que un bebé que fallece antes de nacer o al poco de hacerlo no deja huellas físicas en este mundo, su pérdida a menudo carece de reconocimiento social. Esta conmemoración valida que el amor y la unión con un hijo/a no se miden por el tiempo vivido, sino por la profundidad con la que se le deseó.

 

Es, ante todo, un espacio de encuentro para recordar a quienes no pudieron quedarse. Asimismo, la fecha es un reclamo de protocolos clínicos humanizados en el entorno hospitalario: formación del personal para comunicar malas noticias con empatía, acompañamiento psicológico especializado y prácticas de despedida respetuosas, como la entrega de cajas de recuerdos, entre otras.

 

En el ámbito de la creación de estos recuerdos, Aragón cuenta con una gran iniciativa: la Asociación Estelar, lleva 11 años elaborando sus «Kits de Duelo». Esta entidad se dedica a arropar a las familias en duelo perinatal entregando estos kits en los hospitales, transformando las UCIs Infantiles con luz y color, e impulsando el legado de la leche materna.

 

Uno de cada cuatro embarazos no llega a término. Se trata de una realidad desgarradora que rompe el alma cuando te toca ser ese «uno» y ves quebrado tu proyecto de vida. En instantes tan complejos, el acompañamiento profesional cercano y empático resulta vital.

 

Desgraciadamente, en España aún no existe un protocolo común y cada centro u hospital actúa según su propio criterio. Tras una pérdida gestacional, perinatal o neonatal, abandonar el hospital e irse a casa con las manos vacías representa una de las situaciones más desgarradoras tras el impacto inicial.

 

En este contexto, la caja de recuerdos —confeccionada por personas voluntarias en el caso de la Asociación Estelar— es un objeto físico preparado minuciosamente que se entrega a las familias en el hospital. Constituye una herramienta emocional de gran valor en la atención humanizada, cuyo fin es conservar las únicas pruebas tangibles de la existencia de ese hijo/a cuando el tiempo compartido ha sido tan breve.

 

El «Kit de Duelo» de Estelar incluye elementos de alto valor simbólico y sensorial:

  • Huellas de manos y pies: impresas en tinta por el personal sanitario, permiten guardar el registro físico de su cuerpo.
  • Gorritos y sábana: prendas que llevó el bebé, las cuales conservan su olor y forma, sirviendo de refugio sensorial.
  • Tarjeta identificativa: donde se recoge su nombre, fecha de nacimiento y peso.

 

Esta caja cumple funciones terapéuticas fundamentales:

 

  1. Valida la existencia del hijo/a y la maternidad: demuestra de forma irrefutable que el bebé existió, tuvo nombre y fue amado, frente a comentarios que buscan restar importancia a la pérdida.
  2. Facilita el tránsito por el duelo: permite a los padres procesar la vivencia a su propio ritmo cuando se disipa el shock emocional inicial.
  3. Mitiga el temor al olvido: ofrece un ancla segura para preservar la memoria física del bebé con el paso del tiempo.
  4. Humaniza la despedida: transforma un momento traumático en un acto de despedida digno y amoroso, integrando al hijo/a en la historia familiar.

 

Por todo ello, la entrega de estas cajas no es un simple gesto compasivo u opcional, sino una intervención clínica indispensable para la salud mental. Al cruzar las puertas del hospital con los brazos vacíos, esa pequeña caja no elimina la ausencia, pero hace que el vacío pese un poco menos al certificar que ese hijo/a existió, fue amado y formará parte para siempre de la familia.

Crianza en brazos: de «lo vas a malcriar» a comprender para qué sirven los brazos

Crianza en brazos: de «lo vas a malcriar» a comprender para qué sirven los brazos

Susana Lafuente Pardos
7 de octubre de 2026

La Semana Internacional de la Crianza en Brazos suele asociarse al porteo, a los fulares, las mochilas ergonómicas o a llevar al bebé cerca del cuerpo. Pero en realidad habla de algo mucho más amplio: de una manera de entender la crianza basada en la proximidad, el contacto físico, la respuesta a las necesidades del bebé y el vínculo.

 

El porteo es una de sus herramientas, quizá la más visible, pero no la única. Crianza en brazos también es piel con piel, acunar, sostener, consolar, alimentar, acompañar el sueño, responder al llanto, jugar cerca del bebé o permitirle volver al cuerpo del adulto cuando necesita seguridad.   Y resulta curioso observar cuánto ha cambiado nuestra mirada en apenas unas décadas.   «No lo cojas tanto, que se acostumbra». «Déjalo llorar un poco». «Te está tomando la medida». «Como lo tengas siempre en brazos, luego no querrá estar solo». Son frases que han acompañado a generaciones enteras de madres y padres. Detrás de ellas había una preocupación concreta: que responder rápidamente al llanto o mantener demasiado contacto físico hiciera al bebé más dependiente, menos autónomo o, sencillamente, lo “malcriara”.

 

Hoy sabemos mucho más sobre el desarrollo temprano y sobre la inmadurez con la que un bebé llega al mundo. Un recién nacido no tiene todavía capacidad para regular por sí mismo muchas de las sensaciones que experimenta. Hambre, frío, cansancio, sobreestimulación o miedo pueden desbordarlo con facilidad. Necesita de un adulto no solo para alimentarse y protegerse, sino también para ayudarle a recuperar la calma. 

 

 

Y aquí aparece un concepto especialmente importante: la corregulación.

 

Antes de que un bebé pueda autorregularse necesita haber vivido, una y otra vez, experiencias de regulación compartida. La voz conocida, el calor, el olor, el contacto, el balanceo, la mirada o el ritmo respiratorio del adulto pueden ayudarle a reorganizarse cuando todavía no dispone de recursos suficientes para hacerlo solo.

 

La corregulación no consiste en evitar cualquier llanto ni en adelantarse a todas sus necesidades. Consiste en que el bebé vaya experimentando que, cuando algo le desborda, existe otro cuerpo disponible que puede acompañarlo. Con el tiempo, esa regulación inicialmente compartida irá dando paso progresivamente a mayores capacidades propias.

 

Por eso quizá hemos formulado mal durante mucho tiempo aquella famosa frase de que «se acostumbran a los brazos». El bebé no empieza a necesitar brazos porque lo cojamos. Llega al mundo necesitando proximidad.

 

Durante la gestación ha vivido contenido, rodeado, expuesto al movimiento constante del cuerpo materno, a sonidos, vibraciones y cambios posturales. El nacimiento supone una transición enorme. No resulta extraño que busque nuevamente calor, movimiento y contacto.   Esto no significa que haya que tener al bebé encima las veinticuatro horas ni que exista una única manera correcta de criar.

 

Tampoco que una madre tenga que sentirse culpable porque necesita descansar o porque su bebé pasa ratos tranquilo en la cuna, en el carrito o explorando el suelo.   La crianza en brazos no debería convertirse en una nueva exigencia. El vínculo se construye en miles de pequeños momentos cotidianos: al responder a un llanto, durante una toma, en una mirada, al cambiar un pañal, hablando al bebé, jugando con él, acariciándolo o sosteniéndolo cuando necesita consuelo.

 

Y proximidad y autonomía tampoco son conceptos opuestos. A medida que el bebé madura aparecen nuevas capacidades: controla mejor su cuerpo, se desplaza, manipula objetos, explora y empieza a separarse físicamente del adulto. Los brazos pueden ser refugio en un momento y, poco después, el lugar desde el que impulsarse nuevamente hacia fuera.

 

 

Esta nueva forma de entender el contacto empieza incluso a trascender el ámbito sanitario.

 

Las propias marcas comerciales relacionadas con el porteo y el cuidado infantil están incorporando cada vez más mensajes sobre vínculo, contacto, piel con piel, desarrollo o regulación. Durante años se vendieron productos destinados, en buena medida, a facilitar que el bebé pudiera permanecer separado del adulto. Hoy una parte del mercado está descubriendo precisamente el valor de mantenerlo cerca.   Pero hablar de crianza en brazos tiene todavía otra dimensión de la que quizá hablamos menos: la biomecánica.  

Porque cuidar en brazos implica siempre dos cuerpos. Está el cuerpo del bebé, con su desarrollo progresivo, su columna, sus caderas, su control cefálico y su necesidad de ir adquiriendo movimiento y autonomía. El porteo debe adaptarse a ese momento madurativo y mantener siempre una posición segura, especialmente respecto a la vía aérea.

 

 

Pero está también el cuerpo de quien cuida.

 

Durante los primeros meses levantamos al bebé de la cuna, lo sostenemos para alimentarlo, lo acunamos, caminamos con él, lo cambiamos de lado y repetimos muchos de estos gestos decenas de veces al día. Y con frecuencia ese cuerpo pertenece además a una mujer que acaba de atravesar un embarazo y un parto y que todavía está recuperándose.

 

Por eso, criar en brazos debería incluir aprender a cuidar el cuerpo que sostiene: acercar al bebé antes de levantarlo, alternar lados, modificar posiciones, utilizar apoyos durante las tomas, evitar mantener durante horas una misma postura y elegir un sistema de porteo bien adaptado tanto al bebé como al adulto. No necesitamos encontrar una postura perfecta. Necesitamos movimiento, adaptación y variabilidad.   Quizá ese sea uno de los grandes cambios de mirada de nuestra generación: hemos pasado de preocuparnos porque un bebé pudiera acostumbrarse demasiado a nuestros brazos a intentar comprender qué ocurre realmente cuando lo sostenemos.

 

Vínculo, comunicación, corregulación, contacto, movimiento, desarrollo y también biomecánica. Los brazos no son un mal hábito del que haya que enseñar al bebé a desprenderse. Tampoco una obligación que deba pesar sobre quien cuida. Durante un tiempo son, sencillamente, uno de los primeros lugares seguros desde los que empezar a conocer el mundo.

 

 

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¿Lo sabemos todo sobre anticoncepción?

¿Lo sabemos todo sobre anticoncepción?

Natalia Barrio Forné
26 de septiembre de 2026
La anticoncepción es uno de los temas en educación para la salud más solicitados por la población. Por su parte, Matronas, Médicos especialistas en Ginecología y Obstetricia, y Médicos de Atención Primaria se forman y actualizan constantemente en esta cuestión para ofertar una información clara, concisa y basada en la evidencia científica a las personas que lo precisen.

 

Estos conocimientos se imparten de diversas formas, entre las que destacan: la gran cantidad de campañas existentes sobre educación sexual; carteles y folletos informativos entregados en centros sanitarios; y mensajes transmitidos mediante las redes sociales.

 

Para entender mejor donde nos encontramos y poder valorar si esa información llega y se integra entre la práctica diaria de las personas, disponemos de datos que ayudar a definir esa perspectiva actual.

 

 

Los datos sobre educación sexual

 

La Sociedad Española de Contracepción (SEC) en la última encuesta realizada en 2024 afirma que el 88% de las mujeres en edad fértil ha mantenido relaciones sexuales en alguna ocasión, siendo la edad de inicio cada vez más temprana.

Se ha comprobado que la edad media de las mujeres de entre 45 a 49 años para la primera relación sexual fue de 19 años, en cambio en el grupo etario entre 15 y 19 años se encuentra en los 16,3 años. En los varones, la primera relación entre los adolescentes también se sitúa en los 16 años de media, llegando a observarse incluso que el 18% de los hombres habían mantenido su primera relación sexual completa a los 14 años.

 

En cuanto a las revisiones médicas, se vislumbra que el 62,3% nunca se ha realizado pruebas serológicas y el 53,3% ha acudido alguna vez a controles ginecológicos. Sin embargo, entre las consultas más frecuentes por Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) se objetivan gonorrea y micosis en hombres y Virus del Papiloma Humano (VPH) en mujeres.

 

 

Las cifras en relación con el uso de los métodos anticonceptivos

 

Se ha objetivado que el 67,7% de las mujeres ha acudido a alguno de los profesionales sanitarios cualificados para consultar sobre el método de anticoncepción más adecuado. Además, se ha visto que conforme aumenta la edad de las mujeres, se incrementa el número de personas que solicitan información sobre estos métodos.

El método más utilizado es el preservativo en el 36% de las mujeres en edad fértil, seguido de la píldora con el 18%.

 

En cambio, cuando se habla del uso, las cifras cambian. Esta descrito que el 19,7% de las mujeres y el 25% de los hombres afirman que no usa ninguno, presentando los porcentajes más altos en mayores de 30 años.

 

Cuando nos adentramos en la utilización de la anticoncepción de urgencia, se observa que el 39,7% de las mujeres en su etapa fértil ha recurrido en alguna ocasión a solicitarla, siendo el grupo de edad de entre 30 y 34 años quienes más la usan con un 49,4%. Por lo que el grupo poblacional que menos usa los métodos anticonceptivos es el mismo que utiliza la píldora postcoital con mayor frecuencia.

 

Otros datos reseñables son los altos porcentajes de ausencia de un método anticonceptivo entre las mujeres que no tienen pareja estable, justificándolo en que no mantienen relaciones sexuales en la actualidad, por lo que los métodos anticonceptivos solamente se entienden desde el punto de vista de la planificación familiar y no desde los beneficios que aporta fuera de este ámbito.

 

En relación a los hombres, los datos varían, observándose que el 75% aproximadamente no ha utilizado preservativo en su última relación sexual con penetración vaginal. Los motivos principalmente son el mantenimiento de relaciones sexuales con la misma persona y el uso de otros métodos.

 

 

Conclusión

 

Todos sabemos lo que es la anticoncepción y los métodos que disponemos, pero aun así existe una parte de la población que no los usa o los usa mal a pesar de no querer descendencia o de estar frente a parejas desconocidas, lo que implica desconocimiento acerca de su estado de salud y, por lo tanto, una alta posibilidad de contraer ITS.

 

Es por ello que la pregunta sigue siendo que es lo que se hace mal o no se hace desde la perspectiva del profesional de la salud para conseguir, no solo que esos conocimientos lleguen, sino que entren en la conciencia de todas las personas y se logre una planificación familiar de calidad.

 

 

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Día Mundial de la Fertilidad: cuando algunas historias no acaban en un nacimiento

Día Mundial de la Fertilidad: cuando algunas historias no acaban en un nacimiento

Carlos De Bonrostro Torralba
4 de junio de 2026
En reproducción asistida hablamos constantemente del éxito. Hablamos de tasas de embarazo, de embriones, de transferencias, de resultados, de avances tecnológicos y de oportunidades. En parte, es lógico que lo hagamos, porque detrás de cada tratamiento hay un deseo profundo: el de formar una familia, el de tener un hijo, el de ver cumplido un proyecto vital que muchas personas llevan imaginando desde hace muchos años.

 

Sin embargo, el Día Mundial de la Fertilidad también debería ser un día para hablar abiertamente de quienes recorren ese camino, pero no llegan al destino que esperaban. De quienes lo intentaron una vez, dos, tres o muchas más. De quienes recibieron llamadas incómodas, resultados inesperados, embriones que no evolucionaron, transferencias que no implantaron o embarazos que se detuvieron demasiado pronto.

 

Es importante entender que la infertilidad va mucho más allá de un diagnóstico médico, es también una experiencia emocional, íntima y muchas veces llevada en silencio. Y a la vez, supone un auténtico terremoto capaz de alterar la relación con el propio cuerpo, con la pareja, con el entorno e, incluso, con el futuro que siempre se había imaginado.

 

La infertilidad es un proceso vital difícil, que puede hacer que cada menstruación duela de una manera diferente, que cada embarazo ajeno despierte sentimientos contradictorios, que cada espera parezca interminable y que cada nuevo intento exija una fortaleza enorme, a veces invisible a los demás.

 

Como profesionales, nuestra responsabilidad es explorar todas las opciones, ofrecer la mejor evidencia disponible y acompañar con honestidad. Y es que la ciencia puede ayudar a conseguir un objetivo, pero, por desgracia, no puede garantizar el final que tanto se desea.

 

Afortunadamente, muchas personas que hoy están inmersas en un proceso de reproducción asistida podrán conseguirlo. Muchos tratamientos terminan en el nacimiento de un hijo, muchas historias difíciles acaban encontrando una salida y muchas esperas reciben, al fin, la noticia que tanto se anhelaba.

 

Pero también es fundamental reconocer que hay personas que, después de mucho esfuerzo físico, emocional, económico y vital, toman la difícil decisión de parar, y esa decisión no debería vivirse como un fracaso. Parar puede ser una forma de recuperarse, de proteger la salud mental, de aceptar un límite o de iniciar un nuevo camino.

 

En una sociedad que suele medir la reproducción asistida por el resultado final, necesitamos recordar que detrás de cada ciclo hay personas y no estadísticas. El éxito en medicina reproductiva no debería definirse solo por un test de embarazo positivo, sino también por haber acompañado en el proceso, por haber informado con claridad y por haber estado ahí, incluso cuando la medicina no tiene respuestas.

 

En este Día Mundial de la Fertilidad, quiero enviar un mensaje de ánimo a quienes están en pleno proceso, a quienes esperan una llamada que les de la alegría que esperan, a quienes han vivido pérdidas, a quienes sienten cansancio y a quienes todavía mantienen la esperanza.

 

Pero me parece también un excelente día para recordar también a quienes no lo consiguieron, a quienes no pudieron seguir o a quienes decidieron parar. No sois menos fuertes, no sois menos valientes, ni menos merecedores de reconocimiento.

 

Porque quizá el verdadero sentido del Día de la Fertilidad no sea celebrar únicamente los embarazos que llegaron o que están por venir, sino reconocer todos los caminos recorridos, todas las pérdidas que dejaron huella y todas las historias que no terminaron como se deseaba.

 

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No es solo oír menos: El impacto real de la pérdida auditiva en la vejez

No es solo oír menos: El impacto real de la pérdida auditiva en la vejez

Yolanda Gracia Rivas

22 de mayo de 2026

“¿El qué? Háblame más alto”. Con seguridad, ha escuchado esta expresión en reiteradas ocasiones. La respuesta habitual consiste en elevar el volumen de la voz o articular con mayor lentitud.

 

Existe una creencia generalizada de que este fenómeno es una consecuencia natural e inevitable del envejecimiento.

 

Pero, ¿y si no es tan inofensivo como parece?

 

La pérdida auditiva en personas mayores – también llamada presbiacusia – no es un simple “oigo menos”, sino que viene acompañada de afecciones en la esfera cognitiva y social.

 

Además, no se trata de un concepto minoritario: su prevalencia es elevada a nivel mundial; se estima que el 65% de los adultos mayores de 60 años la padecen.

 

¿Cómo afecta al cerebro?

 

En la última década, múltiples estudios han evidenciado una asociación entre la demencia y la presbiacusia. De hecho, la comisión de The Lancet concluyó que eliminar la pérdida auditiva en personas mayores podría reducir hasta en un 9% el riesgo de desarrollar el deterioro cognitivo.

 

Este fenómeno se debe a que la pérdida auditiva crónica disminuye la estimulación de las vías auditivas centrales. En consecuencia, el cerebro activa mecanismos compensatorios que incrementan la actividad en las redes neuronales vinculadas al control cognitivo.

 

En términos más sencillos: la disminución de estímulos sonoros obliga al cerebro a “trabajar más” para entender lo que oye, utilizando recursos cognitivos adicionales que, normalmente se dedicarían a la memoria y a la atención. A medio y largo plazo, este sobreesfuerzo puede comprometer el rendimiento cognitivo general.

 

El camino silencioso hacia el aislamiento

 

La audición es clave para la comunicación diaria y representa un factor esencial – frecuentemente infravalorado – para el bienestar social del individuo. A nivel conductual, las personas mayores con pérdida de audición tienden a evitar situaciones de alta exigencia comunicativa, tales como las llamadas telefónicas o la permanencia en ambientes con mucho ruido, debido a la frustración que les genera no poder seguir una conversación.

 

A largo plazo, esta conducta de evitación puede producir: disminución de la participación social, aumento de la sensación de soledad, reducción de interacciones sociales, frustración y ansiedad al no comprender bien y mayor riesgo de depresión.

 

¿Por qué no la atendemos como se merece?

 

A pesar del impacto clínico y social descrito, la presbiacusia constituye una de las condiciones menos tratadas en geriatría. La causa principal es la naturalización de la pérdida auditiva, interpretada erróneamente como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Esta percepción social provoca tanto las personas afectadas como sus familias desestimen los síntomas, retrasando la atención oportuna y el diagnóstico.

 

Asimismo, el estigma social hacia el uso de audífonos – relacionados culturalmente con el envejecimiento y la pérdida de autonomía- refuerza esta problemática. Como resultado, se produce un retraso en la búsqueda de ayuda y una tendencia hacia la negación del problema.

 

Cómo actuar de manera efectiva

 

En primer lugar, es necesario un cambio en la perspectiva sociocultural, abordando el problema bajo criterios objetivos. Los estudios apuntan tres soluciones clave para abordarlo correctamente.

 

Detección precoz. La revisión auditiva debería integrarse en los controles habituales de salud. Esta práctica requiere la identificación de señales de alerta que incluyen dificultad para el seguimiento de las conversaciones, la dependencia de la lectura de labios o la solicitud recurrente de repetición verbal.

 

Cuestionarios como el Inventario de Discapacidad Auditiva para Ancianos (HHIE-S) permiten detectar casos sospechosos y remitirles a pruebas de audiometría más específicas. 

 

Implante coclear o uso de audífonos. Los audífonos contemporáneos no solo amplifican el sonido, sino que mejoran su procesamiento. Un estudio de la Escuela Bloomberg evidenció que su uso se asocia con una prevalencia de demencia un 32 % menor en personas con pérdida auditiva moderada o grave. En estadios clínicos casos más avanzados, el implante coclear constituye la opción terapéutica de elección. Un estudio realizado en 2024 en Australia sugiere la posibilidad de retrasar la aparición de la demencia, prolongando la calidad de vida y promoviendo un envejecimiento saludable.

 

Adaptación del entorno. Existen modificaciones ambientales y conductuales sencillas que facilitan la interacción social. Estas medidas incluyen vocalizar sin gritar, reducir ruidos de fondo (como la televisión), hablar de frente a la persona o gesticular para una mejor comprensión.

 

Conclusión

 

La privación auditiva no se limita a la pérdida de sonidos, implica sino perder conversaciones, conexiones y, en última instancia, el deterioro de la calidad de vida.

 

Merece la pena replantearse el impacto de esta situación que puede iniciar con un “no te escucho, repítemelo” y acabar comprometiendo el estado emocional y cognitivo.  En consecuencia, el diagnóstico precoz y el abordaje terapéutico oportuno no es solo una cuestión de audición, sino de salud general y autonomía.