Fisicoculturismo: cuando un deporte puede convertirse en riesgo

Sofía Pérez Calahorra

30 de octubre de 2026

Tener un cuerpo musculoso suele asociarse con estar sano. Sin embargo, cuando el objetivo es aumentar al máximo la musculatura y reducir al mínimo la grasa corporal, el camino para conseguirlo puede implicar riesgos importantes para la salud. El consumo de suplementos, el uso de determinadas sustancias y las dietas extremas son algunas de las prácticas que preocupan cada vez más a los investigadores por los problemas de salud.

 

Hacer ejercicio de fuerza es una de las mejores maneras de cuidar nuestra salud. Ayuda a mantener los músculos, fortalece los huesos y contribuye a prevenir numerosas enfermedades. Pero una cosa es entrenar para estar en forma y otra muy distinta es practicar fisicoculturismo de competición.

 

El fisicoculturismo, también conocido como culturismo o bodybuilding, es una disciplina deportiva en la que el objetivo principal es conseguir un cuerpo con una musculatura muy desarrollada y con la menor cantidad posible de grasa. A diferencia de otros deportes, en el fisicoculturismo lo importante no es cuánto peso se consigue levantar, sino la apariencia física, el tamaño, la simetría y la definición de los músculos.

 

Suplementos: una práctica muy habitual entre fisicoculturistas españoles

 

El consumo de suplementos nutricionales está muy extendido en el mundo del fisicoculturismo. Las proteínas en polvo, la creatina, los aminoácidos como los BCCA y los preparados vitamínicos forman parte de la rutina de muchos de estos deportistas.

 

Pero ¿hasta qué punto es frecuente su consumo en España?

Un estudio realizado con 527 deportistas españoles de élite encontró que los fisicoculturistas eran quienes más suplementos utilizaban. De los 38 culturistas que participaron en la investigación, el 95% había consumido al menos un suplemento durante el año anterior.

 

Otra investigación española, realizada con 48 fisicoculturistas que participaban en competiciones, encontró que todos ellos utilizaban suplementos nutricionales. Los más habituales eran las proteínas de suero de leche (96%), los aminoácidos conocidos como BCAA (94%), la creatina (85%) y los complejos vitamínicos (83%). Sin embargo, el dato más preocupante de este estudio no estuvo relacionado con los suplementos convencionales, sino con las sustancias prohibidas consumidas. El 83,3% de los participantes reconoció haberlas utilizado o estar dispuesto a hacerlo, mientras que el 72,9% mencionó que las sustancias utilizadas eran esteroides anabolizantes.

 

Aunque se trata de un estudio pequeño y sus resultados no representan a todos los fisicoculturistas españoles, sí pone sobre la mesa una cuestión importante: la búsqueda de resultados físicos puede llevar a algunas personas a utilizar sustancias que entrañan riesgos para su salud.

 

Un trabajo más reciente, publicado en 2024, estudió a 56 fisicoculturistas naturales, es decir, deportistas que compiten en modalidades que prohíben el dopaje, de 18 países, más de la mitad procedentes de España. Los investigadores encontraron que la creatina y las proteínas de suero continuaban siendo los suplementos más utilizados y que internet era una de las vías habituales para adquirirlos.

 

¿Son peligrosos todos los suplementos?

 

La respuesta es no. Es importante diferenciar los suplementos nutricionales de las sustancias que se utilizan para modificar artificialmente el funcionamiento del organismo.

 

Por ejemplo, las proteínas en polvo pueden ayudar a cubrir las necesidades de proteínas cuando la alimentación habitual no es suficiente. La creatina monohidrato, por su parte, es uno de los suplementos deportivos más estudiados y puede mejorar el rendimiento en ejercicios de fuerza, cognición y rendimiento deportivo.

 

Esto no significa que cualquier suplemento sea necesario o que consumir grandes cantidades proporcione mejores resultados. Tampoco significa que todos los productos comercializados sean igual de seguros. Por lo cual, es importante determinar quién, cuánto y para qué se toman.

 

Uno de los problemas aparece cuando se utilizan numerosos productos al mismo tiempo, sin conocer bien sus ingredientes, las cantidades que contienen o sus posibles efectos.

Otro riesgo importante es confundir los suplementos nutricionales con sustancias como los esteroides anabolizantes, o derivados de la testosterona que se utilizan para aumentar la masa muscular. Estas sustancias no son suplementos alimenticios y pueden tener consecuencias importantes y peligrosas para la salud.

 

Un estudio publicado en 2023, realizado con fisicoculturistas de ambos sexos, encontró que aproximadamente el 48% de los hombres y el 38% de las mujeres participantes utilizaban sustancias para mejorar su rendimiento o modificar su físico. Entre ellas se encontraban derivados de la testosterona, hormona del crecimiento y otros productos con efectos hormonales.

 

Estas cifras no deben interpretarse como una estimación del consumo entre todos los fisicoculturistas, pero ponen de manifiesto que el uso de este tipo de sustancias es una realidad en determinados entornos competitivos.

 

El corazón, uno de los órganos que más preocupa

 

Durante mucho tiempo, los posibles efectos del fisicoculturismo sobre el corazón han despertado interés científico. Sin embargo, algunas de las investigaciones más recientes ofrecen datos especialmente preocupantes.

 

Un estudio publicado en 2025, por la revista científica European Heart Journal analizó a 20.286 fisicoculturistas masculinos que habían participado en competiciones internacionales entre 2005 y 2020. Se identificaron 121 fallecimientos, de los cuales 46 fueron muertes súbitas de origen cardiaco. Entre los deportistas que competían, se registraron unas 33 muertes súbitas cardiacas por cada 100.000 deportistas al año. Además, los fisicoculturistas profesionales presentaron un riesgo casi cinco veces mayor que los aficionados que participaban en competiciones.

 

En algunas de las autopsias realizadas se observaron corazones más grandes de lo habitual y un engrosamiento de sus paredes. Estas alteraciones pueden ser relevantes porque, dependiendo de su causa y características, pueden favorecer problemas graves del ritmo cardiaco, conocidos como arritmias.

 

¿Y qué ocurre con las mujeres fisicoculturistas?

 

Aunque durante años la investigación se ha centrado principalmente en los hombres, los estudios más recientes también han comenzado a analizar los riesgos entre las mujeres que practican fisicoculturismo.

 

Una investigación publicada en European Heart Journal estudió a 9.447 competidoras y encontró 32 fallecimientos, 10 de ellos relacionados con una muerte súbita cardiaca. En términos generales, se registraron aproximadamente diez muertes súbitas cardiacas por cada 100.000 deportistas al año.

 

Por lo que continuar investigando es necesario para entender como el uso de sustancias conlleva un riesgo, y que suplementos nutricionales son beneficiosos bien consumidos.

 

 

Las dietas extremas también pueden pasar factura

 

Los problemas de salud asociados al fisicoculturismo no dependen únicamente de los suplementos o de otras sustancias. Antes de una competición, muchos fisicoculturistas atraviesan una etapa conocida como definición, en la que intentan reducir al máximo la grasa corporal para conseguir que los músculos se vean más marcados. Para lograrlo, pueden mantener durante semanas o meses dietas muy bajas en calorías, combinadas con entrenamientos exigentes.

 

El problema aparece cuando el organismo recibe menos energía de la que necesita para funcionar correctamente.

 

Diferentes estudios analizados en conjunto han mostrado que, durante estas etapas de preparación, algunos deportistas experimentaban cambios hormonales, pérdida de fuerza, cansancio, alteraciones del metabolismo y problemas relacionados con el estado de ánimo.

 

En otras palabras, una persona puede mostrar un aspecto aparentemente muy musculoso y definido y, al mismo tiempo, estar atravesando un periodo de importantes cambios físicos y hormonales que no siempre resultan beneficiosos para su salud.

 

Más músculo no siempre significa más salud

 

El fisicoculturismo es una disciplina que exige esfuerzo, constancia y una enorme dedicación. Sin embargo, los estudios científicos nos recuerdan que no todo lo que mejora la apariencia física mejora necesariamente la salud.

 

Esto no significa que practicar fisicoculturismo provoque necesariamente enfermedades, ni que suplementos como las proteínas o la creatina sean responsables de los problemas detectados.

 

Lo que sí sabemos es que llevar el cuerpo a situaciones extremas, utilizar sustancias sin control médico o buscar resultados físicos cada vez más rápidos puede tener consecuencias que no siempre son visibles frente al espejo.

 

Por eso, es fundamental promover una práctica deportiva que priorice no solo la apariencia, sino también la salud a largo plazo es lo positivo. Porque, al final, tener más músculo no siempre significa estar más sano.