Pasear para cuidarnos: mucho más que dar un paseo

Pasear para cuidarnos: mucho más que dar un paseo

Miriam Carmena del Viso

19 de junio de 2026

En una sociedad en la que casi todo parece tener que hacerse deprisa, caminar representa algo tan sencillo como revolucionario: recuperar un hábito cotidiano capaz de mejorar nuestra salud y, al mismo tiempo, reforzar nuestros vínculos con las personas y con el entorno en el que vivimos.

 

 

No es una afirmación exagerada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la inactividad física constituye uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial y aproximadamente uno de cada tres adultos no alcanza los niveles de actividad física recomendados. Entre los adolescentes, la situación es aún más preocupante: cerca del 80% no realiza suficiente actividad física.

 

 

Como enfermera de Atención Primaria, pocas recomendaciones hago con tanta frecuencia y con tanta convicción como esta: salir a caminar.

 

 

Y es que caminar es una de las formas más sencillas, accesibles y económicas de incorporar actividad física a nuestra vida diaria. Sus beneficios son ampliamente conocidos. Contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer. También mejora el bienestar emocional, disminuye los síntomas de ansiedad y depresión y favorece un mejor descanso.

 

 

Precisamente por esa combinación de beneficios físicos, emocionales y sociales, en los últimos años han proliferado las iniciativas de paseos saludables impulsadas desde centros de salud, asociaciones, ayuntamientos y otros agentes comunitarios. Lejos de ser únicamente una forma de hacer ejercicio, estos grupos se han convertido en espacios de encuentro, apoyo mutuo y participación comunitaria.

 

 

A veces buscamos intervenciones complejas para mejorar la salud de las personas, cuando algunas de las más eficaces son también las más sencillas. Los paseos saludables son un buen ejemplo de ello.

Pasear sí, pero no solo pasear

 

Sin embargo, conviene evitar una idea bastante extendida: pensar que caminar es suficiente.

 

 

Con frecuencia escuchamos frases como «yo ya hago ejercicio porque salgo a andar todos los días». Y, aunque caminar es una magnífica actividad, las recomendaciones actuales de la OMS recuerdan que la actividad física es mucho más que acumular pasos.

 

 

Además de la actividad aeróbica, se recomienda incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular y, especialmente en las personas mayores, actividades que ayuden a trabajar el equilibrio y la coordinación. Este aspecto es particularmente importante, ya que las caídas constituyen una de las principales causas de discapacidad y pérdida de independencia en edades avanzadas.

 

 

Mantener la fuerza muscular y el equilibrio resulta fundamental para seguir realizando actividades cotidianas tan importantes como levantarse de una silla, subir escaleras, cargar la compra o reaccionar a tiempo ante un tropiezo.

 

 

Caminar, por tanto, es una excelente puerta de entrada a una vida activa, pero no debería hacernos olvidar la importancia de otros componentes del ejercicio físico. Fuerza, equilibrio y flexibilidad también forman parte de nuestra salud y son esenciales para preservar la autonomía y la calidad de vida a medida que envejecemos.

 

 

Y este mensaje no es exclusivo de las personas mayores. Los más jóvenes tampoco deberían conformarse con caminar como única forma de actividad física. La salud ósea, la masa muscular y la capacidad para mantenernos activos y autónomos a lo largo de la vida también dependen de incorporar actividades variadas desde edades tempranas.

 

 

No se trata de elegir entre unas actividades y otras, sino de combinarlas.

 

 

Más allá de los beneficios físicos, los paseos saludables representan una respuesta sencilla a algunos de los grandes retos de salud de nuestro tiempo. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el sedentarismo y la creciente prevalencia de enfermedades crónicas, promover hábitos activos sigue siendo una de las intervenciones con mayor impacto sobre la salud y la calidad de vida.

 

 

Especialmente en el medio rural, donde los recursos no siempre son abundantes y las distancias pueden convertirse en una barrera, los paseos saludables representan una actividad accesible y fácilmente adaptable a las características de cada comunidad.

 

 

Quizá ahí resida una de sus mayores fortalezas. No requieren grandes infraestructuras ni recursos extraordinarios. Basta con un grupo de personas, ganas de caminar y la voluntad de convertir un gesto cotidiano en una oportunidad para cuidarnos.

 

 

Este 19 de junio, Día Mundial del Paseo, puede ser una buena ocasión para recordar que una vida activa no se construye a base de grandes gestos, sino de pequeños hábitos mantenidos en el tiempo. Y quizá la mejor forma de celebrarlo sea la más sencilla: ponerse unas zapatillas y salir a caminar.

Alzheimer sin mitos. Verdad, comunicación y cuidados reales

Alzheimer sin mitos. Verdad, comunicación y cuidados reales

Alba García González

16 de junio de 2026

Hace unos años, mi abuela fue diagnosticada con enfermedad de Alzheimer. Desde entonces, mi familia ha tenido que adaptarse a una nueva realidad marcada por la progresiva pérdida de memoria, los cambios de conducta y la dependencia que caracterizan a la enfermedad.

 

Durante el proceso de búsqueda de información para entender y manejar mejor la situación, me he dado cuenta de cuánta desinformación circula sobre esta enfermedad, especialmente en redes sociales.

 

En internet abundan mitos, curas falsas y consejos erróneos que pueden confundir a quienes buscamos apoyo e incluso poner en riesgo la salud de los pacientes.

 

Por eso he querido dedicar este artículo a desmontar mitos comunes sobre el Alzheimer y ofrecer herramientas prácticas para mejorar la comunicación con quienes lo padecen.

 

Para poner en contexto y evidenciar la relevancia de este problema, actualmente en España, se estima que más de 800.000 personas viven con Alzheimer, y cada año se diagnostican unos 40.000 nuevos casos, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Además, el 34% de los mayores de 85 años podrían estar afectados.

 

En el marco actual de envejecimiento poblacional, se prevé que el porcentaje de población de 65 años alcanzará su máximo en torno al año 2050. En este contexto, es urgente mejorar la información entorno al Alzheimer, tanto la que circula en internet como la formación de quienes trabajamos en el ámbito sanitario.

 

Cinco mitos sobre el Alzheimer y la verdad detrás de ellos

 

1. “El Alzheimer es una consecuencia del envejecimiento”. Aunque la edad es el principal factor de riesgo, el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa y no una forma normal del envejecimiento. Así lo aclara el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA).

 

2. “El Alzheimer es solo pérdida de memoria”. Esta enfermedad también afecta al lenguaje, la toma de decisiones, el comportamiento y la capacidad para realizar tareas cotidianas. Según el Alzheimer ‘s Association, la afectación de la memoria es solo uno de los muchos síntomas.

 

3. “Los suplementos de memoria pueden curar o prevenir el Alzheimer”. A pesar de su promoción en redes, no hay evidencia científica de que los suplementos como la vitamina E, el Ginko biloba o el aceite de coco prevengan o curen el Alzheimer, tal y como se muestra en “The American Journal of Clinical Nutrition”.

 

4. “Los medicamentos actuales curan el Alzheimer”. Actualmente no existe cura, pero algunos medicamentos como el Donepezilo o la memantina pueden ralentizar temporalmente los síntomas. Así lo concluye un informe de “Mayo Clinic”.

 

5. “Si nadie de mi familia tuvo Alzheimer, estoy a salvo”. Aunque existen formas hereditarias, la mayoría de los casos son esporádicos. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala que la genética es sólo uno de los muchos factores de riesgo, junto al estilo de vida o enfermedades cardiovasculares.

 

Diez claves para comunicarse con una persona con Alzheimer

 

1. Habla con frases cortas y claras, evita preguntas complejas o abiertas. En su lugar, es preferible formular preguntas que puedan responderse con un “sí” o “no”. Por ejemplo, en lugar de preguntar “¿Qué te gustaría cenar?”, se podría decir “¿Te apetece sopa para cenar?” Esta técnica, avalada por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), facilita la compresión y reduce la frustración.

 

2. Mantén contacto visual y usa un tono calmado: La expresión corporal y el tono de voz ayudan a transmitir tranquilidad, pueden ayudar a la persona a sentirse segura y comprendida. También lo recomienda la NIA.

 

3. Llama a la persona por su nombre, este simple gesto podría ayudar a captar su atención y hacerle sentir cómodo.

 

4. Evita corregirlos o discutir. Si la persona dice algo incorrecto, es mejor no corregirla directamente. En lugar de eso, tal y como aconsejan en el blog de la Fundación Pasqual Maragall, una opción alternativa sería validar sus pensamientos y redirigir la conversación de manera suave y paulatina.

 

5. Usa gestos y apoyo visual. Señalar objetos o usar imágenes pueden facilitar la compresión según indica la NIA.

 

6. Sé paciente y dale tiempo para responder. Permite que la persona tome su tiempo para procesar y responder. No los apresures ni completes sus frases.

 

7. Reduce distracciones. Hablar en un ambiente tranquilo sin ruido de fondo facilita la comunicación. Esta práctica está recomendada por la Fundación Pasqual Maragall.

 

8. Valida sus emociones. En lugar de decir “eso no pasó” responde con empatía como “entiendo que te sientas así”, como explican desde el NIA.

 

9. Usa el tacto si es apropiado. Un ligero contacto en el hombro puede transmitir seguridad y apoyo.

 

10. Adapta la comunicación a su estado. Algunas personas pueden entender mejor en la mañana que en la tarde, por lo que es útil ajustar el momento de la conversación. Involucra a la persona en actividades significativas y adaptadas a su nivel de habilidad, como mirar álbumes de fotos o escuchar música familiar. La NIA ofrece buenas ideas al respecto.

 

Conclusiones

 

Tanto en mi experiencia personal como durante mis prácticas clínicas en la planta de Geriatría, he tenido la oportunidad de convivir con pacientes con Alzheimer y observar cómo se gestionan sus necesidades. Aunque muchos profesionales muestran una gran sensibilidad y compromiso, he detectado también cierto desconocimiento sobre estrategias comunicativas específicas, así como la desinformación incluso dentro del entorno sanitario.

 

En este contexto, considero que se hace imprescindible una comunicación efectiva, no solo con los pacientes, sino también entre profesionales. Es por ello que una divulgación rigurosa, veraz y accesible en redes sociales, medios digitales y entornos clínicos puede marcar una gran diferencia.

 

Como futura enfermera, tengo el deber de combatir la desinformación y ofrecer un cuidado basado en la evidencia científica, el respeto y la empatía, del mismo modo que Ocodes tiene la misión de construir salud junto a la comunidad. Por ello, es vital proporcionar información confiable y accesible para fomentar decisiones informadas.

Viajar protegidos. La importancia de la vacunación en vacaciones

Viajar protegidos. La importancia de la vacunación en vacaciones

Cristina Piedrafita Rueda

14 de junio de 2026

Cada verano repetimos el mismo ritual: elegir destino, buscar alojamiento, hacer la maleta. En esa lista de preparativos, rara vez aparece una pregunta clave: ¿tengo mis vacunas al día? En un mundo donde moverse entre países es cada vez más sencillo, olvidar la prevención sanitaria puede tener más impacto del que imaginamos.

 

Viajar no solo implica descubrir nuevos lugares, sino también entrar en contacto con realidades epidemiológicas diferentes. Enfermedades poco frecuentes en nuestro entorno pueden ser habituales en otros destinos. Por ello, consultar con profesionales sanitarios antes de viajar es una medida esencial de prevención, que permite valorar las vacunas necesarias o recomendables en función del destino y las características del viaje. La Organización Mundial de la Salud recomienda planificar esta consulta con varias semanas de antelación para garantizar una protección adecuada.

 

Pero la vacunación del viajero es solo una parte del problema. Existe una idea extendida y errónea de que las vacunas son cosa de la infancia. Sin embargo, la protección frente a muchas enfermedades requiere refuerzos a lo largo de la vida adulta, además de nuevas vacunas en función de la edad o las condiciones de salud. El calendario vacunal a lo largo de la vida, disponible a través del Ministerio de Sanidad de España recoge estas recomendaciones, que siguen siendo, en muchos casos, grandes desconocidas.

 

En este contexto, las estrategias de captación activa —como cartas o avisos desde los centros de salud— adquieren un papel clave. Lejos de ser un simple trámite, responder a estas llamadas supone una oportunidad para actualizar la protección frente a enfermedades prevenibles. La evidencia muestra que estos recordatorios mejoran las tasas de vacunación y, con ello, la salud de la población.

 

La vacunación, además, no es solo una decisión individual. Vivimos en comunidad, compartimos espacios y riesgos. Aquí entra en juego la inmunidad colectiva: cuando una gran parte de la población está vacunada, la transmisión de enfermedades se reduce, protegiendo también a quienes no pueden vacunarse. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades insiste en la importancia de mantener altas coberturas para evitar brotes y la reaparición de enfermedades que creíamos controladas.

 

En los últimos años, algunos descensos en la vacunación han favorecido el resurgir de enfermedades como el sarampión, recordándonos que los logros en salud pública no son irreversibles. Mantenerlos exige compromiso, información y confianza en las herramientas disponibles.

 

Quizá ha llegado el momento de incorporar una nueva rutina a nuestros preparativos: además del billete y la maleta, revisar nuestro estado vacunal. Porque viajar protegidos no solo significa evitar problemas durante el trayecto, sino también contribuir a una comunidad más segura al regresar.

Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores

Edadismo. La discriminación silenciosa hacia nuestros mayores

Raúl Cuenca Sancho

8 de junio de 2026

¿Por qué hacerse mayor parece ser un inconveniente?

 

Actualmente, las sociedades contemporáneas experimentan un aumento en el envejecimiento demográfico. Paradójicamente, este avance convive con una idealización de la juventud y el rechazo al paso del tiempo. Este escenario da lugar, con frecuencia, a estereotipos y prejuicios hacia las personas mayores, percibiendo esta etapa como negativa. A este fenómeno se le llama edadismo o discriminación por edad.

 

Tal y como señala Butler (1969), edadismo se define como “Estereotipos sistemáticos y discriminatorios contra las personas por el siempre hecho de ser mayores y que se reflejan en conductas como el desdén, el desagrado, el insulto o simplemente evitando la cercanía o el contacto físico”.

 

El 45% de los mayores de 65 años afirman haber experimentado discriminación por este motivo, lo cual sitúa a la exclusión social como una de las consecuencias más importantes. Este hecho afecta a la salud física, mental y social en miles de personas de avanzada edad en todo el mundo.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) el edadismo constituye un problema a nivel mundial que provoca consecuencias críticas, como mortalidad prematura, el deterioro de la calidad de vida y desigualdades sistemáticas, visibles en el día a día.  Del mismo modo, este fenómeno afecta negativamente en las decisiones clínicas y políticas públicas, lo que vulnera el derecho de autonomía y margina a este colectivo por el único motivo de su edad.

 

Edadismo en el ámbito sanitario

 

Dentro del ámbito sanitario, el edadismo genera consecuencias graves debido a las disparidades en la aplicación de protocolos diagnósticos y terapéuticos a personas mayores. Estas variaciones están condicionadas, por un lado, al lugar de residencia de los usuarios (domicilio particular o institución) y, por otro lado, al grado de deterioro cognitivo de la persona.

 

Cabe resaltar que esta exclusión se justifica, en muchas ocasiones, siguiendo criterios basados en la edad, en lugar de considerar el estado de salud real del paciente.

 

Esta problemática se ve agravada por el factor humano: aun cuando hoy en día existe una formación específica en geriatría, persisten mitos arraigados entre muchos profesionales sanitarios. Destacan afirmaciones como: “los mayores siempre están tristes”, “con la edad es normal que pierdan memoria”, “son todos iguales”, “están solos” o “ya no tiene sentido rehabilitar alguien de 90 años”.

 

En contraposición a estas ideas, la realidad es diferente: la mayoría de las personas mayores se ajustan con éxito a los desafíos propios de su etapa vital. Son un grupo de población heterogéneo en el que una amplia mayoría vive de forma independiente y mantiene un contacto regular con su entorno familiar. Asimismo, aquellos que viven en comunidad presentan menor prevalencia de tristeza o depresión en comparación con otros grupos de edad.

 

El papel de la enfermería

 

Las enfermeras deben actuar como agente de cambio frente a las situaciones de edadismo, desde el primer contacto con el paciente hasta el final de su seguimiento. Cada profesional tiene la responsabilidad de brindar un trato digno, mostrando respeto, empatía y eliminando cualquier prejuicio ante las diferentes situaciones que pueda encontrarse.

 

Para ello, es clave fomentar la formación, incidiendo en el proceso de envejecimiento, promover la escucha activa y garantizar la participación de las personas mayores en sus propios planes de cuidados.

 

Es esencial visibilizar esta problemática, promover el debate público, denunciar las prácticas discriminatorias e incluir la perspectiva de la vejez en las políticas y campañas públicas. Estas acciones contribuirán a generar un cambio en la sociedad que impulse no sólo la longevidad, sino también el bienestar integral, la calidad de vida y la dignidad en el envejecimiento.

 

Como combatir el edadismo

 

El edadismo se puede combatir mediante las siguientes estrategias:

 

Políticas y legislación, con las que proteger los derechos humanos y abordar la discriminación y la desigualdad existente por razón de la edad.

 

Actividades educativas, para transmitir conocimientos y competencias que promuevan la empatía.

 

Intervenciones intergeneracionales que permiten conectar a personas de diferentes generaciones, con las que reducir o eliminar el edadismo.

 

Desmitificar estereotipos mediante historias positivas y reales, donde poder ver diferentes ejemplos de personas mayores activas, creativas y relevantes.

 

Conclusión: más años, mismos derechos

 

Envejecer no es una patología ni implica una pérdida de valor social del individuo. Por el contrario, representa una etapa vital que merece respeto, atención y reconocimiento. Combatir el edadismo es un paso necesario para construir una sociedad más justa y solidaria, donde los años vividos no sean un motivo de exclusión.

 

Para conseguirlo, es necesario diseñar estrategias de sensibilización e intervenciones socioeducativas -tales como seminarios, conferencias y talleres formativos- orientados a crear una nueva conciencia social, donde las personas mayores puedan vivir con dignidad, participar plenamente y seguir aportando desde su experiencia.

 

 

¿Es realmente mala la leche? Desmontando mitos más populares

¿Es realmente mala la leche? Desmontando mitos más populares

Sofía Pérez Calahorra

1 de junio de 2026

La leche de vaca es uno de los alimentos más consumidos en el mundo y, al mismo tiempo, uno de los más controvertidos.

En los últimos años, redes sociales, influencers y otros medios de comunicación han contribuido a difundir mensajes que cuestionan su papel en la alimentación humana. Se le atribuyen efectos inflamatorios, alergias o incluso que favorece la aparición de cáncer. Sin embargo, muchas de estas afirmaciones no están respaldadas por la evidencia científica disponible.

La realidad es que la leche no es un alimento imprescindible, pero tampoco es perjudicial para la mayoría de la población. Como ocurre con otros alimentos, sus beneficios y limitaciones deben analizarse bajo la investigación científica y no mediante las tendencias o creencias populares.

 

Un alimento con elevada densidad nutricional

 

La leche de vaca constituye una fuente importante de proteínas de alta calidad, calcio, fósforo, potasio, vitamina B12 y riboflavina. Sus proteínas contienen todos los aminoácidos esenciales y presentan una elevada digestibilidad, lo que las convierte en una fuente proteica de gran valor biológico.

Además, el calcio presente en la leche tiene una biodisponibilidad elevada, lo que favorece su absorción y utilización por parte del organismo. Diversos organismos internacionales consideran que la leche y los productos lácteos pueden contribuir significativamente a cubrir las necesidades de calcio de la población. Además, la evidencia científica también indica que el consumo habitual de leche y derivados lácteos puede contribuir al mantenimiento de la salud ósea y a reducir el riesgo de fracturas cuando forma parte de una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.

 

Mito 1: “La leche produce inflamación”

 

Uno de los mensajes más repetidos en redes sociales es que la leche provoca inflamación en el organismo. Sin embargo, las revisiones sistemáticas y metaanálisis realizados en los últimos años no apoyan esta afirmación.

Una revisión publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition concluyó que el consumo de leche y productos lácteos no aumenta los marcadores inflamatorios en individuos sanos y que, en algunos casos, incluso podría asociarse a efectos antiinflamatorios modestos.

La confusión suele surgir porque algunas personas presentan síntomas digestivos tras consumir leche debido a intolerancia a la lactosa o a otros trastornos gastrointestinales. Sin embargo, estos casos no permiten afirmar que la leche sea un alimento inflamatorio para la población general.

 

Mito 2: “Los adultos no deberían beber leche”

 

Otra creencia frecuente sostiene que la leche solo debe consumirse durante la infancia porque es un alimento diseñado para las crías de los mamíferos.

Desde una perspectiva biológica, es cierto que la leche es el primer alimento de los mamíferos. Sin embargo, la capacidad de digerir la lactosa en la edad adulta es una adaptación genética que ha evolucionado en numerosas poblaciones humanas durante miles de años.

Actualmente, millones de adultos consumen leche sin presentar efectos adversos. Las principales organizaciones internacionales de nutrición continúan considerando los lácteos como una opción nutricional válida dentro de una alimentación saludable. Por tanto, no existe evidencia científica que justifique la eliminación sistemática de la leche en adultos sanos.

 

Mito 3: “La leche aumenta el riesgo de cáncer”

 

La relación entre el consumo de leche y el cáncer ha sido objeto de investigación durante décadas. Los resultados muestran un panorama mucho más complejo de lo que habitualmente se transmite en redes sociales.

El informe del World Cancer Research Fund señala que existe evidencia consistente de que el consumo de lácteos se asocia con una reducción del riesgo de cáncer colorrectal. Se cree que este efecto protector podría estar relacionado con el calcio y otros compuestos bioactivos presentes en la leche.

Respecto al cáncer de próstata, algunos estudios han observado asociaciones entre consumos muy elevados de calcio y un ligero aumento del riesgo, aunque la evidencia no es concluyente y no permite establecer una relación causal directa. En consecuencia, la evidencia científica actual no justifica evitar el consumo de leche por miedo al cáncer.

 

Mito 4: “Las bebidas vegetales son siempre más saludables”

 

El creciente consumo de bebidas vegetales ha llevado a muchas personas a asumir que son nutricionalmente superiores a la leche. Sin embargo, esta afirmación tampoco es correcta.

La composición nutricional de las bebidas vegetales varía enormemente según la materia prima utilizada y el proceso de elaboración. La mayoría contienen menos proteínas que la leche, con la excepción de las bebidas de soja, cuyo perfil proteico es comparable.

Además, muchas bebidas vegetales incorporan azúcares añadidos y cantidades reducidas de calcio si no están enriquecidas. Por ello, sustituir la leche por una bebida vegetal no implica necesariamente una mejora nutricional. La elección debe basarse en las necesidades individuales, preferencias personales y características nutricionales concretas de cada producto.

 

¿Cuándo está demostrado que no debe consumirse leche?

 

Aunque la leche puede formar parte de una alimentación saludable, existen situaciones clínicas en las que su consumo está contraindicado o debe adaptarse.

Alergia a las proteínas de la leche de vaca, es una reacción inmunológica frente a proteínas como la caseína o las proteínas del suero. Se presenta principalmente durante la infancia y puede provocar síntomas cutáneos, digestivos o respiratorios, e incluso anafilaxia en casos graves. En estas situaciones, la eliminación completa de la leche y sus derivados constituye el tratamiento de elección.

Intolerancia a la lactosa, se produce por una disminución de la actividad de la enzima lactasa, responsable de digerir el azúcar natural de la leche.

Los síntomas incluyen dolor abdominal, distensión, gases y diarrea. Sin embargo, la mayoría de las personas con intolerancia pueden tolerar pequeñas cantidades de lactosa repartidas durante el día o consumir productos como yogures y quesos curados, que contienen cantidades reducidas.

También existen versiones sin lactosa que mantienen prácticamente el mismo valor nutricional que la leche convencional, sin generar dichos síntomas.

Galactosemia: es una enfermedad genética poco frecuente que impide metabolizar adecuadamente la galactosa. En estos pacientes está contraindicado el consumo de leche y productos lácteos desde el nacimiento.

 

¿Cuáles son las mejores alternativas?

 

Cuando la leche no puede consumirse por razones médicas, éticas o personales, es fundamental asegurar el aporte de nutrientes clave.

Entre las muchas opciones, la bebida de soja enriquecida con calcio y vitamina D es considerada por diversas organizaciones científicas como la alternativa vegetal más parecida a la leche desde el punto de vista nutricional.

También existen otras versiones vegetales como podría ser la bebida de almendras, avena, arroz, etc., todas ellas sin azúcares añadidos y fortificadas en alguno de sus minerales y vitaminas como calcio o vitamina D, pero con menor aporte proteico.

 

En definitiva, la leche de vaca no es un alimento indispensable para vivir, pero tampoco merece muchas de las críticas que recibe actualmente. La evidencia científica muestra que puede formar parte de una alimentación saludable y equilibrada para la mayoría de las personas.

Los supuestos efectos inflamatorios o la necesidad de eliminarla en todos los adultos no están respaldados por la investigación científica. Por el contrario, la leche aporta nutrientes de alta calidad y puede contribuir a cubrir necesidades nutricionales importantes.

Como ocurre con cualquier alimento, las recomendaciones deben individualizarse. Existen situaciones en las que su consumo está contraindicado, como la alergia a las proteínas de la leche o la galactosemia, y otras en las que es necesario adaptarlo, como la intolerancia a la lactosa. Fuera de estos casos, la decisión de consumir o no leche puede responder a preferencias personales, culturales o éticas, pero no a una supuesta evidencia científica que demuestre que sea perjudicial para la población general.

La tecnología y la tercera edad: ¿Una herramienta o una barrera?

La tecnología y la tercera edad: ¿Una herramienta o una barrera?

Jorge Gracia Bernal y Juan José Aguilón Leiva

31 de mayo de 2026

Vivimos en una sociedad que envejece rápidamente y se digitaliza aún más deprisa. En España, más del 20 % de la población tiene 65 años o más, y se espera que esta cifra aumente hasta alcanzar el 30 % en 2050, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

 

La tecnología digital está cambiando muy rápido. Hoy en día, la gestión de citas administrativas, el uso de aplicaciones para la salud, e incluso la declaración de la renta se hace de manera telemática. Ante este escenario nos planteamos la siguiente pregunta ¿Qué pasa cuando las personas que más necesitan estos servicios no saben o no pueden usarlos?

 

Este artículo explora los retos y oportunidades que la tecnología plantea, con una pregunta de fondo: ¿es la tecnología una herramienta para el bienestar de las personas mayores o una barrera más que profundiza en la desigualdad?

 

La brecha digital generacional: una desigualdad silenciosa

 

El término brecha digital generacional se refiere a la diferencia en el acceso, uso y comprensión de las tecnologías digitales entre distintas generaciones.

 

Las personas mayores suelen tener un menor contacto con dispositivos electrónicos, menos experiencia con internet y más dificultades para adaptarse a herramientas digitales que han sido diseñadas, casi siempre, para usuarios jóvenes y familiarizados con el entorno digital. En el artículo Factores que limitan el uso de las TIC en adultos mayores se concluye con que la poca experiencia o menor contacto con los dispositivos electrónicos viene determinada por factores físicos tales como problemas de audición y visión, por factores sociodemográficos que rodean a estas personas y por el bajo nivel educativo en relación a las TIC (Tecnología de la Información y Comunicación).

 

Esta brecha trasciende el ámbito tecnológico para convertirse en un problema social y emocional, ya que limita la participación de este colectivo en un entorno cada vez más conectado y automatizado. La carencia en competencias digitales, el miedo a equivocarse y la percepción de ineficacia ante la tecnología perpetúan un círculo de exclusión.

 

Sistemas sanitarios más digitales: ¿accesibles para todos?

 

La digitalización progresiva de los servicios de salud ofrece una serie de beneficios. Entre estas ventajas destacan el acceso más rápido a la información clínica y a la gestión de citas médicas.  De la misma manera, la telemedicina y la monitorización remota de pacientes reduce la necesidad de desplazamientos al hospital. Para muchas personas, estos cambios suponen una mejora sustancial para cuidar su salud.

 

Pero, para los adultos mayores, esta evolución tecnológica puede constituir un problema nuevo que les impide acceder a los servicios sanitarios.

 

Así manifiesta un estudio del Hospital Clínic de Barcelona. El cual subraya, cómo, la falta de habilidades digitales en las personas mayores se convierte en una barrera real para acceder a los servicios de atención primaria online.

 

No es suficiente con tener acceso a la tecnología si no se acompaña de competencias digitales. Es muy importante que los usuarios puedan entender la información que aparece en internet, saber cómo utilizar las herramientas digitales en la gestión de citas o consultas analíticas y evaluar críticamente la fiabilidad de las fuentes consultadas. La ausencia de habilidades deja a muchas personas de edad en una situación de desventaja, dependiendo de la ayuda de terceros o renunciando a los beneficios de la salud digital.

 

Por todo ello, se han puesto en marcha programas de formación y de alfabetización digital, como son los programas de “Reconectados” de Fundación Telefónica, “CapacitaTIC+55” y Programa de la Fundación “la Caixa”. El objetivo de estos programas es reducir la brecha digital generacional y promover la inclusión digital de este colectivo.

 

Además, es fundamental que los profesionales sanitarios sean conscientes de estas barreras y ofrezcan alternativas analógicas cuando sea necesario, como la posibilidad de solicitar citas por teléfono o recibir información impresa. La telemedicina también debe considerar formatos accesibles, como videollamadas sencillas o incluso consultas telefónicas para aquellas personas con menos habilidades digitales.

 

¿Y si el problema no es la edad, sino el diseño?

 

Otro de los factores que limitan la adopción tecnológica y digital a las personas mayores es la complejidad de las interfaces de webs y de los programas y aplicaciones. En este escenario, los principios del diseño universal permitirían la accesibilidad y la usabilidad de las plataformas, mejorando la interacción de las personas, con independencia de su edad y sus capacidades.  

 

El diseño universal, también conocido como diseño para todos, es un enfoque que busca crear productos y entornos que puedan ser utilizados por la mayor cantidad posible de personas, independientemente de su edad, tamaño, habilidades o discapacidades.

 

Tres principios fundamentales que guían este enfoque:

 

Uso simple e intuitivo: El diseño tiene que ser fácil de entender para cualquiera, sin importar los conocimientos que posea sobre el tema, el idioma o el grado de atención. 

 

Información perceptible: el diseño debe comunicar de forma eficaz la información necesaria al usuario, independientemente de las condiciones ambientales o las capacidades sensoriales del usuario.

 

Tolerancia al error: el diseño debe minimizar los riesgos. Las aplicaciones deben incorporar sistemas que reduzcan la probabilidad de fallos graves ante comandos accidentales, garantizando una navegación segura y una reversibilidad inmediata. 

 

Por otro lado, existen ejemplos de buen diseño que demuestran cómo la tecnología puede ser accesible y usable para todos:

 

Aplicaciones con opciones para aumentar el tamaño de la fuente y el contraste de color, facilitan la lectura para personas con problemas de visión. Interfaces con botones grandes y claramente etiquetados, simplifican la interacción táctil y reducen la posibilidad de errores. Sistemas de navegación sencillos y consistentes, permiten a los usuarios orientarse fácilmente dentro de una aplicación o sitio web.

 

En resumen, aunque generalmente las personas jóvenes y los adultos mayores tienen competencias digitales diferentes, si se utilizan diseños integradores e inclusivos, se pueden evitar muchas barreras tecnológicas que ahora tienen las personas mayores. Si programadores y diseñadores gráficos priorizan conceptos como la claridad, la simplicidad y la legibilidad, es posible crear soluciones accesibles, agradables y útiles para todos, sin importar la edad o las habilidades digitales.