Día Mundial de la Fertilidad: cuando algunas historias no acaban en un nacimiento
Día Mundial de la Fertilidad: cuando algunas historias no acaban en un nacimiento
Sin embargo, el Día Mundial de la Fertilidad también debería ser un día para hablar abiertamente de quienes recorren ese camino, pero no llegan al destino que esperaban. De quienes lo intentaron una vez, dos, tres o muchas más. De quienes recibieron llamadas incómodas, resultados inesperados, embriones que no evolucionaron, transferencias que no implantaron o embarazos que se detuvieron demasiado pronto.
Es importante entender que la infertilidad va mucho más allá de un diagnóstico médico, es también una experiencia emocional, íntima y muchas veces llevada en silencio. Y a la vez, supone un auténtico terremoto capaz de alterar la relación con el propio cuerpo, con la pareja, con el entorno e, incluso, con el futuro que siempre se había imaginado.
La infertilidad es un proceso vital difícil, que puede hacer que cada menstruación duela de una manera diferente, que cada embarazo ajeno despierte sentimientos contradictorios, que cada espera parezca interminable y que cada nuevo intento exija una fortaleza enorme, a veces invisible a los demás.
Como profesionales, nuestra responsabilidad es explorar todas las opciones, ofrecer la mejor evidencia disponible y acompañar con honestidad. Y es que la ciencia puede ayudar a conseguir un objetivo, pero, por desgracia, no puede garantizar el final que tanto se desea.
Afortunadamente, muchas personas que hoy están inmersas en un proceso de reproducción asistida podrán conseguirlo. Muchos tratamientos terminan en el nacimiento de un hijo, muchas historias difíciles acaban encontrando una salida y muchas esperas reciben, al fin, la noticia que tanto se anhelaba.
Pero también es fundamental reconocer que hay personas que, después de mucho esfuerzo físico, emocional, económico y vital, toman la difícil decisión de parar, y esa decisión no debería vivirse como un fracaso. Parar puede ser una forma de recuperarse, de proteger la salud mental, de aceptar un límite o de iniciar un nuevo camino.
En una sociedad que suele medir la reproducción asistida por el resultado final, necesitamos recordar que detrás de cada ciclo hay personas y no estadísticas. El éxito en medicina reproductiva no debería definirse solo por un test de embarazo positivo, sino también por haber acompañado en el proceso, por haber informado con claridad y por haber estado ahí, incluso cuando la medicina no tiene respuestas.
En este Día Mundial de la Fertilidad, quiero enviar un mensaje de ánimo a quienes están en pleno proceso, a quienes esperan una llamada que les de la alegría que esperan, a quienes han vivido pérdidas, a quienes sienten cansancio y a quienes todavía mantienen la esperanza.
Pero me parece también un excelente día para recordar también a quienes no lo consiguieron, a quienes no pudieron seguir o a quienes decidieron parar. No sois menos fuertes, no sois menos valientes, ni menos merecedores de reconocimiento.
Porque quizá el verdadero sentido del Día de la Fertilidad no sea celebrar únicamente los embarazos que llegaron o que están por venir, sino reconocer todos los caminos recorridos, todas las pérdidas que dejaron huella y todas las historias que no terminaron como se deseaba.
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